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Passo Gardena
1,416 likes, 65 comments - giroilmondoingiro on June 5, 2026: "🏞️💚La perla verde delle Dolomiti Venete🌿 Questo piccolo lago dalle acque tra

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Dolomitas de Südtirol
Julio 2026
Entre todos los sportives de bici que se anunciaron en el club el año pasado, figuraba uno en el norte de Italia que me llamó la atención. La “Maratona dles Dolomites” es un evento que como su nombre indica, transcurre en las montañas Dolomitas. Es un evento súper popular que requiere anotarse casi un año antes si se quiere participar y evitar el sorteo general (son ocho mil cupos para más de treinta mil aplicaciones de todo el mundo).
Como yo ese año ya me había anotado a otros eventos y aún no estaba familiarizado con ese tipo de rutas de montaña, la dejé pasar. Pero apenas vi las fotos de mis compañeros que la hicieron y luego de indagar más al respecto sobre el evento y esa región de Italia, quedé tan fascinado que decidí anotarme si o si para hacerla al año siguiente. Mejor aún, como la zona es tan hermosa decidimos armar unas vacaciones alrededor de eso, y quedarnos una semana más para explorar la región, hacer hiking en la montaña y por qué no, andar un poco más en bici e intentar hacer algunos de los pasos más populares y desafiantes en el mundo del ciclismo.
Para colmo en ese largo período entre que me anoté y el día de la carrera, mi hermano fue de vacaciones a la zona y me mandaba fotos, que sumadas a los mails de los organizadores y toda la planificación del viaje que hice en cuanto a dónde ir, qué ver y demás, hicieron que la manija y excitación se incrementen exponencialmente cada día un poco más, hasta el punto de volverse casi intolerable a medida que se aproximaba la fecha.
Finalmente tras varios meses de anticipación, llegó el día de viajar. El vuelo era uno de esos que sale ridículamente temprano, de los primeros del día a las 6am, lo cual implica llegar al aeropuerto a la madrugada y peor aún, casi no dormir nada la noche anterior. Y no solo por la manija que te mantiene despierto, si no que encima al tener que despachar la bici necesitaba llegar más temprano aún para hacer todo eso con tiempo y con el menor estrés posible.
El primer TOC del viaje se hizo realidad en base a mis temores que me mantuvieron despierto la noche previa. Yo había reservado con tiempo un taxi para ir al aeropuerto ya que no solo por el tamaño y peso de la valija de la bici sería un dolor de huevos de acarrear, si no que a esa hora del día ni siquiera funcionaban los trenes. Un día antes de viajar me contacté con la agencia de taxis para notificarles que iba a viajar con una valija grande, que me confirmen que el auto que iban a mandar iba a poder cargar con semejante armatoste, ya que en un auto cuatro puertas común sabía que no iba a entrar. Me pidieron que les mande una foto de la valija y las dimensiones, me dijeron que iban a chequear y luego me confirmaron que no habría problema. Momentos más tarde me llega la confirmación del viaje, googleo el auto mencionado y veo que es uno común sin mucho baúl, lo cual me dejó super intranquilo, pero como me habían “garantizado” que entraba dije bue… les daré el beneficio de la duda.
El auto estaba pedido para las 3am, pero anticipándome a cualquier eventualidad y sabiendo que siempre llegan un rato antes a buscarte, decidí asomarme a la puerta 10 minutos antes con la caja de la bici. Y que bueno que lo hice, porque tal como lo sospechaba, no entraba en el baúl ni siquiera rebatiendo los asientos.
El TOC se me disparó por los techos porque no había chance de perder ese vuelo. Me dió por las bolas porque me juraron y re juraron que iba a entrar y encima ya había pagado el viaje, y tener que recalcular y replanear toda la logística a esa hora de la madrugada, era un bajón. Pero como el TOC provee opciones, y ese era un escenario que ya había barajado en mi mente, antes de darles lugar a que me den mil vueltas y excusas y esperar a que manden a alguien con un auto apropiado, al toque abrí la app de Uber y pedí un XL que por suerte llegó en 5 minutos y que tenía espacio de sobra para la valija y demás equipaje. Al final que había reservado un taxi con tanta anticipación para evitar este tipo de inconvenientes y el stress de que no aparezca un Uber del tamaño necesario a esa hora de la madrugada por mi barrio, y mirá…
Por suerte llegamos al toque al aeropuerto y pudimos despachar todo con tiempo sin necesidad de andar a las corridas. Al llegar al destino me tuve que contactar con los otros inútiles para que me devuelvan la plata del viaje que no hicimos por su inoperancia, y por suerte luego de un par de idas y vueltas lo hicieron.
El vuelo transcurrió con normalidad y a horario. Aterrizamos en Venecia y mientras Cris se fumaba la larga fila en migraciones, yo aproveché las ventajas de la ciudadanía para entrar al toque y me fui directo al sector de equipajes a esperar mi bici a que sea entregada al sector de equipajes especiales. Me la trajeron boca abajo y quien sabe cuantas zamarreadas mas le habrán pegado, pero por suerte llegó todo en una pieza y no se rompió nada.
Para cuando levanté la bici, Cris ya había salido de migraciones y de ahí nos fuimos a buscar el auto que habíamos alquilado. Fue medio un chino encontrar la oficina del rental, las indicaciones no eran del todo claras y terminamos dando mil vueltas acarreando ese zocotroco de caja por todo el aeropuerto.
Finalmente las encontramos y levantamos el auto sin mayores eventualidades. Por suerte la bici entraba bien al bajarle los asientos así que luego de ponerme los cortos porque hacía un calor descomunal, emprendimos el viaje hacia el hotel en los Dolomitas.
El viaje hasta allí fue hermoso, íbamos viendo como las montañas se agrandaban progresivamente hasta tenerlas de frente en tu cara. Cuando llegamos a la región Dolomita, no dábamos crédito a nuestros ojos. Cada curva que tomábamos nos revelaba una nueva cara del cordón montañoso con los más dramáticos de los paisajes imaginables. Picos nevados, paredes de piedra de kilómetros de alto, lagos, valles muy verdes y pueblitos super pintorescos y antiguos. Todo el lugar tenía una vibra especial y extraordinaria, se sentía como estar dentro de un cuento de hadas o algo así de mágico e increíble.
El hotel era muy lindo y tenía un patio y un jardín con vista a las montañas, por lo que descargamos todo el equipaje y nos fuimos allí a tomar unos mates y relajarnos un rato.
Más tarde hicimos una caminata corta para explorar un poco la zona aledaña, pero estábamos muy rotos así que no nos exigimos mucho tampoco. Volvimos al hotel y me puse a armar mi bicicleta para asegurarme que haya sobrevivido al viaje y esté en óptimas condiciones para el evento, cosa que si necesitaba alguna reparación o algo, lo podía hacer con tiempo al día siguiente. Por suerte no hubo problemas y la dejé lista para salir a rodar por la mañana.
Ya habiendo atravesado la mayoría de los eventos estresantes de la jornada, no quedaba más por hacer que tomarse una birra y luego cenar e intentar dormir temprano para arrancar con todo al día siguiente.
Hay algo que me sucede siempre que me voy de vacaciones de este tipo y es que me cuesta bajar la ansiedad y la manija y los primeros dos o tres días no puedo dormir bien, o nada en absoluto. Esta vez no fue la excepción, y de hecho fue un nuevo récord ya que no pude dormir bien NINGÚN día de todo el viaje.
Estaba tan roto que para las 21:15 ya estaba dormido, pero con el agregado de haber cenado fuerte (el hotel era media pensión y la cena fancy estaba incluída) y entre que la habitación y la frazada era muy calurosa, a eso de las 3 am o antes me desperté y ya no pude dormir más. Luego de dar doscientas mil vueltas en la cama, se hicieron las 7am y ya me levanté. Como el desayuno se servía a partir de las 7:30 y ya estábamos arriba, fuimos a pedir agua para el mate y así poder arrancar el día como corresponde. Yo bajé ya cambiado y listo para salir a rodar post desayuno, y Cris se fue a caminar y explorar el pueblito y los senderos cercanos.
El hotel donde nos quedamos era, como muchos de la zona, super bike friendly, ya que el ciclismo es una actividad muy popular en la zona por obvios motivos. Tenía un garaje para bicis y herramientas para hacerles service. Fue de su mismo sitio web que bajé unas rutas para explorar que arrancaban ahí mismo del hotel. Elegí una cortita ya que solo quería probar la bici y no reventarme mucho que al día siguiente tenía la Maratona. Lo mejor es que era en dirección norte por donde la carrera no pasaba así que fue una buena manera de explorar otros lugares.
A los diez minutos nomas de andar ya salías de la ruta y te metías en caminos más tranquilos que atravesaban valles bordeando ríos y montañas hasta llegar al final de un parque donde terminaba el camino en un valle con vaquitas y animales sueltos y arrancaban varios senderos de hiking. Era una mañana soleada y hermosa, todos los paisajes eran increíbles por donde mirara y yo no salía de mi asombro. Todo el sueño y cansancio que sentía al despertar se evaporó en un instante. Iba pedaleando con una sonrisa de oreja a oreja, y mientras el aire fresco y puro de montaña me pegaba en la cara, me atravesaron un montón de pensamientos y sentimientos como una cachetada.
Pensaba en mi papá, en lo feliz y orgulloso que estaría de verme participar de la Maratona; pude visualizarlo viendo la transmisión de la RAI en su tele con mil canales con una sonrisa, y flasheando con los paisajes y la magnitud de todo el evento. También pensaba en mi fortuna, en cómo a pesar de vivir mi vida en un constante estado de ansiedad e incertidumbre, tuve el privilegio de poder irme a andar en bici al medio del paraíso. Es el tipo de cosas que cuando uno mira su propia vida años atrás no se lo hubiera imaginado ni en sueños, y me resultó importante recordar eso para poner todo el resto en perspectiva.
Mientras emprendía la vuelta con todas esas emociones encima, no pude evitar sentir un nudo en la garganta y unas lágrimas acumularse en mis ojos, pero eran lágrimas lindas, de nostalgia, emoción y apreciación.
Llegué al hotel, me di una ducha mientras esperaba que Cris vuelva de su passeggiata y emprendimos viaje hasta el pueblito de Badia que quedaba a unos 20 minutos, donde debía retirar el número y el starting kit de la carrera. Con la estadía del hotel teníamos incluídos pases de transporte para viajar gratis por toda la zona, y dado que no teníamos ganas de andar lidiando con subirse al auto, buscar y pagar estacionamiento, dar mil vueltas, etc, etc, nos tomamos el bondi que pasaba justo por la puerta y con mejor frecuencia que cualquier bondi de ciudad.
Llegamos a la Maratona Village y retiré mi kit. La verdad que al día de la fecha sigo impresionado con el “value for money” del evento y todas las cosas que te dan gratis incluídas con el ticket, que de por sí no es más caro que cualquier otro evento random en que no te dan ni un sticker. Acá te daban una mochila de tela esas con sogas, la cual adentro traía una camiseta de bici del evento y un chaleco abrigado ambos de calidad y marca premium y que de por sí solos ya cuestan más que el ticket en cuestión. También te daban dos botellas grandes de agua, un montón de muestras gratis de barritas de cereales, detergentes de ropa, bebidas deportivas, geles, de todo!! Además, el kit traía unos vouchers para canjear al completar la carrera y podías pedir dos platos de pasta, un postre, una birra y no se que más… la verdad que quedé impresionado por la calidad y organización del evento ya desde antes de arrancar.
Nos quedamos explorando la villa un rato, habían varios stands de los auspiciantes con cosas de bici, cosas de comida, café, bebidas, de todo! Pasamos por todos los stands y levantamos todas las muestras gratis que pudimos. Para ese entonces ya era mediodía y el hambre y el cansancio empezaban a pegar casi tan fuerte como el sol. Había considerado subir a un cable car (teleférico) que arrancaba desde ahí mismo, pero me parecía que iba a ser un montón de actividad y más aún al rayo del sol, así que lo cancelamos y fuimos a buscar un lugar para comer. La verdad que no había muchas opciones, y terminamos en el único de los dos lugares abiertos que encontramos y pedimos una pizza para compartir como para comer algo antes de volver y aprovechar la cena del hotel que se servía bien temprano para el horario que nosotros estamos habituados.
A eso de las 3 pm ya estábamos de vuelta. Si bien era temprano y sabía que las chances de dormir una siesta eran inexistentes, me sentía cansado de sueño y músculos y me estaba empezando a preocupar mi estado para el día siguiente, así que me tire en la cama aunque más no sea a estirar las piernas.
La cena se servía en horario súper europeo, a partir de las 19hs, pero en ese entorno resultaba conveniente ya que daba tiempo a digerir y acostarse temprano para levantarse aún más ridículamente temprano al otro día de la carrera. Luego de comer y antes de irme a dormir fui a chequear la bici porque sospechaba que la rueda delantera estaba un poco baja a la mañana cuando salí. Y que bueno que lo hice porque resultó estar pinchada, así que me puse a cambiar la cámara y luchar con el inflador pedorro que tenían ahí que no se agarraba bien a la válvula y se le escapaba todo el aire. Luego de resolver eso, colocarle el número y el chip a la bici y todo lo demás, la cargué en el auto para no tener que andar dando vueltas al otro día tan temprano y quedar listo para salir. Ahora sí, con todo listo y preocupado por mi estado de cansancio a sabiendas de que tampoco iba a dormir una chota esa noche, me fui a acostar a eso de las 10 pm, ya que debía levantarme a las 4 am para llegar a la largada a las 6 am… ¡que sacrificada la vida del ciclista!
Al pedo fue poner una alarma, porque tal como lo imaginaba para a las 2 am ya estaba despierto. Dí un par de vueltas hasta las 4 am, me cambié y me fui a desayunar, que por el día de la carrera lo habilitaron para los que participabamos entre las 4:15 y 5:30 y así llegar a tiempo al pueblo donde arrancaba el evento, a unos 20 min en auto (o un poco más para los que iban directo rodando con la bici).
Luego de desayunar nos juntamos con mi compañero del club con el que participamos que se estaba quedando en el mismo hotel (y dato de color, son vecinos nuestros y su esposa es la persona que nos cuidaba siempre los michis en casa cuando nos ibamos de viaje!), y arrancamos en caravana cada uno en su auto hasta el punto de largada. Llegamos al toque porque a esa hora el único tráfico en la ruta era la gente yendo a la Maratona, ya que los caminos del circuito que conectan los pueblos permanecen cerrados a los autos durante la duración del evento. Estacionamos por ahí y nos dirigimos al punto de largada, que estaba dividido en cuatro especie de jaulas de acuerdo al color que te tocaba en tu número de participante.
Ya solo de camino a la largada, viendo la cantidad de bicis que había me impresionó un montón. No se parecía a ningún evento de los que hice hasta ese momento, tanto por cantidad de participantes (alrededor de ocho mil!) como por la producción y organización. Resulta que la Maratona dles Dolomites no es sólo un evento de ciclismo, es una celebración de la región de la Alta Badia y de las costumbres y tradiciones Ladinas (los habitantes originarios de la zona). Es por esto que el evento es televisado por la RAI, el multimedio nacional italiano de radio y televisión que lo transmite en vivo durante 5 horas, con un despliegue de helicópteros, múltiples cámaras, notas, eventos, música y comentarios sobre los pasos de montaña y demás maravillas naturales de la zona.
Una vez posicionados en la línea de partida, esperamos unos treinta minutos al horario de largada y la manija era inevitable. Era una mañana fresca y hermosa, no había ni una sóla nube en el cielo y de fondo se apreciaba con claridad el paisaje que ya te mostraba un avance de lo que vendría. Por los parlantes se escuchaban los comentarios de la transmisión del evento que le hacían notas a ex ciclistas profesionales, pasaban música, comentaban un montón de cosas y te iban arengando. A cinco minutos de largar, la excitación era TOTAL.
6:30 am en punto arrancamos! Debido a la cantidad de gente, te van largando en tandas cada un minuto y vas rodando muy despacio y con cuidado hasta la línea oficial de largada, donde podías ver toda la producción del evento y de la transmisión. Ya sólo ver la línea de partida a lo lejos entre la muchedumbre me puso la piel de gallina. Y calculo que debe haber sido 100% por la adrenalina y la emoción, pero a pesar de no haber dormido mucho ni bien durante los tres días previos al evento, no me sentía para nada cansado y tenía las piernas frescas, cosa que me tenía preocupado por lo agotado que me sentía el día anterior. Yo sabía que mi manija no me iba a dejar tirado!!
Habiendo oficialmente cruzado la línea de partida, era momento de entrar en calor y hacer lo que vinimos a hacer! Voy a ser redundante y repetitivo de acá en adelante mencionando lo surreal de los paisajes, desde el kilómetro cero hasta el final, el dramatismo de las piedras, los valles, los picos nevados, los lagos, los pueblos, las vistas, todo, todo lo que veía por donde pasaba era absolutamente increíble, de un nivel de belleza que me emocionará de acá hasta el fin de mis días tan solo de recordarlo. Esa sensación se mantuvo presente y constante durante toda la carrera, era como pedalear en un sueño arriba de un unicornio flotando en una nube, no sé como más describirlo.
También es cierto que al largar del fondo y debido a la cantidad de participantes y de distintas habilidades, es todo medio un caos el andar esquivando millones de ciclistas, evitando a los Pogačar wannabes que se te cruzan para adelantarse por donde sea, algunos a veces te rozaban la rueda o pasaban peligrosamente cerca. “Occhio!” “A destra!” “A sinistra!” se escuchaba gritar todo el tiempo a medida que se te cruzaban y adelantaban aquellos que estaban muy preocupados por completar el evento en tiempo récord, lo cual claramente no era mi caso.
Si bien en cada salida me gusta desafiarme y pedalear empujando el límite de mis habilidades, éste ciertamente no era el evento para eso y fuí con eso en mente. Iba a tener la fortuna de andar por el medio del paraíso con los caminos cerrados a los autos para más placer, mirá si lo iba a desperdiciar compitiendo contra mi mismo! Quería absorber todo a mí alrededor, y eso fue exactamente lo que hice.
Una vez que completabas la primera subida del día (la primera de catorce!), el camino se despejaba bastante en el descenso y se empezaba a hacer más fácil el rodar al ritmo de tu preferencia. Durante toda la carrera pasas y sos pasado por bocha de gente, pero los caminos ya se destapan lo suficiente para maniobrar acorde.
Aprendiendo de experiencias pasadas y sabiendo que el evento estaba bien organizado, no llevé 200 kg de nutrición encima ya que había puestos de comida y agua lo suficientemente frecuentes como para ir recargando energías entre cada puesto y llevar encima sólo lo necesario para encarar las próximas subidas.
Toda la mañana transcurrió así, fascinado con los paisajes, tratando de sacar fotos y de absorberlo todo, parando en cada puesto a comer y sumergirse en la experiencia. Al pasar por algunos lugares remotos había gente alentando en las subidas con campanas y cencerros, como así también gente de los hospedajes que salían con bandejas con galletitas caseras y te las ofrecían al pasar. También había gente tocando música tradicional al pasar por algunos pueblos, y un mar de espectadores filmando obnubilados ante la magnitud de todo. En el camino me crucé con varios latinos, entre ellos Argentinos, Colombianos, Chilenos, de todo!
Mis compañeros que ya habían hecho la Maratona el año pasado me dijeron: “guardate energía para el Passo Giau!”. El Giau es un paso de montaña a 2300 metros de altura que demanda 10km de subida constante a una gradiente de casi el 10% con secciones del 15%. Para que se entienda en términos visuales, es el equivalente a subir 15 metros por cada 100. Algo así como subir el equivalente a tres o cuatro pisos de un edificio por cada cuadra recorrida.
Todo esto llega luego de haber completado más de la mitad del recorrido, cuando ya trepaste dos mil metros y estás lo suficientemente cansado como para sufrirlo… ¡es parte del desafío! La joda es que yo lo encaré bajo el rayo del sol del mediodía, que si bien por suerte hacía un día increíble, implicó una hora de trepada picante constante, mucha agua y dolor de espalda. Pero cabra de montaña no chilla, y fue tan demandante el subirlo como lo fue satisfactorio el llegar a la cima, donde aguardaba otro puesto de comida con unas vistas panorámicas que mis limitadas palabras no podrán nunca describir.
Una vez completado el Giau uno pensaría que lo peor ya pasó, pero aún aguardaban otras dos subidas de 11km de largo, que si bien no eran tan brutales como el Giau, a esa altura ya circulaba con poca nafta en el tanque y es ahí cuando empieza el juego mental de tu cerebro diciéndote que estás cansado, que te bajes de la bici, que no das más, que la vas a quedar ahí.
A esas voces en la mente se las calla a fuerza de pedaleada limpia, no importa que no sea fuerte ni rápido, sólamente hay que seguir haciendo girar los pedales a toda costa hasta que cambies el aire o llegues a la cima, lo que ocurra primero.
Para agregarle más condimento, la última subida del evento a tan sólo 1km de la llegada, es el Mur dl Giat (el Muro del Gato!) que es cortita, será una o dos cuadras nomas pero con una pendiente borderline cruel, del 20% o más, lo suficiente para poner a prueba tu fé y tu estabilidad mental a esa altura. Pero como mencioné antes, poné el cambio más liviano que tengas en tu bici y pase lo que pase NUNCA DEJES DE PEDALEAR! He visto varias personas literalmente bajarse de la bici en ese segmento y empujarla hasta la cima. Otros querían bajarse pero estaban tan cansados que casi se caen intentando desengancharse de los pedales. Si bien el evento ofrece tres rutas de distintas distancias (55, 108 y 138 km), es un verdadero testamento a la resiliencia.
Con todas las subidas completadas, sólo 1 km me separaba de la línea de llegada donde me esperaba Cris en la meta, cuya emoción y entusiasmo sobresaliente le valió que le den el micrófono los animadores del evento para que represente a la Argentina 😂 🇦🇷
Con muchísima emoción y felicidad finalmente crucé la meta. Al llegar te daban una medalla y una gorra muy lindas del evento. De ahí fui a dejar la bici en la guardería y luego directo a redimir esos vouchers de comida! Cris había conseguido un par más en el hotel, así que nos clavamos un montón de platos de pasta, birra, strudel, papitas, de todo!!
Nos quedamos comiendo y descansando por ahí y al rato llegó mi compañero luego de haberla sufrido un rato por la alergia (es un hombre grande de 65+ años). Ya comidos y parcialmente descansados, emprendimos el regreso hacia el auto. La carrera terminaba en un pueblo cercano pero distinto al de la largada, por lo que había que pedalear hasta allí para llegar ya que los caminos seguían cortados al tránsito. Eso implicaba que Cris tenía que volverse a pata hasta allí, pero por suerte no era muy lejos y había un sendero que te llevaba lejos de la ruta bordeando un río por el medio de la naturaleza así que no se hacía muy molesto tampoco.
Llegué al auto, cargué la bici y al rato me encontré con Cris en el centro del pueblo (donde los caminos ya estaban abiertos) y volvimos al hotel. Al llegar había una recepción en el jardín donde nos daban aperitivos, bocaditos y demás platos y productos regionales para celebrar la conclusión de la Maratona entre todos los participantes. La gente del hotel estaba vestida con vestimentas Ladinas tradicionales (similares a las alemanas de Bavaria) y estuvo todo muy rico y lindo. Luego una cena liviana y unas birras celebratorias para concluir una jornada épica de ensueños que superó las altas expectativas que tenía y fue todo simplemente perfecto.
Antes de acostarnos fuí a desarmar la bici nuevamente en su caja ya que al día siguiente teníamos que hacer checkout y trasladarnos a otro hospedaje en una zona un poco más al sur para poder seguir explorando la región los días siguientes.
Uno pensaría que tras 4 días sin dormir y luego de pedalear 138 km bajo el sol y subir más de 4000 metros de elevación uno dormiría largo, profundo y tendido, ¡pero no! A las 5:30 ya estaba despierto de nuevo… estúpido cerebro, déjame dormir!!!
En fin, a la mañana siguiente desayunamos tranquilos, hicimos las valijas, cargamos todo y seguimos viaje. Teníamos varios planes y opciones en el itinerario, pero lamentablemente algunas de ellas se encontraban bajo nuevas restricciones de visita de verano que empezaban a regir justo esa semana con el objetivo en teoría, de evitar el sobre turismo. Esto implicaba tener que reservar con bastante anticipación (y pagar) para estacionar en algunos lagos y parques, lo cual era una cagada por que te quitaba bastante flexibilidad a los planes, sobre todo para nosotros que no andábamos en camper van y necesitábamos hacer base en un lugar fijo. Yo había reservado ésto hace tiempo para hacer la caminata del Tre Cime al día siguiente, pero ese día en curso teníamos ganas de ir a Lago di Braies que quedaba de paso, pero sin reserva no podíamos y la alternativa era tomarse el bondi desde un pueblo, lo cual no era opción en ese momento por cuestiones de tiempo y traslado.
Decidimos entonces hacer otra ruta y visitar otro lago que quedaba de paso en camino a nuestro próximo hospedaje en Cadore. Tomamos la ruta escénica por el norte atravesando caminos internos de montaña y sus miradores. Todo transcurría con normalidad hasta que llegó el momento TOC número dos del viaje. De la nada se prendió en el tablero del auto un alerta de chequear el nivel de aceite. Cualquier persona normal la ignoraría y seguiría viaje hasta devolver el auto y que se encarguen ellos, pero dado que aún nos quedaba más de la mitad del viaje por delante y que las consecuencias de quedarse a pata si el auto se rompía en algún momento podrían ser un pijazo de dimensiones bíblicas, decidí ahorrarme todo el stress y aproveché que pasamos por un pueblo que tenía todas las amenidades necesarias para resolver cualquier eventualidad, y llamé a la agencia del auto para que me digan como proceder. Al principio me conectaron con el número de servicio de emergencia, les expliqué la situación, que no era una emergencia porque todo andaba bien, pero quería que me digan que onda para evitar que reviente el auto o que peor aún después me quieran hacer responsable a mí. Me dijeron que ese era el servicio de grúa nomás, que si quería me mandaban una, pero que se iban a llevar el auto y dejarme a pata (con todas las valijas encima)... No gracias máquina, dejá nomás. Me pasaron el número de la agencia en Venecia donde levantamos el auto y los llamamos mil veces, pero jamás nos atendieron. Ya hinchado las pelotas de la situación y la pérdida de tiempo, nos metimos en un servicentro y le mandé un litro de aceite que efectivamente le faltaba. No me podía permitir estar el resto del viaje con esa preocupación en la cabeza, ni tampoco lidiar con toda la mierda del seguro y alquiler que te piden recibos, facturas y comprobantes imposibles de conseguir en una situación de ese tipo. Si bien no correspondía que salga de mi bolsillo, mirá si por 20 mangos me iba a andar amargando las vacaciones! Por suerte eso solucionó el problema y no hubo ningún otro inconveniente hasta su futura devolución.
Siguiendo viaje, paramos en el Lago Dobbiaco a tomar unos mates. Era muy bonito, estaba al costado del pie de las montañas y tenía un sendero que lo bordeaba donde te contaban sobre todas las especies que habitaban el lugar.
Seguimos bajando hasta llegar a Cortina d’Ampezzo, una ciudad un poco más grande y cheta que fue sede de los últimos juegos olímpicos de invierno. Luego de dar unas vueltas para estacionar y con el calor que hacía, nos dirigimos directamente a buscar algún lugar para comer que esté abierto a esa hora, ya que muchos cerraban a las 14hs y si bien en el centro habían varios tourist traps abiertos, queríamos evitarlos porque eran caros y no valía la pena. Terminamos en un restaurante random que encontramos en Google Maps a unas dos o tres cuadras del centro. Nada del otro mundo, encima ya estaban cerrando y lo único del menú que nos dejaron elegir era (más) pizza, y tampoco pudimos explorar demasiado las variedades porque nos corrieron con que el pizzaiolo se quería ir a su casa… pero bueno, no estábamos en condiciones de ponernos pretenciosos a esa hora del día y con todo el hambre a cuestas. Igual estuvo bien la pizza. Caminamos un poquito por la ciudad y aprovechamos para ir al súper a stockearnos de comida para la noche y para la gran caminata que planeábamos hacer al otro dia.
La zona de Cadore está compuesta por varios pueblitos aledaños. Al que nosotros nos dirigimos para hospedarnos se llamaba Venas di Cadore. Tomamos nuevamente la ruta escénica hacia allí (bah en verdad todas las rutas son escénicas en ese lugar, no importa para donde vayas!) y llegamos al pueblo en cuestión que era apenas 1 km de largo o menos.
Allí nos esperaba una señora grande muy amable y simpática que nos recibió re bien y nos mostró toda la casa y la habitación, que estaba de puta madre, era super espaciosa y hasta tenía un balcón con vista a las montañas… ¿Qué más se puede pedir? Además, como estaba en un primer piso y yo andaba con la caja de la bici gigante, me dejó guardarla en el garaje personal de su casa para no tener que andar subiéndola por la escalera. Ah, y encima la habitación tenía una heladerita, pava para el mate y un montón de galletas y cositas para desayunar. 10/10 excelente servicio!
Ya instalados en la nueva ubicación, aún nos quedaban unas horas de luz en el día y decidimos ir a explorar un antiguo fuerte abandonado de la primera guerra mundial que estaba ahí nomás a distancia caminable. El camino hacia allí atravesaba todo el pueblito por dentro (que eran apenas un par de casas) pero con una vista panorámica impresionante. La gente local sentada en la puerta de sus casas al atardecer charlando te saludaban con un “buonasera!” y una sonrisa al pasar. Esa es la vida que me gusta ♥️
Un rato de caminata más tarde llegamos al fuerte en cuestión. Estaba en la cima de una colina y construído en forma de U. En 1918 fue parcialmente destruido y derrumbado por el ejército austro húngaro, pero toda la sección principal del lado interno estaba intacta y se podía entrar.
Consistía en una red de túneles y habitaciones con más túneles secretos que podías caminar con la ayuda de una linterna porque la oscuridad y el silencio era TOTAL. Si bien sabías que no había nadie porque se escucharía cualquier ruido amplificado, la verdad que la oscuridad absoluta daba cagazo igual al caminar por ahí, se sentía como una peli o juego de terror onda el Slenderman.
Un pedazo de historia en pié, que habrá visto y vivido una cantidad de historias terroríficas inimaginables en aquel tiempo. Yo no creo en la falopa mística y espiritual pero de alguna manera la sensación ahí dentro era bastante inquietante, como si estuvieras perturbando a los espíritus de aquellos caídos en combate. Claramente no era el caso porque el lugar ahora tenía una cancha de fútbol con arcos en la entrada y hasta una parrilla!
Volvimos a la habitación cansados pero contentos, nos dimos una ducha, comimos finalmente algo que no sea pizza y preparamos la vianda para la caminata lunga al otro día. De ahí, directo al sobre.
Esa noche y en esa cama dormí mejor, me levanté más descansado, pero de cualquier modo otra vez de nuevo a las 5:30 ya estaba despierto 🙄 De cualquier modo la jornada requería hacer la madrugación para llegar al parque del Tre Cime a las 9 am y teníamos poco más de una hora de manejo, así que 7 y pico abrimos la ventana y fuimos recibidos por otro maravilloso día peronista a puro sol y temperaturas agradables. Preparamos el mate, desayunamos en el balcón mirando la montaña, armamos las mochilas y arrancamos.
Hora y pico de viaje por más caminos épicos, llegamos al parque nacional Tre Cime, que lleva su nombre por la forma de los picos de ese cordón montañoso (Tres Cimas). Al llegar a la barrera de entrada al parque, se veía una larga fila de gente esperando el bondi para subir hasta el comienzo de la caminata y parecía moverse bastante lenta. Por suerte ese día si, yo ya había reservado el estacionamiento con anticipación de acuerdo a las nuevas normativas, y si bien era medio caro valió la pena porque si no se pierde mucho tiempo en llegar si subís de cualquier otra manera. Además al volver de la caminata cuando estás bien roto, tener que hacer toda esa movida en sentido inverso hubiese sido medio un garrón.
Creo que en retrospectiva estuvo bien el sistema que implementaron porque si bien antes era gratis, se llenaba tanto de gente que era imposible conseguir lugar para estacionar si no ibas recontra temprano, y terminabas en un parking mucho más abajo teniendo que caminar un montón.
Una vez ya en el lugar nos dispusimos a emprender el hike. Habían bocha de senderos en distintas direcciones y de diversas distancias para elegir, pero nosotros ya habíamos ido con el plan de hacer la vuelta lunga alrededor de los picos, adentrándonos bien en la montaña.
La primera parte del sendero es un camino único por el que pasa todo el mundo yendo y viniendo antes de llegar a las bifurcaciones de los distintos senderos con el mapa indicativo. La mayoría de la gente sigue derecho hasta unos lagos y de ahí depende cuanto quieran caminar, se vuelven o le dan la vuelta desde allí. Viendo que todo el mundo encaraba en esa dirección, decidimos ir exactamente por lo opuesto para evitar las muchedumbres. Por suerte no estaba tan atestado de gente aún a esa hora, pero se empezaban a acumular. Resultó ser una decisión muy acertada porque en esa dirección nos cruzamos con apenas un puñado de personas en el camino durante la mayor parte del trayecto hasta llegar al refugio previo a los lagos.
Fue otra maravillosa jornada de sol y algarabía, con visibilidad total en el horizonte. Empezamos a caminar y a disfrutar de las vistas. Cada sección enfrentaba una parte distinta de las montañas y cada una tenía su propio estilo. Picos grandes e imponentes, otros que parecían estalagmitas, valles con coloridas flores de montaña y vistas panorámicas a la región y al Lago Misurina, alimentado por el deshielo de éstos picos.
Caminar por la montaña es siempre tan regocijante. Esa sensación de sentirse insignificante ante semejante inmensidad, impone respeto y humildad. Ver la forma y los detalles de las montañas y pensar que todo eso fue formado hace millones de años y lo que vemos es producto de la erosión del agua y el viento durante otros cientos de miles de años más, te hace dar cuenta que no somos nada!
Sabiendo que iba a ser una caminata larga fuimos equipados con comida, agua y snacks para no cometer errores del pasado, y porque no sabíamos cuál era la situación de abastecimiento en los refugios. Por suerte los senderos eran muy accesibles, no hacía falta treparse de ningún lado. Fuimos caminando sin prisa pero casi sin pausa, hasta que se hizo mediodía y quisimos parar a almorzar. Claro que con el sol del mediodía y en la montaña, encontrar un pedazo de sombra donde sentarse se tornaba complicado. A esa altura habíamos ya llegado a uno de los refugios donde se abría el camino que te llevaba hacia los lagos y de vuelta al punto de partida. Lamentablemente el refugio tampoco tenía mucha sombra ni te dejaban hacer picnic en sus mesas. Con mucho gusto les hubiese comprado una birra o algo, pero al estar tan anegados no había señal de celular, por ende no POS ni pagos electrónicos de ningún tipo, y como me había olvidado de llevar efectivo no pudimos hacer uso de sus instalaciones.
Hacía calor aunque a veces no se sentía por la brisa, pero si la radiación que te chamuscaba la piel. Nos fuimos embadurnando con protector solar frecuentemente y cubriendo el cuello y cabeza como un beduino, pero igual las piernas me quedaron rojas.
Como no encontramos donde parar a la sombra, decidimos seguir viaje hacia los lagos y buscar en el camino algún lugar apropiado. Por suerte no mucho más tarde encontramos una piedra grande inclinada a 45 grados que proporcionaba la (única) sombra ideal para sentarse a comer. Nos refugiamos ahí un rato para comer unos sanguchitos y descansar un rato antes de encarar el tramo final del paseo.
Al completar la vuelta entre el sol y la distancia, estábamos agotados. Fueron 6 horas de caminata épica en la montaña. Al llegar al estacionamiento agradecí nuevamente no tener que esperar ningún bondi.
Como no habíamos podido refrescarnos demasiado por no traer efectivo, si bien no nos faltó nada, estábamos acalorados y cansados. Emprendimos el descenso e hicimos una parada técnica en el Lago Misurina que estaba en la base ahí nomás. Simplemente nos detuvimos a por una birra y unas papitas en un bar.
Ya en el camino de vuelta paramos en Auronzo de Cadore, el primer de los sub Cadores en dirección a nuestro hotel. Aprovechamos para ir al super pero en verdad más que nada porque habíamos visto unas heladerías en el camino de ida y dado que el consumo de gelato hasta ese momento fue casi nulo, me sentía en la obligación de hacer la correspondiente cata. Sobre todo para comparar la calidad con la heladería Cadore de Bs. As ahí en Av. Corrientes frente a Güerrín. Cuenta la historia que su fundador era de San Vito di Cadore si no me equivoco, que era al lado del pueblito donde nos quedamos nosotros, pero no encontré ninguna heladería por ahí así que ésta tendría que servir de muestra.
De las tres heladerías del lugar, una estaba cerrada, la otra no sparkeaba mucho joy porque parecían helados comerciales fabricados en masa, y la última a la que fuimos era un café / heladería barrial sin mucho espamento, pero con helados de producción artesanal. La verdad es que en Argentina el consumo y calidad de helado que tenemos nos tiene mal acostumbrados y es incomparable incluso con la mayoría de los de Italia. Este helado estaba bueno igual por ser random, sin dudas igual o mejor que cualquier gelatería cheta de Londres y por la mitad del precio. Además si lo consumías en el lugar te lo servían en un bowl de cerámica si pedías copa en vez de cono. Como en casa! Tras otra maravillosa jornada de alto regocijo, nos volvimos a descansar y preparar las valijas para al día siguiente movernos a nuestro último destino en la región de Lombardía, a unos casi 300 km al oeste.
Ya que iba a hacer todo este viaje con mi bicicleta a cuestas, era un pecado no intentar hacer otro de los tantos pasos de montaña clásicos del ciclismo que tengo en mi wishlist. Uno de ellos es el famoso Passo Stelvio, que bordea la frontera del norte de Italia con Suiza.
Para llegar ahí desde los Dolomitas, era un trecho, unas 5 horas de manejo. Pero como teníamos todo el día para viajar y en el camino habían otras cosas para ver, aprovechamos para recorrer algunos lugares a los que hasta entonces no habíamos pasado y que forman parte de los clásicos o los “must see” de la región, como por ejemplo Val Gardena. Era una buena manera de dividir el viaje y que no se haga tan pesado, ya que estaba un poco antes de mitad de camino a Bormio, nuestro nuevo destino.
Ya había visto que al llegar a la zona del Valle de Gardena, había un cable car en el pueblo de Ortisei que te llevaba a la cima del Seceda, el pico más alto del lugar. Pero tal como con el parking del Tre Cime, habían impuesto hace poco por la temporada un sistema de booking previo que necesitabas haber hecho con anticipación para poder subir.
Luego de esperar un rato para conseguir lugar en el estacionamiento que estaba hasta las bolas, bajamos y vimos que no era tan estricta la cuestión y sí se podían sacar tickets en el momento, pero costaban una fortuna por persona y nos pareció ridículo. Encima hacía un calor brutal, ya era casi mediodía, nos sentamos un minuto en unas mesas en la entrada a la boletería a tomar una gaseosa y picar algo y nos vinieron a sacar los muy ortibas del bar cercano. Para colmo ni siquiera vendían bebidas frías!!
Optamos entonces por ir a caminar a un sendero que figuraba ahí en un mapa y ver a dónde nos llevaba. Iba todo por un parquecito bordeando un afluente de agua hasta que llegabas como a un restaurant cheto. Ahí podías subir y seguir por la calle paralela o seguir derecho por el camino que era más en verdad una pista de ski en invierno que un sendero. No disponíamos tampoco de tanto tiempo para pasar todo el día en el lugar ni caminando una re bocha porque aún teníamos que viajar otro largo trecho. Decidimos seguir un poco más hasta otro restaurante cheto pero más arriba. El camino era de a ratos bastante empinado, con un calor de cagarse y tampoco ofrecía grandes vistas ya que estaba más abajo y rodeado de muchos árboles. Finalmente llegamos al restaurante, que estaba en una parte más abierta y alta y con mejores vistas. Nos comimos unas entraditas livianas y unas birras para bajar la temperatura un rato antes de volver. Habremos hecho la mitad del camino a la cima o por ahí, pero al volver fuimos por el camino que iba por la parte de arriba del valle donde están las casas y de ahí se podía apreciar la vista panorámica a todo el verde, verde valle de la zona.
De vuelta al auto, aire acondicionado al mango y a seguir viaje que aún quedaban otras 3 horas por delante. Con la caminata previa bajo el calor intenso, sumado al sol en la cara al manejar, se hizo de a ratos cansador, más que nada porque el calor me hacía dar sueño y no darme cuenta que no habíamos almorzado ni comido demasiado ni lo suficiente para todas las calorías consumidas y por consumir.
Tratamos en el camino de parar en alguna estación de servicio a comer y tomar algo, pero el concepto que nosotros conocemos por estaciones de servicio, como una YPF cualquiera que tiene kiosko, café, comida, heladeras, y cualquier cosa que se te ocurra, nada de eso existía aquí. La mayoría eran surtidores de nafta autoservicio y nada más. Paramos en la única que encontramos que decía vender algo de comer, pero era en un local al lado que estaba convenientemente cerrado. En la estación en sí solo tenían una heladera muy básica sin mucho más que agua y nada de comer, así que nos tuvimos que limitar a cargar un poco de nafta, usar el baño, y comer los snacks y porquerías que llevábamos encima antes de continuar.
Seguimos viaje y ya cerca de nuestro destino, pasamos por el mismísimo Passo Stelvio que quería hacer en la bici. Lo subimos por una cara que consistía en más de 30 curvas cerradas y empinadas que el auto no podía hacer más que en primera marcha. Llegamos a la cima y de ahí se apreciaba la subida en todo su esplendor. Además había restos de nieve aún, ya que había pasado una nevada inesperada la semana anterior.
Sin muchos preámbulos seguimos viaje hacia el hospedaje ya que si bien estábamos cerca, se estaba haciendo tarde más que nada para llegar a pasar por un supermercado a tiempo antes de que cierren. Dimos vueltas para encontrar un súper en que se pueda estacionar, y finalmente y medio de pedo porque nos pasamos en una salida, encontramos uno al toque de nuestro hospedaje que era grande, con estacionamiento y todas las amenidades que uno necesita. Sabiendo que el departamento tenía heladera y utensilios de cocina, aprovechamos para comprar comida de verdad, de esa que comes de un plato y con cubiertos.
Para esa instancia mi humor se había degradado notablemente producto del hambre oculto, del cansancio acumulado de 5 días sin dormir y de la caminata bajo el sol. El departamento estaba a menos de 1km del super, pero la salida que había que tomar era medio confusa y como ya tenía el cerebro frito, agarré por error la de al lado. Resultó que ese camino se metía en un túnel que atravesaba la montaña durante unos 15 kms, y cuando vi que el GPS ponía 30 minutos para llegar en vez de los 2 a los que estábamos, me saltó la chaveta. Como un bebé hambriento haciendo berrinche, pero más iracundo y pelotudo. Me cayó todo el cansancio y la frustración como una cachetada y no me reconocí ni a mí mismo. Definitivamente un momento de mierda lamentable producto de querer seguir empujando al límite la integridad física y mental de mi persona.
Pero por suerte encontramos una bajada previa, dimos media vuelta y retomamos. Llegamos al departamento sin problemas, estaba en un lugar bien tranquilo pero cerca de Bormio y de los accesos a los demás lugares.
Estaba ok el depto, nada del otro mundo pero con todo lo necesario. Lo único malo es que estaba al contrafrente y era bastante oscuro aún durante el día, pero nada muy terrible la verdad. Al menos tenía garaje propio con ascensor así que pude subir la bici al depto y armarla y guardarla en el balcón. Ya tarde y bien cansados, cenamos algo y a mimir.
Con otro maravilloso día peronista por delante, decidimos ir a caminar por el Parco Nacionale dello Stelvio, más precisamente por Val Zebrù, en una caminata que se adentraba profundo por el valle hasta llegar al paso en la altura. Según habíamos visto se podía acceder al sendero por dos lugares, estacionando por ahí hasta empalmar con el trail. Decidimos ir por el que teníamos más cerca y que en teoría nos acercaba aún más al sendero en cuestión.
Cuando llegamos a la entrada del camino que nos mostraba Google Maps, se veía bastante rupestre… no sólo de ripio, sino lleno de piedras de distintos tamaños y formas. Otra vez Google haciendo de las suyas mandándonos por caminos de mierda! Frenamos antes de meternos para evaluar la situación. Más arriba parecían haber casitas y se veía también gente trabajando ahí cerca. A esa altura si bien el camino era de piedras, se veía accesible para un auto común no 4x4. Decidimos mandarnos y en todo caso si se ponía muy bravo, retomábamos. Lo que no sabíamos ni se veía de ahí abajo es que era un sendero de una mano, sin muchos lugares para retomar hasta llegar bastante más arriba, motivo por lo cual no quedó otra que seguir subiendo. En cada curva el camino se ponía peor, con pozos y piedras más grandes. Bienvenidos al último gran TOC del viaje.
Luego de subir un rato encontramos un espacio relativamente plano al costado de una curva que estaba como en un desnivel. Decidimos estacionar el auto ahí y seguir a pié para evitar mayores sorpresas e inconvenientes, como quedarse varados o hacer verga el auto que explícitamente te prohíben andar por senderos 4x4 (no estaba señalizado como tal, pero se sentía como uno). Siempre tiene que pasar alguna desventura con los autos de alquiler loco la puta madre?! Tuvimos que caminar un rato hasta el comienzo del sendero por todo ese tramo que inicialmente pensábamos hacer en auto. Para peor, irónicamente la peor parte del camino resultó ser toda esa que atravesamos hasta el lugar donde estacionamos. De ahí en adelante era un ripio mucho más transitable.
Y si bien estacionamos en el pasto en un lugar seguro en el que se podía maniobrar para dar la vuelta luego, todo el terreno estaba en un gran desnivel y el camino tenía unos surcos gigantes en el medio. Por el ángulo en que bajaría la trompa del auto al querer salir y al ser bajo (o al no ser una camioneta) tenía miedo de quedar encajado ahí al querer salir y/o hacer mierda la trompa del auto. Ese TOC me atosigó durante la primera hora de la caminata hasta entrar en el valle.
Pero ya estábamos en el baile y había que bailar. La caminata era hermosa, arrancaba desde un río y lo bordeaba hasta arriba, calculo que desde donde nace, adentrándose bien por todo el valle. El sonido del agua fluyendo, el olor a pino, el verde de las praderas, la flora y fauna, era todo un festín para los sentidos.
Como era todo por el valle, el sendero era bastante plano y en buen estado. Le mandamos pata hasta llegar a la Bahía de los Pastores un par de horas más tarde. Allí paramos a almorzar nuestra vianda, ya que si bien había un restaurante, de nuevo me había olvidado de traer efectivo 🙄 pero por suerte esta vez teníamos bocha de provisiones. También recargamos las botellas con agua que salía directo de la montaña. La felicidad que me genera poder tomar agua que fluye de las entrañas de la tierra, sin filtrar ni envasar, más mineral y pura no se consigue!
La caminata de vuelta nos encontró nuevamente bajo el sol del mediodía. Por suerte esta vez mejor comidos, hidratados y protegidos por la sombra de los árboles una vez que salimos de la parte baja del valle. En el camino vimos vaquitas con flequillo, cabras de montaña y hasta una serpiente! Muy bello todo.
Una vez alcanzado el final del sendero, era hora de caminar el último tramo y adentrarse en ese camino agreste de vuelta hasta el auto. Hora entonces, de darle play de nuevo al TOC que había puesto en pausa al arrancar. Con cada paso se incrementaba más la ansiedad y cuál Dr. Strange, por mi cabeza pasaban todos los posibles escenarios catastróficos con los que me podía encontrar.
Al llegar al auto, un par de respiraciones profundas y a darle. Por lo mencionado antes de las condiciones del terreno, era una maniobra bastante ajustada y riesgosa, por lo que Cris me tuvo que ir guiando cual trapito en Palermo para aprovechar cada centímetro de espacio y así poder salir y asegurarnos que el ángulo sea el correcto y tambíen de no caer por el barranco 😂
Una vez que la trompa quedó mirando al frente para salir, doblé lo más abierto que pude ya que la curva era super cerrada y bajé despacio para no clavar la trompa, pero inevitablemente la trayectoria implicaba pasar por un gran surco que había en el camino. Al caer ahí, puse marcha atrás y las ruedas empezaron a girar en falso. NO DE NUEVO DECIA!! Ya me estaba por poner súper nervioso pero dije: No esta vez!!, metí primera, lo hamaqué un poco, giré las ruedas y lo pude sacar de ahí. Fiuuuuuuu que alivio! Pero aún quedaba atravesar todo ese pedrerío inicial, que al hacerlo a la vuelta se sintió de alguna manera mucho peor que a la ida, probablemente por el estrés. Maniobré despacio sobre unas toscas prominentes que amenazaban con destruir tus ruedas y tren delantero, y finalmente salimos de allí. Inmediatamente al entrar al asfalto paré a un costado y pegué un resoplido profundo de alivio de haber podido salir de ahí sin mayores inconvenientes más que todo el TOC generado.
Ya con eso fuera de la mente, me bajó el hambre, la sed, el calor, todo junto. Ahí nomás de donde estábamos había un pueblito con un parque muy lindo a la orilla del río con mucho pasto, sombra, mesas de picnic y demás instalaciones ideales para detenerse a comer y descansar. Estacionamos en la entrada y antes de entrar me puse a evaluar el auto en busca de daños. Aparte de mucha mugre, no parecía haberle pasado nada… hasta que ví en la llanta delantera un terrible rayón. Pensé que lo habría hecho al cruzar alguna de todas esas piedras que asomaban en todas direcciones y ya casi me dispara el TOC de nuevo, pero al sentarnos en el parque me fijé la planilla del alquiler del auto y resulta que ese rayón ya existía de antes, no se lo había hecho yo. Uffffffffff!! Ahí si me bajo todo el alivio y el relajo de un tirón y me desplomé sobre el asiento. Qué diferencia que hace descansar sin pensamientos intrusivos corriendo sin parar, nocierto? Para mejor, había un chiringuito que vendía birra fresca tirada, así que nos tomamos un par y nos comimos el resto del almuerzo y cosas que traíamos encima mientras disfrutamos del maravilloso día que hacía.
Con el resto de la tarde por delante, hicimos una parada técnica por el super y luego pasamos por el depto a buscar el mate para ir a merendar a Oga, un pueblo cercano en cuya cima había (otro) fuerte de la WWI y una reserva natural con vistas panorámicas.
Nada como tomarse unos mates con vistas épicas bajo el sonido de la naturaleza sin nadie alrededor. Paseamos un rato por los caminos de la reserva natural y luego nos volvimos. Fue otra exitosa jornada de súper acción como me gusta a mí.
Siendo ya el último día entero para hacer actividades antes de emprender la vuelta, era hora finalmente de subirse a la bici una vez más para hacer lo que vine a hacer: el Passo dello Stelvio. Como ya era costumbre y de esperarse a esa altura, dormí como el orto esa noche. Incluso peor, ya que me levanté a las 4 am en vez de a las habituales (?) 5:30 que me venía despertando cada día. Pero bueno, a esa altura ya mi cuerpo se había adaptado a funcionar con muy poco descanso de alguna manera. Lo malo es que irónicamente ese trayecto no tan largo de caminata el día anterior, desde el sendero hasta el auto yendo en bajada por las piedras, me cansó más que toda la caminata por el Tre Cime. Sobre todo me había quedado doliendo un poco los gemelos de la pierna izquierda. Pero ningún cansancio ni dolor se interpondría entre yo y mi manija, así que a las 7 am ya estaba arriba tomando unos mates y desayunando poderosamente para tener energías suficientes para llegar a la cima de un tirón.
Encaré la subida por donde habíamos descendido al venir. Habiendo recorrido con el auto ambas caras del paso, hubiera sido mas copado subir por el caracoleo trepando la ladera de la montaña del otro lado y descender por donde yo iba a subir que era más escénico y con descensos más largos. De hecho estaba en mis planes hacer la vuelta completa que implicaba subir el Stelvio dos veces (!) y volver por un camino cruzando a Suiza. Hubiera sido una aventura maravillosa sin dudas, pero eran casi 100km y más de 4000 metros de subida, más aún que toda la Maratona junta 😆Pero claramente no me alcanzaba el tiempo ni la logística para hacer todo eso, por lo que me limité solamente a hacer la subida al Passo y volver.
De cualquier manera no era moco de pavo, ya que eran 20 km de subida constante, que Strava luego confirmaría fue mi “biggest climb ever!”. Por suerte las gradientes no eran tan picantes como en el Passo Giau (o tal vez no estaba aún tan cansado) así que no se sintió tan brutal. Encima era otra mañana hermosa y completamente despejada y sumado a que arranqué temprano, lo pude hacer casi sin tráfico. De hecho al subir me crucé con un par de otros ciclistas pero casi ningún auto, fue perfecto.
Para la curva número 10 de 30 ya estaba bien entrado en calor, no me dolían las piernas y ya había entrado en ritmo. Creo que lo que más me costó fue digerir el voluminoso bowl de frutas y granola que me había desayunado!
En la subida cruzabas varios túneles, pasabas por cascadas y planicies con vaquitas mientras veías la cima aproximarse en el horizonte. Llegué a la cima con mucha gloria y satisfacción, me puse el chaleco para emprender el descenso y me volví. Al descender ya sí se veían hordas más grandes de autos y ciclistas subiendo, por lo que agradecí que mi timing fue perfecto en ambas direcciones.
Siendo media mañana el calor ya pegaba fuerte en la ciudad. Cris había salido a caminar por ahí cuando le escribí que ya estaba volviendo, así que nos encontramos en el depto, me di una ducha y salimos a caminar por el casco histórico de Bormio que aún no lo habíamos explorado.
Como hacía un calor de cagarse y ya era casi mediodía, fuimos con el auto y lo estacionamos en el super para acortar camino (y por qué se podía estacionar graty) y procedimos a pata. La intención era principalmente almorzar. Habíamos visto una salumería cercana que te dejaba customizar tu propio sanguchito y era barata. Nos pedimos un par de sanguchitos con quesitos regionales que estaban muy buenos, unas birras y nos fuimos caminando al paseo a la orilla del río que era la continuación de donde habíamos estado el día anterior, pero unos 5 km más adelante.
Ya comidos y refrescados, cruzamos un puente similar al de la mujer de Puerto Madero pero más chico que convenientemente desembocaba en la parte vieja de la ciudad. Resultó ser más grande y linda de lo que se apreciaba desde afuera. Nos metimos por todas las callecitas y lugares de interés.
Tras una semana de intensa actividad física bajo el calor y sin el descanso apropiado, finalmente el cuerpo me dijo: “calmate pibe! y si probás no hacer nada por 5 minutos?”. Pero aún quedaba una parada en el camino y era probar un helado más, siendo Italia y todo eso. La única que encontramos abierta era por ahí cerca de donde estuvimos el día anterior. Era barato pero medio pelo porque no era artesanal, si no alguna cosa comercial comunarda. Igual no tenía altas expectativas por todo el contexto, pero igual.
Ahora sí, era hora de volver al departamento a descansar, armar la valija, empacar la bici, ver el partido del mundial no me acuerdo de quien, tomar unas birras y dejar todo listo para el checkout y posterior regreso a casa al día siguiente.
El último día fue 100% de traslado al aeropuerto. Teníamos unas 4 horas de viaje hasta el aeropuerto de Venecia y necesitábamos llegar tipo 4 pm para devolver el auto y despachar la bici con tiempo.
Cargamos todo en el auto y arrancamos temprano. Fuimos por otro camino en dirección sur por la autopista y a eso del mediodía nos detuvimos en el Lago di Garda a almorzar la comida que previosoriamente habíamos preparado para no perder tiempo buscando qué y dónde comer en esa zona.
Hacía un calor aplastante, de ese que te hace transpirar aún estando quieto y en la sombra sólo por respirar. Como teníamos todo ya en la valija ni nos avivamos de llevar la malla ni nada de eso por lo que nos limitamos a mojar las patas nomas, porque encima tuvimos que estacionar a unas cuadras de la playa y ni daba ir y venir y hacer toda esa movida por poco tiempo. Nos pedimos unas bebidas en un chiringuito, almorzamos frente al lago y en cuanto dejamos temporalmente de transpirar como canilla abierta, nos volvimos al auto a prender el aire a tope y seguir con la última parte del viaje.
La autopista estaba despejada y se podía circular rápido sin problemas ni embotellamientos por lo que llegamos al aeropuerto en muy buen tiempo y pudimos devolver el auto, despachar la bici, hacer el security check y aún así que nos quede tiempo para tomar un par de merecidas birras esperando el embarque y brindando por la conclusión de unas maravillosas vacaciones en el paraíso de los que nos gustan las montañas, las bicis y la naturaleza.
Todo lo que no dormí esa semana, me lo dormí en el vuelo de vuelta… prácticamente me desnuqué al sentarme en mi asiento y no sentí ni el despegue. Me desperté cuando estábamos empezando el descenso!
Volvimos a casa felices y con la conclusión de que tenemos que volver, pero ésta vez con una camper y bicicletas!
Rifugio Biella to Lago di Braies to Cortina, Day 16, July 17, 2026, Friday.
On this day, we hiked down and around Croda del Becco off the mountains and back into society. This was a straight down 3000 foot descent, starting through loads of scree and ending at Lago Di Braies.
We saw a bunch of ibex on this day, or alpine deer. First we saw a fully grown male with horns that were like at least a foot long. Then we saw some that looked younger, like adolescents. Finally we saw some playing on a mountainside chasing each other around. They were so cute! I got some video below.
I know it’s overhyped and over touristed, but Lago Di Braies is freaking spectacular. It’s worth the trouble. We saw it in 2019 on a very overcast and snowy day, so to see it and all of this sunny brilliance was really amazing. I love that people spread themselves out over the shore around the entire lake so it’s possible to get your own little slice of beach/rocks to enjoy the day.
After chilling out for a couple hours, we figured out the buses to get back to Cortina, back to our luggage, back to society, back to an everything shower. We had a nice little room in Cortina with a beautiful shower, where I did some sink laundry, and then we went out to get some pizza for dinner and then crashed hard for the night.