ENJOY THE SILENCE.
El malestar continuaba y su corazón estaba hecho un caos del que parecÃa no escapar. No tenÃa ni la intención de asistir a la academia, no querÃa ver el cello, ni deseaba recorrer los pasillos de aquel lugar sabiendo que eran los mismos que Yeosang y Aoki recorrÃan con frecuencia. Evidentemente, ellos no estarÃan. Las prácticas vespertinas solamente eran para tener un plus ante estudiantes que lo requerÃan y él no podÃa negarse, necesitaba esa salida y buenos comentarios para que su familia pudiera permitirle esa libertad triste que habÃa obtenido.
—¡Yuki! ¡Por aquÃ! —Escuchó desde un aula, reconociendo la voz de Yeonjun qué alistaba todo para la práctica. DistraÃdo y en camino a él, sonrió dejando el instrumento propio cerca, con la mirada perdida un instante.
—He hecho todo lo que me recomendaste hacer en la sesión pasada, asà que te sorprenderé en esta ocasión.
La voz del chico parecÃa un inmenso contraste si comparaba aquello con Aoki o Yeo. No se sentÃa mal, pero tampoco brindaba mucha tranquilidad a su persona, asà que sólo sonrió con amabilidad, preparando su cello para poder iniciar con la lección. QuerÃa acabar con ello pronto y el chico no era malo, pero el humor de ese dÃa no le permitÃa disfrutar ni del sonido de su instrumento.
Yukio se colocó unos anteojos que se permitÃa cuando la vista era cansada y tras leer la partitura, esbozó una sonrisa, mirando incrédulo al estudiante.
—¿Un medley de Game of thrones, Yeonjun?
—¡Anda, te vas a impresionar! No es cualquier guarrada, es una joya.
Yuki suspiró y asintió mientras practicaba unas notas, el tempo, la afinación, todo lo necesario, sin embargo, debÃa escuchar la interpretación del chico antes. Cuando terminó los preparativos, suspiró y marcó el ritmo para él, antes de darle pauta a que iniciara.
ConocÃa las melodÃas de dicha serie, pero cuando comenzó a escuchar el llanto del cello, tragó saliva. No era para nada igual, ni minimamente cercano a lo comercial, sino repleta de nostalgia; Yeonjun tocaba tranquilo al inicio y cuando el tono cambió al famoso intro, también lo hizo su interpretación, adquiriendo fuerza. No iba a negar que estaba sorprendido, especialmente porque esas lecciones eran para afinar detalles y corregir errores, pero ¿qué error podÃa encontrar en una interpretación que parecÃa perfecta incluso si leÃa la partitura?
Yukio procuró no dejar a la vista su sorpresa sino que se mantuvo serio, revisando sus movimientos, notando de verdad que no necesitaba esas lecciones. No necesitaba ningún arreglo y quizá Yeonjun se pudo percatar una vez que pausó su interpretación, sonriendo victorioso.
—¿Y entonces? ¿Qué opinas? Ha salido bien, digo yo. Con modestia, bastante naturalito. —Soltó el chico mientras se relamÃa los labios, esperando a su "profesor".
—No necesitabas estas lecciones, ¿verdad? —Cuestionó Yukio mientras se echaba sobre su asiento, rascando su nuca, mirando al techo. Ya estaba hecho un caos y no le apetecÃa perder el tiempo, asà que estaba lejos de comprender lo que sucedÃa. A él le bastaba con un par de lecturas para memorizar gran parte de la melodÃa, por lo que decidió seguir aquel juego, haciéndole tomar posición una vez más.
—De nuevo. Que no te puedes confiar en un lugar como este.
PreferÃa hundirse en una práctica sin sentido, a estar pensando en las personas que le hacÃan perder la razón. Fue tomando aire, perdido a las cuerdas del cello hasta que la mano de Yeonjun le distrajo. SostenÃa su muñeca con firmeza y el chico se acercó demasiado, quizá de forma peligrosa, pero no entendÃa aún las intenciones ajenas, sólo de pronto recibió un minúsculo beso cerca de su lunar bajo el ojo. Se sintió extraño, quizá incómodo, o tal vez, era una pequeña muestra de afecto que necesitaba.
—¡Gracias por ayudarme, Yuu! Lamento si me he infiltrado en tu espacio personal, pero no pude resistir. Además, mis agradecimientos siempre han sido muy fÃsicos.
Yukio continuó mirando sus cuerdas, luego al chico y sonrió de lado, golpeando suavemente el arco contra el cello para llamar su atención.
—Yeonjun, de nuevo.
—Ya, ya, pero no aseguro tener errores. Me he esforzado en que esto sea perfecto.
SeguÃa sin comprender a ese muchacho y quizá, era lo mejor. No querÃa otro lÃo mental, asà que sólo dejó que esa mezcla sonara dentro del aula, armonizando juntos, sonando justamente a la perfección.













