NIGHT FLOWER.
Cuánta emoción albergaba cada vez que se dirigÃa a los salones de baile, el lugar donde su corazoncito se llenaba, se sentÃa brillante y soleado, entre el trabajo de la florerÃa y la danza, finalmente parecÃa que el destino se trazaba de una manera espectacular para él. Esa tarde no serÃa distinta, incluso tenÃa un tema adecuado para practicar con Aaron, el profesor. Eden no estaba dispuesto ese dÃa asà que debÃa hacerlo por su cuenta, lo cual, tampoco encontró molesto. Últimamente, veÃa más por él, por su felicidad y es que sabÃa que la felicidad, llega sin llamar a la puerta, sin importar las situaciones que estaba viviendo con su padre o ese temor a ser descubierto en la academia.
No obstante, al llegar pudo escuchar una serie de voces. ReconocÃa al profesor, pero no la otra. Esto llamó su atención, era claro una discusión y el rostro del pelinegro cuando la puerta se abrió confirmó sus sospechas. El entrecejo endurecido y la tensión de Aaron se fueron suavizando una vez Mika le observó con evidente curiosidad. No querÃa saber lo que sucedÃa, asà que solamente siguió indicaciones y se dirigió al aula que le habÃan indicado, preparando ahà la música, inclusive comenzando a calentar. Si debÃa ser honesto, no necesitaba de un profesor, pero le parecÃa bueno tener más perspectivas.
Cuando Aaron arribó, sonrió decidiendo evitar el tema. No le parecÃa correcto a menos que el contrario estuviera dispuesto a hablar al respecto asà que sólo calentó un poco más.
—Hoy tengo un tema distinto a los normales. QuerÃa algo pasional, cursi, pero es que es un tema que me hizo feliz con sólo escuchar. ¿Te parece si sólo improviso contigo?
Y sÃ, la canción no se trataba de algo moderno, ni mucho menos tan rÃtmico como acostumbraba, sino se trataba de la voz de Bocelli y los instrumentos haciendo un dúo perfecto. Mika decidió tomar un respiro moviendo manos y piernas, mirando hacia al frente antes de comenzar con unos pasos lentos en el estribillo; agradecÃa tanto que durante un tiempo, también tomó clases de ballet, pues eso también le ayudaba a ser grácil y delicado. La cereza del pastel apareció cuando también entonó la letra en un perfecto italiano, cantando con la misma pasión con la cual danzaba en caricias a su propio cuerpo, alma y corazón.
Paulatinamente se acercó a Aaron, sujetando con delicadeza sus muñecas y creando una cercanÃa única, como si al profesor lo conociera de hace tanto tiempo.
—Con te partiro su navi per mari che... —Canturreó mientras indicaba que actuara como un reflejo, asà ambos imitarÃan sus movimientos entre sÃ. Elevó la zurda con un pequeño giro, moviendo la pierna hacia atrás mientras una serie de giros suaves se efectuaba y cuando esto no le fue suficiente, cambió la rutina en una transición ligera, volviendo al pelinegro su pareja; los dos podÃan guiar, pero quizá estaba en búsqueda de que el tutor sólo se divirtiera por un momento.
—Tu mia luna tu sei qui con me... —Dijo acercando el rostro al adverso, de forma peligrosa, pero no lo pudo evitar. En aquel momento se sintió imantado a la presencia del más alto, enfocando sus ojitos que parecÃan perlas de tapioca. La voz de Bocelli se pronunció en el estribillo y ahÃ, tomó distancia una vez más, con el corazón hecho un pequeño desastre, sin embargo, continuó creando una coreografÃa, entre un par de piruetas, entre gráciles contorsiones y abrazos a sà mismo, protegiendo esa felicidad que sólo creaba a la hora de danzar.
Cuando la música se detuvo, sólo miró un momento al frente, sonriendo para sà mismo. Por alguna razón, ese sentimiento reciente le parecÃa la introducción a un capÃtulo tranquilo en su vida, uno que ansiaba, uno que quizá tendrÃa riesgos, pero no importaba. HabÃa pasado tanto entre las sombras que darse cuenta de que tenia la posibilidad de un futuro mucho más brillante entre manos, le supo a gloria.
Los aplausos de Aaron escuchó y él sólo hizo un gesto, encogiendo los hombros para levantarse y buscar una canción para que ambos pudieran practicar.
—Sólo querÃa distraerte. Te vi un poco tenso ahà y pensé que algo épico como la voz de Andrea Bocelli, te sacarÃa de pensamientos feos. —Mika extendió el brazo hacia el pelinegro, llamándole, buscando estar cerca de quien, por un instante, sólo le parecÃa un amigo cercano.
—Pero si necesitas hablar, ten por seguro de que mi pecho es una caja fuerte y que de mis labios, no saldrá ni una sola palabra. Haremos un quid pro quo, tú me cuentas algo, yo te cuento algo. —Enuncio mientras se sostenÃa de los hombros del alto cuando le fue posible, adorando el skinship como si fuese algo del dÃa a dÃa con él.
—¿Listo para practicar, profesor? Aunque, hey, yo no soy alumno aquÃ, por lo tanto, no eres mi profesor.
Las risas de ambos estallaron un momento, para que pudieran continuar bailando, esta vez, con Disease sonando de fondo.








