ENJOY THE SILENCE.
El canto del cello protagonizó en todo el salón, resonó y embriagó; embelesó al público, pero sobre todo a los profesores. Era el día por el que Yukio se había preparado tanto. El día en el que, si todo salía a la perfección, sería libre.
Tocó sin ningún error y la melancolía se mezcló con un tema moderno, aunque nadie cantaba, sólo creó armonía gracias a los demás instrumentos presentes. Fue toda una preparación ardua, prácticas incansables y ante ninguna distracción, sentía que había alcanzado algo que no repetiría en su vida.
En el centro, se apareció un cello extra, moderno y níveo, pero que no restaba elegancia al momento. Yukio tocó con maestría el cello tradicional, perdido entre pequeñas muecas que aparecieron debido a la concentración y al placer que le ocasionó su confidente acústico. Acarició las cuerdas, siguió acordes perfectamente memorizados. Ya ni siquiera le molestó el dolor en sus yemas; quiso tocar con el corazón, para él especialmente.
En pequeñas pausas y gracias a la cercanía, el nuevo instrumento relevó al clásico, siendo un poco más agudo, pero no menos hermoso. El sonido en conjunto prometió una experiencia mucho más placentera, sumando que la complejidad, fue algo para admirar en cuanto el poder efectuarlo y ahí estuvo Yukio, sonriendo, perdido en la melodía, incluso sintió cómo los deseos de sólo disfrutarlo en aumento.
Logró regresar al cello clásico y el puente de Mozart pudo escucharse, tan lúgubre y nostálgico, sólo haciendo que la mezcla de la canción de Adele, fuese impoluta.
El tiempo transcurrió, su esfuerzo se plasmó en esas paredes. No miró al público cuando acabó, sólo escuchó vitores y aplausos a los que agradeció con una venia. El veredicto vendría pronto así que definitivamente no sabía su destino. El corazón latió con fuerza y sólo pidió paciencia para que, tras un par de días, tuviera responsiva.
Mientras se retiraba, Yukio sintió un aroma peculiar. Ese aroma a Tom Ford peculiar de Aoki y Yeosang, porque ambos sabían lo mucho que a Yukio le gustaba y por ende, lo utilizaban para complacerle. Ese dichoso y único olor como un lienzo al óleo recién pintado...
El músico lo Inspiró un momento, sin embargo, no miró hacia atrás. No quiso.
Había decidido que se había acabado ese "algo". Esa jugarreta de tres donde sabían de él, pero él no de ellos. Había cortado ese lazo de espera y preocupación, abandonando todas esas ausencias que dolían en su corazón.
Tiró esos recuerdos con dos peligrosos locos y quizá, esa fue la decisión más difícil que tuvo que aceptar, envolviendose por su bien, en un manto solitario.
Sí, después de todo, ese estilo de vida, ese amor tan radical y los sentimientos intensos, jamás fueron para él.








