Tum tum, tum tum, tum tum, tum tum.
Es todo lo que puedo escuchar. Creo que mi corazón se me escapará de los oídos ¿O era por la garganta?
Da igual.
El aroma de esta persona es tan…
Agradable…
¡No!
No es el lugar… menos aún una buena situación. Hay tanta gente… por mucho que haya un apagón, no puedo dejar ninguna evidencia.
Pero ese aroma… —algo gotea desde mi barbilla—.
—Oye… ¿Estás bien? —pregunto susurrando con amabilidad— te ves bastante pálido.
Una risa nasal suena desde él.
—¿Pálido? Debes tener una muy buena vista, yo no veo nada —responde con humor seco.
—Quiero decir… antes de que se apagaran las luces ya lucías así, y ahora respiras tan agitado… ¿necesitas agua? Si quieres, cuando esto se arregle, te puedo acompañar a buscar un poco de ayuda.
Se queda callado por lo que parece una eternidad.
Parece intentar enfocarme, aunque claramente le es imposible.
—No necesito ayuda, puedo llegar a donde quiera por mi cuen.. ¡Ay! ¡¿por qué hiciste eso?! —grita luego de que le pinchara la costilla con el dedo.
—Claramente no estás bien, no insistas. Además, tu ropa ya está toda manchada por tu herida, vas a hacer un espectáculo bastante grotesco una vez que prendan las luces —susurro desde cerca de su oído.
El aroma es cada vez mejor.
Me contengo con toda mi fuerza de lamerme el dedo.
—Ten, te presto mi abrigo, con esto podrás salir más tranquilo. Y yo te acompaño, ya no acepto un no por respuesta. —Indico mientras me saco la prenda y la pongo sobre sus hombros.
—Eres muy rara, ¿qué ganas con ayudar a un vagabundo como yo?
—¿Eso importa?, solo hago lo que me da la gana.
Como si siguieran mi deseo, las luces vuelven, y con ellas las compuertas por fin se abren.
—Vamos, necesitas ayuda urgente —digo mientras paso un brazo bajo su hombro y le ayudo a levantarse.
No dice nada, solo se deja ayudar.
Luego de un rato llegamos cerca de un callejón.
Es mi oportunidad.
—¿Te parece si entramos por aquí?, necesito revisar algo antes de llegar a la clínica —dice de pronto, inesperadamente, señalando al mismo callejón.
—Claro, ¿pero no es muy oscuro ahí? ¿Podrás ver algo siquiera? —replico pero le ayudo a avanzar de todas formas.
Ingresamos hasta un lugar donde ya nada más me lo podría quitar.
Por fin.
—Por supuesto, después de todo ¿Cómo no podría ver mi propia comida? —dice de pronto mientras su cuerpo se cae al suelo como si hubiera estado siempre hecho de un líquido oscuro y viscoso.
Me rodea
No puedo hablar.
No puedo respirar…