MenstruaciĂłn durante el Holocausto: HumillaciĂłn
Una pregunta que, por los menos yo, jamĂĄs nos hicimos es: ÂżCĂłmo hicieron las mujeres en los campos de concentraciĂłn para hacer que lo privado se hiciera pĂşblico en las circunstancias mĂĄs extremas y extremas? ÂżCĂłmo era menstruar en aquella horrenda situaciĂłn?
La menstruaciĂłn rara vez es un tema que nos viene a la mente cuando pensamos en el Holocausto y se ha evitado en gran medida como un ĂĄrea de investigaciĂłn histĂłrica. Esto es lamentable, ya que los âperĂodosâ son una parte central de la experiencia de las mujeres. Los testimonios orales y las memorias muestran que las mujeres se sentĂan avergonzadas al hablar sobre la menstruaciĂłn durante su tiempo, y aĂşn mĂĄs en los campos de concentraciĂłn, pero al mismo tiempo continuaron mencionando el tema, superando el estigma que se les atribuye.
En general, la menstruaciĂłn habĂa sido vistacomo un problema mĂŠdico que debe superarse en lugar de ser un hecho natural yuna parte de la vida.
Los perĂodos impactaron las vidas de las mujeres vĂctimas del Holocausto de diversas maneras: para muchas, la menstruaciĂłn estaba relacionada con la vergĂźenza del sangrado en pĂşblico y la incomodidad de tratar con ella. Los perĂodos tambiĂŠn salvaron a algunas mujeres de ser agredidas sexualmente. Igualmente, la amenorrea o disminorrea podrĂa ser una fuente de ansiedad: sobre la fertilidad, las implicaciones para sus vidas despuĂŠs de los campamentos y sobre tener hijos en el futuro.
Un argumento muy citado en la beca sobre el Holocausto, realizado por Hannah Arendt, es que el rĂŠgimen totalitario de los campos rompiĂł la solidaridad humana, lo que los convierte en un lugar muy aislado. Pero, contrariamente a este punto de vista, los perĂodos pueden proporcionar momentos de uniĂłn y solidaridad entre los reclusos: muchas mujeres mayores ayudaron a las adolescentes, quienes experimentaron su primer perĂodo solo despuĂŠs de que sus familias habĂan sido asesinadas. Cuando lo buscamos, muchos sobrevivientes hablan con gran franqueza sobre sus perĂodos. Tener o no tener un perĂodo puede dar forma a la experiencia diaria de los campamentos.
Experimentos forzados:
Los historiadores mĂŠdicos, por ejemplo, han explorado los experimentos forzados de esterilizaciĂłn realizados en Auschwitz. Sabine Hildebrandt examinĂł la investigaciĂłn del patĂłlogo Hermann Stieve, quien experimentĂł con prisioneras polĂticas que esperaban su ejecuciĂłn en PlĂśtzensee. Stieve mirĂł el efecto del estrĂŠs en el sistema reproductivo. Del mismo modo, Anna HĂĄjkovĂĄ ha escrito sobre la investigaciĂłn del prisionero y mĂŠdico judĂa Theresienstadt FrantiĹĄek Bass sobre la amenorrea, la pĂŠrdida de la menstruaciĂłn, que se centrĂł en cĂłmo fue causada por el shock del encarcelamiento. Curiosamente, sin embargo, casi todas estas investigaciones discutieron la ovulaciĂłn (y su falta) en lugar de la menstruaciĂłn,
Dejar de menstruar:
DespuĂŠs de la deportaciĂłn a campamentos y ghettos, debido a la desnutriciĂłn y el shock, un nĂşmero significativo de mujeres vĂctimas del Holocausto en edad reproductiva dejĂł de menstruar. Muchos temĂan que los dejaran infĂŠrtiles despuĂŠs de que sus cuerpos se vieran obligados a alcanzar sus lĂmites, lo que hacĂa evidente el vĂnculo intrĂnseco entre los perĂodos y la fertilidad, y era cada vez mĂĄs fundamental para sus vidas. Gerda Weissman, originaria de Bielsko en Polonia y de 15 aĂąos de edad durante su encarcelamiento, luego reflexionĂł que una razĂłn clave por la que querĂa sobrevivir era porque querĂa tener hijos. Ella lo describiĂł como âuna obsesiĂłnâ. Del mismo modo, la publicista francesa, luchadora de la resistencia y sobreviviente de Auschwitz, Charlotte Delbo menciona una discusiĂłn que tuvo lugar en una sala llena de mujeres:
Es molesto no pasar por ese perĂodo impuro ⌠Empiezas a sentirte como una mujer mayor. TĂmidamente, Big Irene preguntĂł: âÂżY si nunca vuelven despuĂŠs?â Ante sus palabras, una oleada de horror se apoderĂł de nosotras ⌠Los catĂłlicos cruzaron sobre sĂ mismos, otros recitaron el Shema; todos trataron de exorcizar esta maldiciĂłn que los alemanes mantenĂan sobre nosotros: la esterilidad. ÂżCĂłmo se puede dormir despuĂŠs de eso?
Estas reacciones reflejaron la diversidad religiosa y cultural, mostrando que, independientemente de la fe, la cultura o la nacionalidad, era una preocupaciĂłn con la que todos podĂan relacionarse. El historiador de la literatura sobre el Holocausto, S. Lillian Kremer, sostuvo que, ademĂĄs del temor de volverse infĂŠrtil, la incertidumbre de los prisioneros sobre si su fertilidad regresarĂa si sobrevivieran hizo que la pĂŠrdida de la menstruaciĂłn fuera un âataque psicolĂłgico dualâ a la identidad femenina.
Al entrar en el campamento, los prisioneros recibieron ropa sin forma y les afeitaron la cabeza. Perdieron peso, incluso de sus caderas y senos, dos ĂĄreas comĂşnmente asociadas con la feminidad. Los testimonios orales y las memorias muestran que todos estos cambios los obligaron a cuestionar sus identidades. Al reflexionar sobre su tiempo en Auschwitz, Erna Rubinstein, una judĂa polaca que tenĂa 17 aĂąos cuando estaba en los campos, preguntĂł en su memoria, La sobreviviente en todos nosotros: cuatro hermanas jĂłvenes en el Holocausto (1986): âÂżQuĂŠ es una mujer sin ella? ÂżGloria en su cabeza, sin pelo? ÂżUna mujer que no menstrĂşa?â
HumillaciĂłn por lucha de trapos:
Solo debido a la comercializaciĂłn de un acontecimiento fĂsico natural, ahora contamos con recursos tales como almohadillas y tampones que estĂĄn especĂficamente diseĂąados para aliviar el âinconvenienteâ de la menstruaciĂłn. TĂŠrminos tales como âequipo sanitarioâ muestran que la menstruaciĂłn se trata como un problema de salud e higiene, algo que se debe sanear. Sin embargo, la realidad de los campamentos significaba que la menstruaciĂłn era difĂcil de evitar u ocultar. Su repentina naturaleza pĂşblica tomĂł a muchas mujeres por sorpresa y las hizo sentir alienadas. Un obstĂĄculo adicional fue la falta de trapos y la falta de oportunidades para lavarse. Trude Levi, una maestra de guarderĂa judĂo-hĂşngara, luego de 20 aĂąos, recordĂł mĂĄs tarde: âNo tenĂamos agua para lavarnos, no tenĂamos ropa interiorâ. No podrĂamos ir a ninguna parte. Todo se apegĂł a nosotros, y para mĂ, eso fue quizĂĄs lo mĂĄs deshumanizante de todo. âMuchas mujeres han hablado sobre cĂłmo la menstruaciĂłn sin acceso a los suministros las hizo sentir infrahumanas. Es la 'suciedadâ especĂfica de la menstruaciĂłn mĂĄs que cualquier otra suciedad, y el hecho de que su sangre menstrual los marcĂł como mujeres, lo que hizo que estas mujeres se sintieran como si fueran el nivel mĂĄs bajo de la humanidad.
La humillaciĂłn fue promovida por la lucha por encontrar trapos. Julia Lentini, una romani de 17 aĂąos de Biedenkopf en Alemania, pasĂł los meses de verano viajando por el paĂs con sus padres y 14 hermanos. La colocaron en los detalles de la cocina durante su tiempo en Auschwitz-Birkenau y mĂĄs tarde en Schlieben. Ella comenta en su testimonio cĂłmo las mujeres tuvieron que aprender trucos para sobrevivir cuando se trataba de la menstruaciĂłn en los campos. âTomaste la prenda interior que te dieron, la arrancaron y te hiciste pequeĂąos trapos, y guardaste esos pequeĂąos trapos como si fueran de oro ⌠Los enjuagaste un poco, los pusiste debajo del colchĂłn y los secaste, entonces nadie mĂĄs podrĂa robarlos. pequeĂąos trapos. Los trapos eran preciosos y, siendo asĂ, no eran inmunes al robo. Algunas personas compensan con el uso de otros materiales. Gerda Weissman recuerda: 'Fue algo difĂcil porque no tenĂas provisiones que sabes. TenĂas que encontrar pequeĂąos trozos de papel y algunas cosas de debajo de los aseos.
Se podrĂa considerar que los trapos tienen su propia microeconomĂa. AdemĂĄs de ser robados, fueron entregados, prestados y comercializados. El testimonio de Elizabeth Feldman de Jong destaca el valor de los trapos de segunda mano. No mucho despuĂŠs de que ella llegara a Auschwitz, sus perĂodos desaparecieron. Su hermana, sin embargo, continuĂł menstruando cada mes. Los experimentos que involucraban inyecciones en el Ăştero eran comunes, pero si una mujer estaba en su perĂodo, los mĂŠdicos a menudo evitaban la operaciĂłn porque la consideraban demasiado desordenada. Un dĂa, Elizabeth fue llamada para tener una operaciĂłn. No habĂa ropa limpia, ya que las oportunidades para lavarse eran limitadas, por lo que Elizabeth se puso la ropa interior de su hermana y le mostrĂł al mĂŠdico, diciĂŠndole que tenĂa su perĂodo. Se negĂł a operar.
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Puedes ver mĂĄs artĂculos cĂłmo este aquĂ.
























