ENJOY THE SILENCE.
En compañía de sus padres, había escuchado las presentaciones de esos dos. Sentía su corazón frágil, dolía, mantenía la compostura únicamente por imagen, cuando por dentro, era quien más anhelaba felicitarles por ese gran esfuerzo, pero ¿cómo? Todo alrededor de las últimas semanas, había sido caótico y nada agradable de mencionar. En su asiento suspiró y aunque evitó aplaudir, prestó atención a las palabras de su familia, quienes acabaron comentando cómo el hijo de la famosa artista, al parecer, también había heredado sus dotes.
Él se sintió ajeno a todo ello. ¿Cómo mencionaría que también Yeosang había hecho una presentación maravillosa? ¿O cómo diría que Aoki no era solamente la sombra de su madre? Sino que ambos eran individuos capaces de romper el escenario con sus instrumentos, con emociones desbordadas... Pero ahí estaba, escuchando aquel insulso parloteo, solamente interrumpido por otros compañeros de la familia, que se dedicaron a felicitarle por su interpretación.
—Pero qué dices, Kyo. La presentación de Yuu ha sido... Bueno, su padre dijo que pudo ser mejor. —Mencionó su propia madre, como si tuviera una audición de tísica.
Se esperaba aquello. De verdad sabía que para su familia, él nunca sería suficiente y esto acabó por romperle internamente, sólo sonriendo y realizando una venia respetuosa hacia sus progenitores. Fue tanto la conmoción qué guardó, que no pudo escuchar el primer sonido de su móvil, siendo el segundo lo que llamó su atención, así como el nombre en la pantalla.
—Disculpen un momento, al parecer, uno de mis alumnos tiene un problema. Regresaré de inmediato. —Mintió, hasta que curioso, respondió y escuchó la voz de Yeosang.
—¿Yeosang? —Inquirió y la respuesta que obtuvo, le extrañó.
—Vale. —Dijo tras escuchar hasta dirigirse al lugar. No sabía lo que ocurría, pero el "no sé cómo calmarlo" tampoco le dio mucha paz. Sólo se fue cuestionando qué pasaba y también, era lo único que deseaba pensar. Se sentía mejor lejos de sus familiares, sin embargo, cuando apareció en el aula y abrió la puerta, vio un violín destrozado, a Yeosang abrazando a Aoki, pero también, a una chica que no conocía y que de inmediato pudo asociar.
Aoki parecía fuera de sí. Él no había hablado para nada, pero lo primero que hizo, fue rebuscar en su bolsillo y sacar un par de billetes, forzando una sonrisa que no iba acorde a lo triste de su mirada.
—Hola, soy Yuki. Quizá este sea un momento extraño para conocernos, pero ¿puedo pedirte un favor? —Cuestionó en voz baja hacia la chica, aún sin ir en dirección a los chicos.
–¿Puedes buscar una máquina expendedora en la academia para conseguir una soda y algún dulce? No importa que sea. Cuando lo tengas, regresa aquí. Si te place, elige algo para ti también, como agradecimiento. Y bueno, lamento mucho pedirte esto de la nada, pero verás, nuestro amigo no se encuentra bien... —Pidió esbozando una sonrisa suave para dejar ir a la chica, teniendo el aula solo para ellos tres.
Se acercó tranquilo, en el espacio que se permitía hasta tocar suavemente el hombro de Aoki, así como la espalda de Yeosang con el otro brazo, mirando al desecho pelinegro. Quizá no era un momento para ser idiota, ni para tener el rencor presente, así que dejó eso a un lado, antes de que pudiera hilvanar frases.
—Aoki, ¿qué ocurre? —Inquirió hasta que tuvo el coraje de mirar a Yeosang, elevando ambas cejas como si pudiera preguntar con ello si había pasado algo grave.
—No sé qué es lo que sucede. –Escuchó y suavemente, se acomodó al lado del violinista, plegando las piernas mientras motivaba a Yeosang a que él estuviera en el otro lado, de la misma postura. Su cabeza se apoyó cerca del hombro del pelinegro, observando su instrumento a la distancia.
—Yeo, ¿recuerdas cuando estuvimos en casa de Aoki y él quiso sorprendernos con shots en una sola mano, pero se le cayeron todos? —Cuestionó suave, estirando una mano para dejar que su índice y el dedo corazón, rozaran la piel del músico en un mimo para calmarle.
—Nos reímos juntos y tuvimos que recoger toooodas esas pequeñas astillas porque nos quedamos descalzos. —Respondió Yeosang, soltando una pequeña risa, mientras él se decidía a dejar pequeñas caricias sobre la rodilla del chico. Fue entendiendo el plan de Yukio, mirándole desde su lugar, hasta sonreír brevemente.
—¿O recuerdas cuando nos encerramos en un baño y olía a cómo le quemaban los pies al diablo y se nos antojó?
—Y fue Aoki quien consiguió eso, pero no teníamos cómo hacerlo más fino y usamos una licuadora.
Ambas risas de los chicos sonaron ante la memoria mencionada, hasta que Yukio llevó la diestra a los cabellos de Aoki, para acariciar delicadamente.
—¿También recuerdas cuando trajo tu desayuno de Mc'donalds? Estabas tan insistente en eso, que fue a por ello después de que te dejamos molido.
Una risa escandalosa se hizo presente por parte de Nanami, quien acabó por pausar sus acciones. Fue una risa genuina, dulce, tímida a la vez. Misma que decidió compartir con unas caricias más para tranquilizar a Aoki.
—Curiosamente, has sido tú quien nos ha mantenido juntos desde que nos conocimos, Aoki. En este momento, quizá todo está siendo demasiado para ti, pero creo que Yeosang y yo, estamos dispuestos a ayudarte a cargar con algo de ese peso que llevas encima, ¿hm? Has cuidado mucho de nosotros y no has recibido las suficientes gracias, por lo que, está bien si por hoy sólo deseas estar como ahora, está bien si quieres enviar lejos todo lo del presente, pero si decides seguir, deja que también te ayudemos con todo eso... No estoy enfadado ya, los echo mucho de menos.
Dijo la verdad. No sólo mirando a ese chico, sino también a su compañero. Así fue que se unió al cuerpo del otro en un abrazo, buscando también el calor de Yeo al mismo tiempo. Se inundaba del particular aroma que los dos cargaban, cerrando los ojos, deseando que el violinista pudiera abrirse con ellos, sin embargo, la chica regresó con lo que se había pedido, así que aquella acción, pausó para tomar la soda y el snack tras agradecer, dando palmaditas en la rodilla de Aoki para llamar su atención.
—Ao, toma esto, ¿hm? Sostenlo entre tus manos mientras está frío. Lo han ido a buscar para ti, sería grosero que rechaces el esfuerzo de la hermana de Yeosang... —Hablaba tranquilo, pero no negaba que ya estaba preocupado. Quizá era un estado de catatonia, no sabía si él debía estar solo, pero era lo que menos deseaba hacer.
—Yeo y yo nos quedaremos contigo, lo prometo...
Quizá la escena parecía algo normal, pensando en la chica que estaba con ellos, pero sabía que no era así. Sabía que sería difícil, sabía que no tenía conocimiento alguno de cómo aplacar la situación, ni qué razones tenía el otro para dejarse dominar por la catarsis. Se daba cuenta de que, una vez más, no sabía nada y aún con ello, decidió quedarse, porque sólo le importó estar para esos tontos sin recibir algo a cambio.













