Antes invitaban a mi padre a almorzar. Muerto el susodicho, me invitan a mi. Heredé el trabajo de mi padre de cuidar una casa de millonarios y también sus intentos de generar un vínculo más allá del laboral. Por lo tanto fui a esa casa por primera vez con sus habitantes humanoides originales dentro. Mi único interés en este asunto: comida gratis con traslado incluido.
Fui mal dormido, al llegar también había adolescentes (hijxs y un primo con tía anexa). Post púberes más altos que la Torre de Antel, excepto la adolescente, totalmente respetuosa con la proporción áurea que implica correlación mínimamente razonable entre edad, gravedad, presión atmosférica y tamaño de papá y mamá.
Alrededor andaba la encargada de la limpieza a quien traicioné, no voy a disimular este asunto. Soy empleado y ella también, ahora de repente ella seguía en su condición de clase mientras yo estaba ahí pero como invitado. No pude mirarla a los ojos sin vergüenza.
No tardaron los acontecimientos de millonarios: música con spotify premium; comentarios sobre la máquina que les hace pan (era nueva pero peor que la anterior); lxs adolescentes hablaron de su vida social mencionando sus lugares de estudio. Ahí pude medir exactamente la distancia que nos separa: yo a su edad hablaba del mismo asunto mencionando mi lugar de estudio como Liceo N°14 diciendo por caso que algunos amigos terminaron en el 19, ellxs no hablaban de números sino de nombres ampulosos, cosas anglosajonas e italianas del tipo “en el Conchatumadreition Southampton School nos llevamos mejor con los del Polidori Italo Calvino de la Sera Scuola di Educazione Superiore que con los del Chupapijineitor Cleveland Condon Pinchado Institute”.
Solo entendí con claridad que uno de ellos estaba en un noviazgo por primera vez, el más tranquilo, estaba mansito, bien pajeado o algo peor/mejor.
No me sentí incómodo pero tampoco cómodo, decidí partir antes de que alguien dijera capibara en lugar de carpincho.
Volví a casa a las 16 hora del Atlántico Sur, ahí metí siesta exitosa hasta las 1900 horas. Aún no se si me quedaron secuelas.