«Cada vez que un principio, del que se ha demostrado que es verdadero, parece inaplicable, ello se debe a que ignoramos el principio intermediario que contiene su medio de aplicación.
Para descubrir este último principio es preciso definir el primero. Definiéndolo, considerándolo bajo todas sus relaciones, recorriendo toda su circunferencia, hallamos el vínculo que lo une a otro principio. Por lo común, es en este vínculo donde está el medio de aplicación. Si no está en él, se ha de definir el nuevo principio al que habremos sido conducidos. Éste nos llevará a un tercer principio, y no cabe duda de que llegaremos al medio de aplicación siguiendo la cadena.
Tomo como ejemplo el principio moral que acabo de citar: decir la verdad es un deber.
Este principio, aislado, resulta inaplicable. Destruiría la sociedad. Pero si lo rechazáis la sociedad no será menos destruida, pues todas las bases de la moral serán trastrocadas.
Es preciso, por tanto, buscar el medio de su aplicación, y, a este efecto, como acabamos de decir, se ha de definir el principio.
Es un deber decir la verdad. El concepto de deber es inseparable del concepto de derecho. Un deber es aquello que corresponde en un ser a los derechos del otro. Donde no hay ningún derecho, no hay ningún deber. Por consiguiente, decir la verdad es un deber, pero solamente en relación a quien tiene el derecho a la verdad. Ningún hombre, por tanto, tiene derecho a la verdad que perjudica a otros.
He aquí, me parece, el principio hecho aplicable. Definiéndolo, hemos descubierto el vínculo que lo unía a otro principio, y la unión de estos dos principios nos ha proporcionado la solución a la dificultad que nos tenía en suspenso.»
Benjamin Constant: «Sobre las reacciones políticas» (1796), en ¿Hay derecho a mentir? (La polémica Immanuel Kant/Benjamin Constant, sobre la existencia de un deber incondicionado de decir la verdad). Editorial Tecnos, págs. 19-20. Madrid, 2012.