Cartas para Arturo CCCXXI
Nos di una oportunidad, porque crecà creyendo que la madrugada también puede crear milagros, puede atraer la magia que tanto necesitÔbamos. Pero, después de las tres de la mañana, justo a la hora retorcida, solo llegó a nosotros la decepción y nuevas heridas.
AĆŗn tengo tu puƱal clavado en el pecho, y me pregunto si te habrĆ” dolido tanto como a mĆ, dolido que me hayas picado con tu veneno, porque tus palabras me siguen subiendo como la fiebre y las sigo repitiendo en mi cabeza como disco rayado.
HabrĆa deseado desaparecer en el mismo segundo, solo para que no me vieses desmoronar entre lĆ”grimas, para no contemplarte ebrio de cólera. Y aunque ahora no estĆ© frente a ti, solo quiero saber si recuerdas los golpes que me diste con tus manos desnudas, esas mismas que me acariciaron como si no hubiese un maƱana.
MirĆ”ndome al espejo repito tus palabras como conjuro: que no estoy solamente daƱado, sino que tambiĆ©n me encuentro vacĆo. Soy solo un cuerpo muerto, esperando en las esquinas por un par de miserias, siendo el rollo de una noche.
El veneno sigue fluyendo por mis venas como necesidad, como el aire tras haberme quedado sumergido en tu sombra.
Arturo, solo quiero saber, de quĆ© sirve tanta fantasĆa y sueƱos imposibles si estĆ”s tan roto y miserable como yo.