Lucifer continuaba pensando en las osadías de Sael. Ese ser que no supo de dónde se formó, pero que poco necesitaba para darse cuenta de lo que anhelaba. Lo tendría difícil, imposible, porque Luci sabía que nadie más podría reinar en el Pandemónium, absolutamente nadie, ni con toda la fuerza del mundo.
Para ser el rey del infierno, no bastaba con esa estupidez, se necesitaba conocimiento y Lucifer tenía de sobra. Él lo había creado a su antojo, con todos los pasajes y círculos que deseó, con demonios para cada sitio. ¿Qué podría hacer Sael? Todo se iría al carajo, entonces, ese pensamiento rondó demasiado en él. No podía dejarlo en el mundo humano, así que tomó una decisión.
—Mazikeen, iremos al mundo humano. Debemos prepararnos.
Su mano derecha se notó confundida, desconcertada, aunque también curiosa. Nunca había ido a ese mundo, no le apetecía encontrarse con la raza humana porque eran una tremenda porquería, culpando a su señor cuando el instinto salvaje les llevaba a cometer alguna atrocidad. Mazikeen conocía bien a Lucifer, él jamás había dictado en alguien que cometiera alguna aberración.
—Señor, ¿irá tras Sael?
–Efectivamente. Ese niño tiene que detenerse, pero ¿qué hace ahí? ¿Se ve humano acaso?
—Relataré la información que tengo para usted.
Lucifer escuchó a Maz con atención, curiosidad, buscando entender. Gracias a un ojo de agua pudo conocer a lo que se refería, conociendo su aspecto y a lo que se dedicaba. Él sonrió de oreja a oreja, socarrón.
—¿Un músico? Vaya, eso es interesante.
—Así es, mi señor. Sael incluso se presenta frente a una multitud y se alimenta de esa energía. He incluso escuchado que su presencia llamó la atención de una deidad. Como si hubiese sido un pacto. Hubo truenos, relámpagos, indicios de lluvia y ante ello, Sael tomó mucha energía de los humanos presentes.
Lucifer rozó sus dientes con la lengua, tocando uno de los pequeños que poseía. Pensó un poco e hizo que Maz le enseñara más de la música, los intérpretes, la forma de presentarse, eso que llamaban conciertos, lugares, un sinfín de información. Tras una exhausta charla, Luci tomó asiento. Estaba cargado de emociones, todas en exceso positivas, curiosas. El rey del infierno hacia mucho que no se divertía. Tras un instante, cuestionó.
—¿Tenemos su ubicación?
—Sí, mi señor. Incluso escuché que dará una presentación bastante pronto.
—Entonces tenemos lo que queremos. Y creo que podemos divertirnos, ¿no? Sael ha tenido mucho de los humanos y yo he trabajado infinitamente. Merezco estas... ¿Vacaciones? Sí, eso es.
Lucifer se notaba demasiado travieso, inquieto, emocionado. Adoraba arruinar planes y esta vez, obtendría algo tan distinto. Algo que era curioso en él, le daría muchísima ventaja. Cuando encontró a Adán y a Eva, se presentó como una serpiente. Sí. Luci podía cambiar su aspecto a su antojo y si bien, Sael le reconocería si era tan capaz, no le interesaba. Él ansiaba engatusar a los humanos, quitarle aquello a ese diablillo, desplazarlo y pisotearlo.
—Pero... ¿Qué dices, Maz? ¿Acudir al mundo humano con este aspecto te parece bien? Claro, vamos a esconder alas, colmillos y cuernos, todo lo que no parezca humano.
—¿Tiene algo de malo su aspecto, señor?
—No, pero mira...
Lucifer cambió a voluntad su imagen, algo nimio. Un tono de cabello oscuro, largo hasta los hombros, nada más. Observó a Maz quien nada más realizó una mueca curiosa, con la duda sobre aquel "gran cambio".
–Ya, es que no te gusta, no hay ningún impacto. ¿Qué tal esto? —Inquirió mientras de nuevo su imagen se moldeaba, más pequeño, delicado, un rostro bonito y un cuerpo distinto, un género opuesto. Luci ahora parecía una mujer joven, demasiado guapa. Maz ahora reaccionó, observando a su líder de arriba a abajo.
—Eso es. Esa reacción quería. ¿Entonces nos quedamos con esto sólo por una ocasión? Creo que Sael podrá darse cuenta de que soy yo, no puedo ocultar el aura que poseo.
Era curioso que Luci no sólo fuera capaz de cambiar su imagen, sino todo. La voz, movimientos... Maz se impresionó ante los talentos de su señor, quien no perdió tiempo y buscó en el ojo de agua cualquier aspecto femenino que llamara la atención. Había mujeres voluptuosas, bailarinas, un poco de todo. Estaba seguro de querer llevar aquello, aunque de nuevo, pensó. ¿Qué importaba su aspecto si podía causar el mismo efecto en hombres y mujeres?
Lucifer abandonó aquella imagen, retomando la imagen previa para volverse a Mazikeen.
—Tengo una idea mejor. No tengo por qué esconderme de Sael, al contrario. Deseo que se sienta amenazado, que recuerde que también puedo hacer jugarretas y pedir almas que no necesito. —El rey del infierno cambió sus vestiduras por algo que vio en el ojo, algo con un estilo distinto a sus prendas casuales. Un inferior ajustado, de aspecto brillante cual cuero. Una prenda superior que dejaba descubiertos sus brazos y en uno, una marca, un dibujo que se mantenía impregnado. El calzado a juego, una especie de bota corta con un pequeño tacón.
—Mira, Maz. Esto es lo que los humanos llaman "tatuaje", se los realizan con muchas agujas al mismo tiempo. El ojo me enseñó, me parece un buen detalle. Ahora, según lo que Sael realiza, el ojo me ha enseñado grupos de personas dedicadas a ello, entonces... No será difícil. Al contrario, estoy entusiasmado.
Mazikeen observó a Lucifer con ese buen humor, definitivamente haría un caos, lo sabía, había visto aquello e incluso lo escuchó cuando se vengó del creador cuando creó a Dios. Si bien le costó la expulsión del paraíso, Lucifer ahora vivía sin reglas y sin explicaciones, ni restricción alguna. Estaba trayendo a la realidad la definición completa de "caos".
–Entonces iremos, mi señor. Le acompañaré en cualquier decisión. Me encargaré de mover los hilos para que usted se encuentre en el mismo lugar que Sael esta noche.
—Oh, Maz. Juro que Sael querrá arrepentirse pronto de seguir con estas tonterías.
Lucifer murmuró aquello, retomando su apariencia original. Se llevó las manos hacia la espalda, antes de darle una última mirada a su ayudante.
—Elige un tema de los humanos, uno que sea famoso, llamativo, donde casi tenga que quitarme la ropa.
Y no bromeaba. Despidió a Maz para los preparativos, sean los que sean. Lucifer llevaba el entusiasmo a cuestas, una excitación palpable que le hizo recordar el pecado de Eva y Adán o el encuentro que tuvo con Lilith. Mordió sus labios con la mano tocando cada recoveco propio, hasta una zona que provocó un fuerte gemido aprovechando su privacidad.
—Cómo voy a disfrutar de todo esto. —Enunció con la agitación presentándose, pesada, continua, notando qué no podía detenerse. Lucifer continuó con aquello, volviendo a hablar entre una serie de gimoteos sin pudor, ni vergüenza. Entre sus dedos jugueteaba con su hombría, estrechando al punto de que la mano libre le sirvió como apoyo contra una pared, notando su cuerpo reaccionar como no lo había hecho antes.
—Cómo voy a disfrutar de ti, Sael...














