ENJOY THE SILENCE.
Todo en esa habitación le parecía estresante, pero específicamente, el aroma que esos dos compartían comenzaba a revolverle el estómago. Pensó que era demasiado cruel pensar de esa forma, sin embargo, lo prefería. Estaba de acuerdo en odiar ese perfume, odiar los recuerdos y odiar ese silencio donde el único que parecía querer expulsar algo lógico, era él. Qué mundo tan frustrante le envolvía y qué cansado suponía tener los sentimientos tan enmarañados... Hubiera deseado jamás haber caído por ninguno. Ahora era cuando odiaba que Yeosang fuese tan pobre de palabras y detestaba la altanería de Aoki, porque de nada le servía en momentos serios.
Odiaba mucho más que las discusiones nunca tuvieran un fin y sólo fueran el ouroboros, así que cuando escuchó la puerta abrirse y miró una vez más el rostro de esos dos, no dudó en salir. No le interesó que Yeosang estuviera pisándole los talones, intentando detenerle. La madera azotando fue el único ruido que rompió su vago intento de calma hasta que miró al chico y le señaló, dejando que su rostro también hablara de la molestia que sentía en ese momento.
—Ustedes dos no valen nada. ¿Les ha sido fácil tenerme sólo como la persona para sus desahogos? ¿Te fue fácil lanzarme palabras para hacerme sentir como una puta? —Yukio se acercó a Yeosang, dejando ver su corazón herido en los ojos que se cristalizaron y en las lágrimas que quisieron escapar, maldiciendo internamente antes de apoyar el índice contra el pecho de aquel que creía su amigo.
—Llévate tus mierderas disculpas a otra parte, Yeosang. Porque lo esperaba de Aoki, pero al parecer también te va herir los sentimientos de otros y esperar sentadito a que todo se arregle.
En ese momento, no esperó nada. No quería nada. Sólo irse a casa y así lo hizo cuando subió al auto que le esperaba. No había visto a Aoki salir y quizá ya no valía la pena preocuparse por ellos. Recordaba que ahí nunca tuvo un sitio seguro y se sintió tonto cuando aparecieron los recuerdos de esas veces que ayudó a Yeosang. Se sintió estúpido cuando creía que los tres reían en complicidad y se terminó sintiendo sucio, al darse cuenta de que se había entregado sin ningún miramiento a ambos, siendo eso lo que le dolía demasiado profundo.
Al final de todo, Yukio no había deseado experimentar nada de eso. Era complejo ser parte de una relación con alguien, pero ¿estar con dos personas? Era sólo un chico buscando un poco de libertad en esa jaula que tenía como vida y creyó haberla encontrado junto a ellos, aunque ahora pensaba si eso fue demasiado ingenuo, egoísta o simplemente tonto.
El móvil logró sacarle de sus pensamientos, pero mirar la pantalla sólo fue motivo para sentirse peor. Era un recuerdo que saltaba a la vista: una foto de los zapatos de los tres, quizá en una de esas noches donde se excedían. Eso fue la gota que derramó el vaso, el momento en el que sintió una punzada en el corazón y comenzó a llorar en un doloroso silencio, pues sabía que no los odiaba, sino que era demasiado sentimiento para poder ser comprendido.
Se preguntaba si Aoki podía entender en verdad la complejidad de tener esos sentimientos que, si lo pensaba en el modo hacia la sociedad, no era correcto, no era bien visto, sólo parecerían unos muchachos en plena fase confusa, pero en la libertad, podrían confiar no sólo en una persona, sino en dos más. Ser un pequeño grupo sin secretos y con pensamientos distintos que podían compaginar, buscando superar las dificultades.
Por las palabras que soltó Aoki, había entendido que él se había rendido a luchar. Quizá él y Yeosang no estaban dispuestos a ser liberales, quizá Aoki sólo se aferraba a esos momentos donde eran pura carnalidad. No lo sabía, sólo pensaba en cómo dolía estar envuelto en esa situación, arrepintiéndose cuando rememoraba las palabras que le dijo a Yeosang previo a subirse al auto. Había sido también cruel buscando defenderse, egoísta al no escuchar; definitivamente se sintió una mierda por no poder darse una oportunidad en algo que sabía extraño, pero le había hecho sentir... Bien.
Eran tres chicos que se conocieron por la música, aunque ahora tenía la certeza de que serían una sombra de aquel tiempo juntos. No lo deseaba, pero ¿qué más quedaba? No podía meterse en la vida de personas que no conocía y que tampoco parecían tener la confianza para hablar de ello.
Yukio tomó entonces la decisión de seguir adelante. Lloraría y abrazaría su soledad, reconocería que dolería hasta el momento donde pudiera sentir que todo estaba superado...
—¿Hola? —Dijo cuando el móvil interrumpió lo que ocurría dentro de su palacio mental, escuchando una voz familiar que parecía querer hacerle reír ante todo. Lo consiguió de forma breve, Yukio intentando que su voz no se quebrara pues dar explicaciones de esos sucesos sería agotador y no quería que nadie más se entrometiera en sus asuntos.
—Yeonjun-ah, lo siento, olvidé que necesitabas ayuda. Podré verte en el salón en un par de horas ¿de acuerdo? Tengo que acudir a las prácticas también.
Lo que menos deseaba era eso, continuar llevando a cabo cosas. Se sentía con todo y nada a la vez. Incluso quería regresar a esa tonta casa, con esos dos sujetos y de nuevo sentir ese perfume que al inicio le había ocasionado malestar. Sólo hasta ese momento se dio cuenta de que él estaba impregnado de ese aroma, como un fantasma que le sigue a todas partes.
—Detente aquí, por favor. Dile a mis padres que estoy bien y que pronto será la presentación. Te lo agradezco. —habló al chófer y fue entonces que descendió. Aún no estaba cerca de casa, tampoco tan lejos; quería estar solo un momento y ese pequeño parque le pareció idóneo para perderse en la marea de pensamientos rompiendo cual ola violenta dentro de su ser.
El móvil tenía entre manos y miraba el grupo de la tríada sin mensajes nuevos. La fecha se había detenido hace un mes, junto a la hora. ¿Había transcurrido tanto? Ahora entendía por qué era tanto enojo y frustración, por qué hablar con ellos parecía un ciclo infinito de discusiones. Quería intentarlo, pero al mismo tiempo, ¿qué le traería de bueno? Yukio se limpió las lágrimas y suspiró antes de quebrarse nuevamente.
No estaba negando que extrañaba a ese par de idiotas que dejaron su mundo de cabeza. Sentía que no pedía demasiado ante la búsqueda de que pudieran confiar en su persona, ¿qué pasaría si no deseaban nada de ello? Fue egoísta, tal vez... No eran una relación, no debía exigirles nada... Eso era.
No debía...





