breve texto sobre el sadismo
Mordiste la mano del que te da de comer. La trituraste hasta dejar nada más que carne entrelazada grotescamente entre huesos que tenían huecos en donde tus dientes fueron a atacar. Glorificaste el acto hasta el punto de desearlo como si fuera lo último que tu desamparada alma podría llegar a sentir; la inmortalización fue de lo más dulce y doloroso que hubo ¿Ahora qué? Se supone que eso era lo que querías, el acto servicial envuelto en una venganza sangrienta ¿Por qué se te acumula una molestia en los lagrimales? ¿Por qué corres al baño a vomitar? Quizá no era lo que querías de verdad, o peor, quizá sí era lo que querías, pero no lo pudiste soportar. No pudiste soportar saber que, en lo más profundo de tu ser, deseas un dolor ajeno que es digno de un psicópata, un dolor que trasciende conocimiento humano; el rojo vivo que ves brotar de la mano no te fue suficiente, necesitas verlo brotar de todos lados, a todas horas. No te alcanza con verte sufrir, no. Necesitas que todos sufran, incluso cuando no lo merecen. Jamás te pensaste como una persona que practicaría el sadismo, pero la sangre que ves genera algo primitivo en tu ser, como el fuego. Por dentro se siente como una palpitación que no sabías que estaba ahí, no es incómodo, de hecho, se siente bien que esté ahí, tenía que salir de adentro en algún momento.
Pero ¿por qué tuvo que ser en forma de venganza? ¿Por qué mejor no ir directo al ataque? Si se supone que siempre estuvo ahí ¿cómo fue que no salió solo? Con una mirada ir al encuentro, con un gesto inapropiado dar el primer golpe—lo acumulaste hasta que no pudiste ocultarlo más, pero no te disgustó, se sintió liberador ¿Será que la venganza es igual de primal que el instinto a buscar calor cuando el cuerpo se estremece de frío? No es coincidencia que haya sido su mano y no la mano de algún malhechor merecedor de tal castigo, tuvo que ser la mano de aquel que alimenta. Fueron celos de ver cómo alimenta a otros también los que acaso motivaron a que ese fuego aparezca como el hambre cuando no se come por días.
Sigue brotando la sangre como un caudal de río que sale de la palma de la mano y recorre como una cascada el panorama hasta caer en el piso y llenar la habitación en un río bordó. Lo dejas así. No hay más que hacer, solo aceptar que mordiste la mano del que te da de comer, y lo disfrutaste.












