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I più grandi alleati della "vittoria Trump" e della destra che avanza imperterrita in Europa, sono i coglioni - con la laurea o no! - che danno dell'ignorante a chi voti a destra. La GENTE SANA vuole la destra dura perché non c'è una sinistra: non puoi chiamare "sinistra" un cumulo di stronzi pieni di merda, come quelli del PD, che parlano di multiculturalismo, portando la guerra fra religioni sotto le nostre finestre; un cumulo di stronzi che ha peggiorato la vita di gay e donne in Italia.
Cornelius Castoriadis
Por Joakim Andersen
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
La izquierda de 1960 y 1970, la «Nueva Izquierda», tenía a menudo un nivel intelectual que la distinguía de la «izquierda» contemporánea. Muchos de los pensadores interesantes del periodo también se movieron más allá de la dicotomía histórica derecha-izquierda. Entre mis favoritos se encuentran Ivan Illich y Hannah Arendt. Sus ideas pueden aplicarse hoy en día independientemente de la afiliación ideológica.
Algunas de las formas más avanzadas de la otra teoría política, el socialismo, también pertenecen a este periodo. El situacionismo es una de ellas, al igual que los círculos en torno a Telos y Socialisme ou Barbarie («socialismo o barbarie»). Al principio, estos últimos se volvieron contra el leninismo y el trotskismo, redescubriendo en su lugar a importantes predecesores como los Socialistas del Consejo y Amadeo Bordiga. Poco a poco, su principal figura, Cornelius Castoriadis, también criticó el marxismo.
Castoriadis
“...la historia es el dominio del riesgo y de la tragedia”.
- Castoriadis
Castoriadis (1922-1997) sigue siendo un pensador relevante en muchos sentidos. Temas valiosos son, en particular, la sociedad autónoma, las condiciones de la democracia y la colonización del imaginario social. Aquí se pueden establecer comparaciones fructíferas con la nueva derecha en torno a Alain de Benoist, también centrada en la democracia real y la colonización de la conciencia colectiva (incluida la «pensée unique»).
Al igual que la mencionada Hannah Arendt, Castoriadis volvió a los antiguos griegos, en particular a la ciudad-estado democrática. A menudo contraponía «los modernos» a «los antiguos griegos», normalmente poniéndose del lado de estos últimos. Era consciente de que una época pasada no puede imitarse sin más, pero uno puede inspirarse en ella. Castoriadis define la sociedad autónoma: Es el proyecto de una sociedad en la que todos los ciudadanos tienen una posibilidad igual, efectivamente real, de participar en la legislación, en el gobierno, en la jurisdicción y, finalmente, en la institución de la sociedad.
En resumen, una sociedad autónoma es aquella que se gobierna a sí misma, y es consciente de ello. Existe aquí una tensión entre los griegos y las religiones de Oriente Medio, que en cambio imaginan que las reglas de la sociedad proceden, por ejemplo, de un libro sagrado. Esta distinción debería interesar a los lectores paganos de Castoriadis. Castoriadis califica de autónoma a una sociedad que se gobierna a sí misma y de heterónoma a una sociedad que coloca su liderazgo en otro lugar.
Al mismo tiempo, muestra el vínculo entre el ideal autónomo y la democracia griega. Se trataba de una democracia muy directa y participativa. Los funcionarios se elegían a menudo por sorteo y en algunos casos por elección si se requerían conocimientos especializados. La diferencia entre una democracia tan directa y nuestra propia «democracia» es significativa. Castoriadis señala, entre otras cosas, que los griegos no creían en la representación. Sobre nuestro sistema político escribe: “Nuestros regímenes se llaman erróneamente democráticos, cuando lo que realmente son es oligarquías liberales”.
Hay aquí un elemento adicional que debería hacer interesante a Castoriadis para los lectores más identitarios. Aborda la diferencia entre pueblo y país. En los textos antiguos, normalmente no se dice que «Atenas» hizo esto o aquello. En su lugar, son los «atenienses» quienes lo hacen. La diferencia es fundamental. «Atenas» es un fantasma de la mente, en palabras de Max Stirner, mientras que “los atenienses” son una realidad colectiva.
Al mismo tiempo, Castoriadis es consciente de que la mayoría de las alternativas a nuestras oligarquías liberales son aún peores. Lo que él subraya, sin embargo, es que las libertades que tenemos, la libertad de expresión, etc., son el resultado de la lucha popular. La consecuencia es que, si hay suficiente desinterés popular, serán abolidas.
Para Castoriadis, la democracia es un movimiento, un proceso continuo. Se muestra escéptico ante la pretensión de Marx de tener una «vista de pájaro» de la sociedad. «Por definición, formamos parte de la sociedad y no podemos permanecer fuera de ella».
“La democracia es la autoinstitución de la colectividad por la colectividad y es esta autoinstitución como movimiento”.
- Castoriadis
Las condiciones de la democracia
“...en la sociedad contemporánea se ha producido una profunda experiencia de degeneración de las organizaciones políticas. No se trata sólo de su degeneración organizativa, de su burocratización, sino también de su práctica, del hecho de que estas organizaciones «políticas» no tienen nada que ver con la verdadera política, que su única preocupación es penetrar en o apoderarse del aparato del Estado”.
- Castoriadis
El legado de los griegos revivió en la Edad Media con la revuelta de las comunas libres. Todavía está disponible, basta con abrir un libro de historia o teclear el término de búsqueda apropiado en Internet. Pero seguimos viviendo en el liberalismo oligárquico. ¿Cómo es posible? Donde Atenas se caracterizó por un largo periodo de participación antes de que se produjera la degeneración, nuestra época se caracteriza por largos periodos de apatía, interrumpidos por violentas revoluciones. ¿Por qué nuestras sociedades no son autónomas?
El examen que hace Castoriadis de este misterio es muy valioso porque nos recuerda las condiciones aristocráticas de la democracia. Se necesita un cierto tipo de persona y esto no viene dado. La educación desempeña un papel importante; la persona que es capaz y está dispuesta a participar en el gobierno, que puede «dirigir y ser dirigida», primero debe ser educada: “No puede haber sociedad democrática sin paideia democrática”.
La persona que puede participar en la sociedad autónoma, o ayudar a crearla, debe tener también la capacidad y la voluntad de reflexionar: “La democracia es el régimen de la reflexividad política; ¿dónde está la reflexividad del individuo contemporáneo? ... Todo lo que tenemos aquí es una masa perpleja, que vive al día y sin horizonte, no una colectividad crítico-reflexiva”.
El hombre masa no es capaz, a largo plazo, de sostener una sociedad autónoma o, en cualquier sentido real, democrática. Esto es, de paso, lo que estamos presenciando actualmente. Es necesario un cambio de actitud hacia los bienes comunes; quizás Castoriadis reconozca aquí parte de la nocividad de la sociedad de consumo: “Pero lo que también y sobre todo es necesario es un cambio de actitud de los individuos hacia las instituciones y hacia los asuntos públicos, hacia la res publica, hacia lo que los griegos llamaban ta koina (asuntos comunes). Porque, hoy en día, el dominio de una oligarquía y la pasividad y privatización por parte del pueblo no son sino dos caras de la misma moneda”.
Esto explica también lo que él llama la degeneración de la revolución. Las revoluciones de los tiempos modernos han implicado a menudo que las masas se autoadministren durante un tiempo, pero luego esto ha sido sustituido por la dictadura. Un ejemplo es la supresión por los bolcheviques de los consejos de obreros, campesinos y soldados. La revolución podría conducir a la sociedad autónoma, pero se requiere una conciencia diferente.
Capitalismo y colonización
“A la cultura oficial – que parece arrastrarlo todo a su descomposición – no se opone ninguna cultura nueva ni ninguna cultura popular auténtica”.
- Castoriadis
Basándose en la tradición postfreudiana, Castoriadis también habla del imaginario social. Se refiere a nuestras ideas colectivas, desde lo que es una buena vida hasta cómo es una buena persona. Este imaginario común está colonizado en los tiempos modernos por el capitalismo (a través de la publicidad, etc.) Una consecuencia de ello es lo que Castoriadis llama privatización, que hace imposible la autonomía. No se refiere a la venta de los bienes comunes, sino a la atomización de los individuos. Castoriadis identifica la sociedad de consumo y su visión del mundo como parte central del problema: “El imaginario capitalista ha penetrado finalmente en la gente: el objetivo de la vida humana sería la expansión ilimitada de la producción y el consumo, el llamado bienestar material, etc., como resultado de lo cual la población está totalmente privatizada”.
Aquí también critica una cosmovisión materialista, en la que lo importante parecen ser las cosas y no la acción conjunta con otras personas. El homo economicus sustituye al zoon politikon. Cuando describe los requisitos de la democracia ateniense, también vuelve sobre cuestiones como el honor y el deseo de ser respetado por los demás. Por ejemplo, el ciudadano era también soldado.
Pero el capitalismo socava sus propias condiciones, en forma de capital social y cultural heredado. Necesita funcionarios honrados y similares, pero éstos desaparecen con el tiempo. Castoriadis escribe sobre el ciudadano democrático, sin el cual «la sociedad liberal burócrata weberiana honesta y legalista no puede funcionar». Ahora bien, me parece evidente que la sociedad actual ya no es capaz de reproducir estos tipos. Produce básicamente al codicioso, al frustrado y al conformista».
En general, a veces se muestra pesimista. También es crítico con el marxismo: en la historia de los movimientos obreros ha habido muchos intentos de autonomía, pero han sido saboteados por el utopismo de los marxistas y sus pretensiones de poder predecir el futuro. Castoriadis también señala, al igual que Spengler, que el marxismo introduce los mitos del capitalismo (materialismo, visión lineal de la historia, etc.) en el movimiento obrero por la puerta de atrás.
También es muy interesante el uso que hace Castoriadis de conceptos antiguos para analizar el totalitarismo y la sociedad libre: “Retomando los términos griegos antiguos, hay que distinguir entre el oikos (el hogar, la esfera privada), la ekklçsia (la asamblea popular, la esfera pública) y el ágora (el «mercado» y el lugar de reunión, la esfera pública/privada). En el totalitarismo, las tres esferas están totalmente fusionadas. En la oligarquía liberal, existe una dominación más o menos clara de la esfera pública por una parte de la esfera pública/privada (el «mercado», la economía) y la eliminación del carácter efectivamente público de la esfera pública (carácter privado y secreto del Estado contemporáneo)”.
Castoriadis políticamente incorrecto
“El racismo existe desde hace mucho tiempo, si no desde siempre. Pero hay que comprender qué es lo que lo reaviva hoy en su forma virulenta. Hay una crisis general de civilización, una crisis de significados, algo que el vacío de la sociedad de consumo obviamente no puede superar. De forma confusa, la gente busca un sentido. Algunos se vuelven de nuevo hacia la religión, otros toman una dirección racista. El sinsentido del racismo tiene un sentido aparente: cuando uno no puede definirse en términos positivos, se define a través del odio al otro”.
- Castoriadis
Una crítica cultural tan amplia y profunda como la de Castoriadis roza lo políticamente incorrecto. El llamado «progreso» parece más bien efímero si, al mismo tiempo, nos alejamos cada vez más de las sociedades autónomas.
El escepticismo de Castoriadis respecto a la religión le llevó a considerar problemático el Islam; habla de él como una de las diversas «fuerzas de reacción esencialmente antidemocráticas». La sociedad autónoma y democrática tampoco permite una diversidad excesiva. Castoriadis identifica la resistencia a la inmigración como fundamental política y culturalmente, además de ver el multiculturalismo como una ingenuidad. Escribe: “No creo en la cháchara actual sobre la coexistencia de cualquier cultura en su diversidad. Eso fue posible – en una medida bastante pequeña, por otra parte – en el pasado dentro de un contexto político totalmente diferente, básicamente en el que los derechos de quienes no pertenecían a la cultura dominante – judíos y cristianos en tierras islámicas – estaban limitados. Pero nosotros proclamamos la igualdad de derechos para todos (aunque la situación real es otra). Esto implica que el cuerpo político comparte una base común de convicciones básicas”.
Esto significa que, como inmigrante, tienes que elegir: “Los musulmanes sólo pueden vivir en Francia en la medida en que, de hecho, acepten no ser musulmanes en una serie de puntos (derecho de familia, derecho penal). A este nivel, un mínimo de asimilación es indispensable e inevitable y, además, se está produciendo de hecho”.
Al mismo tiempo, Castoriadis se opone a las formas abiertamente ideológicas de etnomasoquismo. Escribe sobre esas formas de culpa colectiva: “Los árabes se presentan ahora como las eternas víctimas de Occidente. Es un mito grotesco. Los árabes han sido, desde los tiempos de Mahoma, una nación conquistadora, que se expandió por Asia, África y Europa (España, Sicilia, Creta) mediante la arabización de las poblaciones conquistadas. ¿Cuántos «árabes» había en Egipto a principios del siglo VII? ... Luego fueron dominados a su vez por los turcos durante más de cuatro siglos. La semicolonización occidental duró, en el peor de los casos (Argelia), sólo ciento treinta años, en otros mucho menos... Nunca he visto a un árabe ni a ningún musulmán realizar su «autocrítica», la crítica de su cultura desde este punto de vista”.
Ve muy posible que los árabes y los musulmanes formen parte de sociedades autónomas. Aquí son interesantes las similitudes con Jean Thiriart. Comparar lo que escribía Castoriadis hace unas décadas con la «izquierda» políticamente correcta de hoy sugiere algo sobre el rigor teórico y la libertad de pensamiento que se han perdido y han sido sustituidos por una ideología más primitiva. Castoriadis podría analizar fácilmente la inmigración desde una perspectiva política, centrándose en su compatibilidad con la sociedad autónoma. La corrección política ha sido un veneno incluso para la «izquierda».
Lo que sigue siendo valioso es su interés por la democracia real y su análisis de la colonización de nuestros sueños por el capitalismo. Esta democracia real trae a la mente no sólo Atenas, sino también la comuna campesina germánica, la parroquia y la Thing germánica, así como Suiza. Hay aquí similitudes con de Benoist y la Nueva Derecha. El análisis de Castoriadis sobre cómo el capitalismo colonizó el «imaginario social» también recuerda a la disección de la «Sociedad del Espectáculo» por parte de los situacionistas y al enfoque de De Benoist sobre la necesidad de una nueva cultura.
En general, es bastante pesado teóricamente, pero su análisis de la sociedad moderna tardía tiene un valor inestimable. Desde una perspectiva más conservadora o tradicional, sus ideales autónomos deben equilibrarse un poco para no rayar en la autoidolatría de la sociedad moderna. Pero como punto de partida para un análisis objetivo de cómo funciona realmente el parlamentarismo, es gratificante, sobre todo cuando caracteriza nuestras sociedades como oligarquías.
Fuente: https://motpol.nu/oskorei/2015/03/21/cornelius-castoriadis/
As muitas faces da cristofobia
Confesso que venho contendo-me em opinar sobre qualquer coisa que as turbas cibernéticas discutam aos borbotões com aquela sempre pose de autoridade no assunto. Mas não poderia me furtar sobre o tema cristofobia, especialmente quando chegam a mim conteúdos produzidos por pessoas que tenho amizade ou tivemos profundas afeições em algum tempo, vide aqueles que se utilizam da crítica ao cristianismo como contraponto unilateral a realidade da cristofobia.
O termo Cristofobia se tornou o assunto do momento, graças a uma declaração do PR Jair Bolsonaro que, embora pareça uma má aplicação do termo (como alguns sugerem), no contexto das Nações Unidas (ONU), faz muito sentido quando temos em alguns países o cerceamento da liberdade religiosa. Isto se quisermos reduzir o termo à liberdade religiosa, privada à cristãos pelo mundo, como dão conta as informações de organizações como a Portas Abertas entre outras.
O tema foi acirrado com os protestos que ocorreram no Chile onde igrejas católicas foram queimadas e, a meu ver, o que evidencia mais ainda a realidade da cristofobia. Ora, é óbvio que houve ali um vandalismo. O que se não pode negar (embora assim o façam), é o que estar por trás do vandalismo.
Em muitos casos, o termo arranjado como cortina de fumaça à realidade da cristofobia, é o anticlericalismo. Termo que faz bastante sentido no Chile, se levado em conta as dezenas de denúncias de pedofilia feitas aos padres católicos naquele país; ou para um prefeito no interior da França impedir que árvores como o Pinheiro sejam erguidas durante o natal simplesmente sob o pretexto de se evitar crueldade com as árvores ou por representarem a nova lepra na França: ser católico ou cristão.
É razoável até que se produzam termos similares ao anticlericalismo pela única razão realmente consistente: negar a realidade de que existe um repúdio crescente e travestido de laicidade contra o cristianismo no mundo- especialmente no ocidente.
A negação, contudo, se dá graças ao empenho cultural em contrapor as ideias pavimentadas na tradição cristã, custe o que custar, independente do labor que as construíram ou de como contribuíram com o processo civilizacional. Quando não, é feita em nome de um multiculturalismo pela igualdade entre os povos.
Um aspecto importantíssimo nessa guerra contra a tradição cristã é o da crítica para-eclesiástica, que usa o trauma e a experiência pessoais como fonte de crítica. Além daquela hermenêutica da história, com aparente relevância, como a que cristaliza no tempo a história da igreja no terceiro século com o imperador Constantino, apresentando-se como respaldo único à resposta para as perversões sugeridas entre um cristianismo primitivo (apostólico) e um cristianismo organizado, quaisquer que sejam às suas vertentes.
A relevância desse tipo de crítica é frágil, pois, ao passo que ignora a realidade humana (de ser humano) e a põe meramente nas estruturas eclesiais como pervertedor-mor, acaba de servir como adubo para a rejeição a toda forma de cristianismo, independentemente de seu matiz, dissidência, ou da consistência que se tenha.
No Brasil esse aspecto cresce bem representado, ganhando ressonância nas redes sociais que por sinal é o ambiente ideal para esconder a covardia e para dissimular as variadas intenções de seus postulantes, como a de abocanhar seguidores através de frases de efeito ou textões “descolados” sobre um cristianismo apresentado como contemporâneo ao sabor dos paladares de artistas famosos, de políticos ideólogos (de preferência de esquerda, claro!) e bem menos o da sinagoga de Cafarnaum que se oferecia como pão vivo para a vida eterna- um escândalo para quem procura cada vez mais um Jesus da terra, que ressuscita ao grito do povão ( e não por obra do Pai) e que levanta bandeiras do pão terreno nas lives, por aí afora, a fim de arrebanhar séquitos do personalismo e da ignorância.
Podemos considerar a realidade da cristofobia, sem desprezar o fato que é o ridículo exposto pelo evangelicalismo brasileiro, seja pelas suas expressões manipuladoras, mercadológicas em nome de Deus, ou mesmo através da débil atuação da bancada evangélica na política. O que não podemos ignorar de forma nenhuma é que: existe uma guerra cultural em curso porque esse é o campo onde o Diabo sabe trabalhar melhor que qualquer órgão ou governo.
Como ouvi certa feita não me recordo onde: “o poder preza o dinheiro na carteira. Mas a carteira do diabo são pessoas”. Portanto, o desprezo a tradição cristã é só o passaporte para uma rejeição cada vez mais crescente a fé cristã. Rejeição que faz todo sentido para uma religião predominante, menos para a islamização ou imposição de qualquer outra, graças ao multiculturalismo.
Fernando Lima.
“ A un viaggiatore di passaggio, questo 3 ottobre a Bolzano o in mezzo alle Dolomiti deve sembrare solo una bellissima giornata di questo incredibile e limpido autunno. Ma per chi ci vive, può essere una data fatidica: oggi, infatti, è l’ultimo giorno utile per «pentirsi» concesso a coloro che nel 1981 si sono sottratti alla schedatura etnica connessa, localmente, al censimento generale della popolazione. 5.000 apolidi etnici, che hanno rifiutato di schierarsi con il gruppo tedesco o italiano o ladino, perché non vogliono o non possono riconoscersi in alcuna delle tre gabbie etniche predisposte, come qui vengono polemicamente chiamate, devono entro oggi decidere se essere banditi da ogni carica pubblica, alloggio popolare, esame di bilinguismo e beneficio sociale, o se sottomettersi ad una ferrea costrizione che in provincia di Bolzano per legge dello stato italiano pretende di affibbiare la sua tessera etnica ad ognuno, pena l’esclusione dalla vita sociale regolamentata. Per chi oggi non «si dichiara», il primo treno utile – ribadiscono alla Provincia Autonoma – passerà nel 1991 quando si prevede di effettuare il prossimo censimento etnico ed i renitenti potranno, se credono, cambiare idea. E gruppo linguistico. Non sono stati molti finora, a pentirsi: la Provincia parla di 290 recuperati alla fede italiana e di 260 battezzati nel rito tedesco, ma è possibile che le numerose ed autorevoli minacce contro gli «obiettori etnici» sortiscano i loro effetti su parecchi. Anche perché il «certificato di appartenenza al gruppo linguistico» come burocraticamente si chiama (sigla: certificato DAGL-SGZE), è diventato davvero la tessera del pane in Alto Adige, senza la quale si finisce nella marginalità, a meno di non essere indipendenti da ogni istituzione, certificato e credito. “
____________
Brano tratto dall’articolo Glockenkarkopf vuol dire Vetta d’Italia?, pubblicato su «Reporter», 3 ottobre 1985, quindi raccolto in:
Alexander Langer, Il viaggiatore leggero. Scritti 1961-1995, a cura di Edi Rabini e Adriano Sofri, introduzione di Goffredo Fofi, Sellerio editore, Palermo, 1996.

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André Dahmer
L'assessore al sociale ha risposto all'interrogazione della Lega Nord sul progetto d'integrazione del nucleo Helt e sui costi sostenuti dal Comune dal '91 ad oggi
da “Il Giornale di Vicenza” del 4 ottobre 2017
«SCHIO (VI). In 26 anni spesi oltre 300 mila euro per il progetto di integrazione di una famiglia di origine sinti nel territorio scledense, gli Helt. Un nome conosciuto in Comune per l'ampio ventaglio di assistenza sociale offerta nel tempo, ma altrettanto noto alle forze dell'ordine per i reati di cui alcuni membri della famiglia, in origine composta da madre, padre e 13 figli, si sono macchiati a più riprese.
Il bilancio economico è stato richiesto durante il consiglio comunale di lunedì con un'interrogazione del capogruppo consiliare Alessandro Gori (Lega nord), che ha considerato come «il progetto, sostenuto con forza per lunghi anni dall'allora assessore al sociale, risulta di fatto fallito. Quali sono stati i risultati a fronte dell'impegno economico? Ad oggi praticamente tutti i membri della famiglia si sono allontanati dal nostro territorio, la matriarca è reclusa in carcere e il figlio si è suicidato. Numerosi i furti a loro carico, episodi di violenza e perfino tentato stupro. Quando vivevano al Caile, il Comune aveva perfino installato un cassonetto per i rifiuti apposta per loro poiché non facevano la differenziata. Nell'insieme quanto è stato speso per questo percorso di integrazione? E quali i risultati sociali, occupazionali e scolastici ottenuti?».
A rispondere ci ha pensato l'assessore al sociale Cristina Marigo, con pagine di dati sottomano reperiti dagli uffici comunali. «Per quanto riguarda i contributi diretti per nuclei familiari in difficoltà, come ad esempio sostegno nelle bollette o trasporto scolastico, dal 1991 al 2014 sono stati spesi 48 mila 700 euro. Successivamente all'insediamento della nostra Amministrazione, dal 2014 ad oggi sono ulteriori 3900 euro. Per gli immobili da loro utilizzati, l'area di sosta attrezzata in zona industriale in cui sono stati dal 2004 al 2009 è costata 40 mila euro d'allestimento iniziale 40 mila con l'aggiunta di 6 mila euro annui a copertura di manutenzioni, gestione, rapporti di vicinato. Poi altri 65 mila euro sono stati spesi per la sistemazione della casa al Caile in cui hanno vissuto prima di ottenere l'alloggio popolare». Numerose le forze umane che si sono spese nel progetto, tra Ulss, cooperative, distretto sanitario, parrocchie e associazioni. Non ultimo il Comune con una serie di misure assistenziali ed interventi mirati vari, soprattutto in ambito socio-educativo con i minori. «Il costo complessivo in questo senso è stato di 138 mila euro fino al 2014, poi fino ad oggi 1350 euro».
La panoramica sui risultati scolastici ha mostrato che tutti i figli sono arrivati alla licenza media, tranne uno che ha ottenuto un attestato al centro di formazione professionale. Quelli di tipo occupazionale invece parlano di cinque contratti di lavoro per i componenti del nucleo originario, più un paio per i mariti. Anche la capofamiglia Lucia Helt aveva un lavoro a tempo indeterminato, interrotto a seguito della condanna per concorso in omicidio di un altro nomade, mentre il figlio Carlo, esecutore materiale dell'assassinio, si è tolto la vita in prigione. «Altri figli sono emigrati anche fuori provincia - ha concluso l'assessore -. Solo tre sono ancora a Schio: questi sembrano aver accettato il percorso e i risultati si vedranno probabilmente sui loro figli che vanno regolarmente a scuola. L'assistenza non si nega a nessuno che ne abbia bisogno, in particolare in presenza di minori, ma purtroppo l'integrazione deve essere voluta da tutte e due le parti».
Silvia Dal Ceredo
“Sono i mancati progetti e percorsi di integrazione e l’esclusione dalla società che favoriscono la criminalità e l’emarginazione di alcuni individui”. Benissimo: questo caso come va inquadrato? Mancata, scarsa, carente, inadeguata insufficiente integrazione? Metodi sbagliati?
Commenti graditissimi come sempre, pro o contro, ma solo se suffragati da fatti e serie proposte alternative. Ogni pistolotto da massimi sistemi, che parte per la tangente, non verrà nemmeno considerato. Grazie in anticipo.
Francia le hizo creer a su padre que si abrazaba su cultura universal, le abriría los brazos de par en par, como a cualquiera de sus hijos. Bonitas promesas hipócritas, pero los árabes titulados siguieron siendo los moros de la República y los dejaron discretamente a las puertas de las grandes instituciones. Para una hija, nada es más intolerable que ver que han engañado a su padre—salvo, quizá, descubrir que se lo creyó. Timaron a su padre. Le hicieron creer que en la República todo depende del mérito, que se recompensa la excelencia, le hicieron creer que en un sistema laico todos los hombres eran iguales. Para luego cerrarle las puertas en las narices, una a una, y prohibirle que se quejara. Aquí no hay sentido de la comunidad. Pero siempre llega el momento en que hay que escribir el apellido—esa antillave maestra gracias a la cual los pisos ya no se alquilaban, ya no se podía presentar candidatura a una plaza, y la agenda del dentista estaba demasiado cargada para aceptar una visita. Decían integraos, y a los que lo intentaban les decían pero ya veis que no sois de los nuestros.
Vernon Subutex 1, Virginie Despentes