ENJOY THE SILENCE.
Entre sus dedos arrugaba una fina página, proveniente de un libro al cual ya no prestaba atención alguna. Las palabras se tornaron efÃmeras, evitando grabarse en su cabeza, dando paso solamente al repiqueteo de minúsculas gotas y al sonido de la fuente de bambú efectuando sus clásicos golpes al llenarse, todo esto antes de que el cielo se dispusiera a llorar.
No pensaba en nada o eso creÃa. A lo lejos, a pesar de la lluvia, distinguÃa los sonidos de su abuela cocinando, pero el hambre no llegaba a Yukio. Se sentÃa egoÃsta negándose a comer, egoÃsta por preocupar a la única persona que tenÃa cerca. Sus mejillas advertÃan cuánto habÃa adelgazado asà como la ropa nueva que compró.
A pesar de que las prácticas de cello iban viento en popa, se sentÃa miserable. La tristeza cada vez era peor y no es que odiara la música, pero le sabÃa mal hacerlo de esa forma, sin disfrutar más allá, sin poder compartir la emoción o las prácticas con alguien más. SabÃa que extrañaba al par de idiotas con los que salÃa, pero de qué servÃa recordarlos. Estaba solo en un lugar donde pensó que no regresarÃa. No estaban a su vera. Probablemente, no lo estarÃan más y aquel pensamiento provocó una punzada dolorosa en su pecho.
—Qué tonterÃa, Yuki. —Murmuró—.
Optó por dirigirse hacia la cocina una vez se levantó, elevando la cortina para observar a su abuela concentrada en la preparación de una sopa miso y katsudon. Yukio se recargó en el umbral de la puerta, bostezando.
—Abuela, podrÃamos comer menos. MÃrame, no traigo apetito hoy tampoco.
Lo que Yukio no sabÃa, era que su apariencia era preocupante, pero también los sÃntomas que tenÃa. Su abuela era mayor, más no tonta. Y claro, escuchar esas palabras solamente rompÃan el corazón de esa pobre anciana. Estaban ellos dos contra el mundo a pesar de todo. DebÃan apoyarse y cuidarse, incluso si debÃan ser estrictos entre sÃ.
—Hijo, deberÃas comer. Lo digo de verdad. Pronto estarás en los huesos y nada de lo que ansÃas podrás lograr si estas débil.
—Ya no ansÃo nada, abuela. Todo esto ha sido por y para mis padres. Esos éxitos no fueron mÃos, sino suyos. La reputación a cuidar era suya, no mÃa. —Murmuró mientras ayudaba a servir. Intentó que para él fuera muy poco, de cualquier manera, quizá no lo tocarÃa.
Hubo un silencio que no era incómodo, sino de rendición. Yukio también podÃa ser un necio egoÃsta cuando se proponÃa "cuidar" de sà mismo. Sin embargo, no era cuidarse, sino alejarse y evitar a todo el mundo.
—Yuki, no creo que tu padre acepte verte en esas condiciones. Por eso deberÃas ejercitarte, comer bien, dormir. Llevas unas ojeras gigantescas. Cuando llegaste te veÃas muy bien.
—Cuando llegué... No, antes de llegar, era feliz. —Respondió a secas. No se desquitaba con ella, pero marcaba un lÃmite mientras partÃa la carne para comer pequeños bocados.
No hubo mentira en sus palabras. PodÃa verse los dedos jodidos de tanta práctica, los ojos cansados y la vida acabando con su alegrÃa. No tenÃa enfado en su expresión, de hecho, nada podÃa verse. Estaba ahogándose en palabras que no podÃa expresar, ahogando sentimientos que ya no deseaba cargar y abandonando sueños que sonaban tontos en esa cruel realidad.
—Hoy debo practicar mucho. Mañana tendré una audición para un gran compositor, quizá eso le guste a mi padre de una vez y por todas. —Dio pequeños sorbos a la sopa, hasta que esbozó una sonrisa a su abuela, para luego servirle un poco de té.
—Y si consigo esto, te prometo, abuela, que recuperaré el ánimo o al menos el peso. Regresaré a Seúl y me convertiré en uno de los mejores intérpretes, tanto asà que no necesitaré nunca más de mi padre.
La decisiva de su nieto le causó asombro. Quizá estaba harto de la vida que tenÃa, tal vez ese pequeño que hace mucho mimó, habÃa desaparecido para finalmente convertirse en un ser autónoma, deseando que su voz fuera firme y en contra de las cadenas con las cuales habÃa nacido. La anciana sonrió suavemente antes de beber el té, palmeando la rodilla de aquel muchacho.
—¿Con qué te van a escuchar? ¿Es alguien muy famoso? ¿Le conoces?
—Es famosa, es una mujer. Conozco sus obras, he visto sus presentaciones y me sorprende todo lo que ha logrado. Estoy nervioso, pero no demasiado, porque podrÃa arruinarlo. Tengo un par de opciones que sugerÃa la lista, ¿te gustarÃa escuchar? Al parecer, son opciones de un ost que ella preparó para un anime...
Y claro que ella accedió. Se decidieron a terminar de comer, Yukio dejando una gran porción de carne y nada de la sopa ni del té. Limpiaron y pronto, el lugar que fue un comedor se transformó en un estudio, con el cello presente y su computadora a un lado para reproducir la pista, sin la sección de cello. Fue una tarde en la cual parecÃa que Yuki se animaba al tener una oyente. No era tan estricta como su padre o algunos tutores, pero él mismo podÃa notar cuando una falla estaba presente.
Fue una tarde larga, los dedos escocÃan, pero no lo hizo saber. Solamente se mostró orgulloso cuando pudo enseñar el repertorio de opciones antes de que pudiera resguardar los objetos para su audición.
—En verdad lo has hecho muy bien, Yuki. No pude elegir ninguna, debo disculparme, pero sé que cuando sea el momento, tendrás la decisión en el puño.
—La tendré, abuela. Todo estará bien. Ah, por cierto... —Dijo antes de tomarse un mechón de cabello, tirando de estos. Necesitaba un cambio, un aire fresco, incluso si podÃa parecer una ridiculez o cosas de mujeres. Para él, serÃa un cierre, a algo, lo que sea.
—¿Me cortarÃas el cabello, por favor?












