De vez en cuando la moda no es algo malo. Lo dice la persona más resistente, más huraña, más "demodé" que se puedan imaginar. Pero puede pasar: una moda que vale la pena, una moda que no es puro capricho ni etiqueta marketinera. Tal es el caso de los fermentados.
La comida fermentada no es mala palabra: es más digestiva y más rica en complejidad de sabores. No se me asusten que vamos a empezar por donde empecé yo y quedé enamorada: una receta muy fácil, muy rica, muy amigable a cualquier paladar. Y sobre todo, la primera vez que la avena le cae 100% bien a personas que, hasta ayer nomás, no la toleraban. Soy testigo.
Ahí lo tienen. Un pan chato a base de avena, que hace unos meses preparo casi día por medio en versiones infinitas: sólo, con batata, con harina de garbanzos, con cebollitas caramelizadas, con aceitunas, con remolacha y queso de cabra. Esta receta es, a mi juicio, importante. Es de esas cosas que te pueden cambiar la rutina, la sensación de bienestar en la panza. Los hábitos.
Me atajo desarmando dos mitos. Primero: “fermentado” no es podrido, no es indigesto. Fermentado es un cultivo de “bichitos que nos hacen bien” en la comida de forma de prolongar su vida útil y mejorar su digestibilidad, eso sintetizado a toda velocidad por supuesto. El yogur sería el ejemplo más claro y más aceptado. En este pan, los bichitos no quedan “vivos” en el alimento sino que ayudan a transformar la masa hasta que sus nutrientes quedan disponibles, en una suerte de “predigestión” que todo lo cambia para nuestro organismo.
El segundo mito a desarmar: no es para nada difícil fermentar. es simple, es básico, es a prueba de errores y hay muchos fermentos posibles para hacer en casa. Googleen a Máximo Cabrera que es un gran profe para estas cosas.
El secreto que debe dejar de serlo es éste: la avena fermentada es revolucionaria. Conozco gente que no puede tolerarla en su forma de cocción tradicional y sin embargo, así cocinada, se baja sin problemas una buena ración diaria. Cae mucho más liviano, el sabor es delicioso, y no es para nada trabajosa. Con esta receta de base que les voy a pasar, la avena está lista para incorporar en miles de otras preparaciones: galletitas, panes, como espesante para sopas, lo que se les ocurra. De hecho, la fuente original que agradezco y recomiendo es ésta de Alex Von Foerster, donde utiliza el fermento para un crocante de avena: clic aquí.
La preparación no tiene más vueltas que remojar las hojuelas de avena con dos o tres ingredientes sencillísimos y esperar al día siguiente, tal y como cuando vamos a cocinar legumbres. El resto es revolver y verter en una placa, así como leen. Les garantizo que sale bien, les garantizo que sale rico, y les garantizo... la mejor compañía para la hora del mate que puedan imaginarse.
La receta está haciendo click aquí.