ENJOY THE SILENCE.
Despertó antes que todos, en ese departamento qué ya se le hacÃa tan familiar. Miró a las dos figuras a su lado, rendidos, como si pudieran sentir y vivir la calma en los sueños. Sintió un poco de envidia y tras desperezarse en silencio, se dirigió hacia el balcón tras un par de grandes ventanales, percatandose del viento fresco que acarició sus mejillas. Tomó asiento abrazando sus piernas apenas las logró subir y sólo se dedicó a mirar la lejanÃa de edificios y pequeñas personas comenzando el dÃa. Por alguna razón, se sentÃa con mucha nostalgia estando ahÃ, pero no deseaba regresar a su pequeña casa, ni con sus padres. Era una emoción amarga la que comenzó a molestarle. No tenÃa ni siquiera el móvil a mano, tampoco querÃa verlo, ni revisar que tenia llamadas de todo el mundo familiar.
En ese momento se preguntó qué pasarÃa si sólo desapareciera de la vida de todos. Si tan sólo pudiera ser libre incluso de sus pensamientos.
Un suspiro se comenzó a lograr, sin embargo, el ruido suave de las puertas de cristal abriéndose le hicieron dirigir la vista y por un momento, creyó que se trataba de alguno de los chicos, pero también habÃa olvidado que la hermana de Yeosang estaba ahÃ.
—Buen dÃa. —Murmuró Yukio, con un esbozo de sonrisa que fue correspondido en palabras y gesto, mirando a la chica tomando asiento.
—¿No tienes frÃo? —Cuestionó ella, mirando en la misma dirección, aunque notando como Nanami negaba.
—Me gusta el frÃo, no me quejo.
—Entonces tú eres el famoso Yuki. Yo soy...
—Ahnyoo. —A esa respuesta obtuvo una sonrisa un poco más amplia, haciendo que baje las piernas para estar cómodo. Quizá una larga plática se avecinaba.
—Mi hermano habla a veces mucho de ti, porque también habla de Aoki. Es como si el mundo se resumiera en sus existencias y yo no entiendo mucho, pero le he visto feliz. También muy triste. Y cuando está deprimido, no habla de ti, ni de Aoki. ¿Qué son ustedes para mi hermano?
—Amigos. —Respondió a secas, muy directo, sin forjar una emoción que pudiera ser palpable, pero tampoco mentÃa. Era verdad el afecto en cada uno, pero eran amigos. Esa palabra ya le sabÃa extraña de mencionar.
—¿Aoki ahora se encuentra bien? Ayer parecÃa muy afectado, nunca habÃa visto a Yeo tan preocupado.
—Ahora se encuentra mucho mejor. Debió ser dificil entender que estaba sucediendo. También me tomó por sorpresa.
De pronto hubo en silencio en ambos, un silencio que no fue incómodo, pero sin duda, se convertiria en ello. Quizá no era algo que debÃa salir de sus labios, sin embargo, lo consideró importante. Pensaba en muchas cosas, en que quizá, en algún punto, ya no podrÃa verlos. Desafiar muchas veces a su familia también tenÃa lÃmites y él estaba agotando todos.
—Me gustan ambos. —Soltó, como una bomba que no buscó contener. —Me gustan, me gustan como persona, me gustan como para pasar la vida entera con ellos. Pero no soy libre. No puedo decidir, ni puedo sólo querer romper cadenas con las cuales nacÃ. Haberme marchado del festival para estar aquà me costará mucho y si gozaba de un atisbo de felicidad, seguramente se habrá acabado ahora. Me encantarÃa huir con los dos, a un lugar donde nadie nos conozca, pero ¿serÃa justo? No es como si no tuvieran una vida aquÃ.
Yukio hizo una pausa, notando cómo tan temprano, su corazón se desbordaba. SentÃa vergüenza, pero el dolor opacaba tal cosa.
—Sé que no es normal que un hombre se fije en otro. Y no desearÃa que odies a tu hermano sólo por sentir, porque el amor es asÃ, es una cosa que se mete en tu sistema y no logra distinguir en géneros, ni tampoco busca hacerlo. El amor en verdad es eso tan extraño que todos buscan y que llega en formas tan únicas, como el amor que tengo por dos idiotas de los cuales no sé gran cosa, pero está ahÃ, existe, me hace emborracharme cuando estamos lejos, me hace odiar cuando no hablamos, pero también me provoca correr a esos brazos y llenarme de cariño, del único cariño que en toda mi vida, ha sido sincero.
Yukio sentÃa sus mejillas húmedas y la nariz congestionada, con lágrimas que no podÃan detenerse aunque sus palabras se fueran pausando. No quiso ver a la chica, sólo de nuevo la brisa gélida le abofeteó, perdiendo la vista en lo que sea que se estuviese moviendo a lo lejos.
—De verdad quisiera que no le odies, ni que odies a Aoki, ni que me odies. No tengo el derecho de pedirlo, ni siquiera tengo el derecho de decir estas cosas, pero si un dÃa no estoy, si un dÃa mi libertad se acaba, quisiera que alguien pudiese decirles que de verdad en ningún momento mi amor, el cariño, cesó. Jamás se borraron de mis pensamientos, jamás quise alejarme. Me reclamarÃan por eso último, porque justamente la tristeza de Yeosang y de Aoki, fue mi culpa. Porque pensé que estarÃan mejor sin mÃ, ¿pero engañé a alguien o fue a mÃ? Se han convertido en la razón por la cual no me rindo y voy contra las reglas, manchando el apellido que llevo y recibiendo castigos por ello.
Yukio bajó la vista, rindiendose finalmente a un llanto amargo, un dolor que no podÃa contener y que se transformó en su cuerpo abrazándose una vez más, mientras sentÃa las delicadas manos de la chica sobre su espalda en un intento de también calmarle.
TenÃa miedo y lo aceptaba. TenÃa miedo de encontrarse con su padre o su madre, sabiendo que serÃan capaces de enviarlo lejos por sentirlo mediocre en todos aspectos, por verle roto e imperfecto, algo que no tenÃa cabida en la familia. Pero él deseaba eso, sólo ser un joven que aprendÃa de la vida, que buscaba disfrutarla y ganar experiencias buenas, malas, crecer y forjarse gracias a sus éxitos sin necesidad de mencionar el apellido.
—Sé que no me conoces más de lo que ha dicho Yeosang, pero si en algún momento, tu hermano se nota triste, como lo pudiste notar, ¿puedes decirle lo siguiente?
Yukio habló para la chica, haciéndole repetirlo e incluso anotandolo si ella deseaba. Ella le miró con extrañé a, mientras el pelinegro, suspiraba jugando con sus dedos.
—¿Es un lugar? Creo que no habÃa escuchado algo asÃ.
—Quizá sea el único lugar donde me encuentren. —Respondió con el cansancio encima, tratando de enseñar una sonrisa a la chica. Se limpió el rostro y fue respirando poco a poco de mejor manera, podÃa pretender que el haber salido le ocasionó alguna alergia, claro.
—¿ Te apetece desayunar, Ahnyoo? Seguramente ellos querrán hacerlo cuando despierten.
Ella sonrió suavemente por el ofrecimiento, mientras ambos se dirigÃan a la cocina. Aún reinaba el silencio en la habitación, asà que demorarÃan un poco más en despertar, perfecto para quizá, darles unos últimos mimos en forma de comida...
Mientras buscaba ingredientes con Ahnyoo, recordó lo que le habÃa dicho, queriendo que jamás tuvieran que llegar al lugar.
"Narai-juku en Matsumoto".










