Ser paciente no era realmente uno de sus fuertes, por lo que trascurridos veinte minutos después de la hora establecida en la que debería aparecer el cohete, se levantó del suelo y se acercó a la primer persona a su alrededor. “¿Quieres una cerveza?” Ofrece, extendiendo una de las latas que tenía en la mano. “Además de ayudarte con el frío, quizá bebiendo no sea tan molesta la espera de ese cohete. Si se tarda más, tal vez terminemos por verlo doble. Ya sabes, todo sea por una mejor apreciación.”











