«Así, pues, pensando yo muchísimas veces sobre la amistad, suele parecerme que debe considerarse con toda atención si es que la amistad se busca por la natural debilidad y por la necesidad de las personas, de suerte que, prestando y recuperando servicios, cada cual reciba del otro, y a su vez le devuelva, lo que por sí mismo no podría conseguir. O si es que esto sería, por supuesto, propio de la amistad, pero su causa sería otra, anterior y más noble y más derivada de la naturaleza misma. Sin duda el amor, del que recibe su nombre la amistad, es el elemento principal en la conjunción de la benevolencia. Porque, evidentemente, las utilidades suelen percibirlas también quienes se tratan con simulada amistad y se respetan según lo exigen las circunstancias. En cambio, en la amistad no hay nada fingido, ni nada simulado, sino que todo cuanto hay en ella es verdadero y voluntario.
Razón por la cual me parece que la amistad es más bien hija de la naturaleza que de la indigencia, y más de la aplicación del alma con cierto sentimiento de amor que del pensamiento de qué utilidades podría ella reportar.»
Marco Tulio Cicerón: La Amistad. Editorial Trotta, págs. 58-59. Madrid, 2002.
TGO
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