«No son las grandes recompensas materiales las que estimulan a los hombres capaces de realizar trabajos creadores; pocos poetas u hombres de ciencia han hecho fortuna o han deseado hacerla. Sócrates fue ejecutado por la autoridad, pero permaneció perfectamente sereno en sus últimos momentos porque había realizado su obra. Si lo hubieran abrumado con honores, pero sin permitirle realizar su obra, habría sufrido una pena mucho mayor. En un estado monolítico, en que la autoridad domina todos los medios de publicidad, un hombre de originalidad notable, se le impongan o no penas legales, sufriría este castigo más doloroso: el de no poder dar a conocer sus ideas. Cuando esto ocurre en una comunidad, no es posible que aporte nada valioso a la vida colectiva de la humanidad.»
Bertrand Russell: Autoridad e individuo. Fondo de Cultura Económica, pág. 105. México, 1949.
TGO
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