karadeline:
Lo ocurrido la última noche -carta incluida y extrañas pesadillas que, quería creer, habían sido provocadas por el exceso de chocolate caliente en su estómago antes de dormirse- provocaba que una extraña paranoia se esparciera por su cuerpo como una enfermedad. ¿Quién había mandado esa carta? ¿Y por qué sabía su nombre, por qué la inquietante familiaridad? Encontraba respuesta a una de esas interrogantes, buscando que la lógica prevaleciera. No obstante, era extraño, como mínimo. ¿Qué tal si había alguien vigilándola? El desazón y la inquietud parecen no querer abandonarla, un nerviosismo que raras veces invade a una Adeline usualmente ecuánime. ¿Debía hacer algo al respecto?
La incomodidad era tal que había logrado hacer uso de uno de sus días libres, así que se encontraba allí, en la cafetería del edificio, preguntándose si salir y distraerse era una buena idea, cuando en un intento de llegar a una mesa vacía (taza de café y panecillo en una charola en sus manos), chocó contra alguien. Una maldición en su idioma natal sale, observando las salpicaduras que ahora se notan en su ropa y en la de una pobre alma que se cruzó en su camino. —Supongo que te debo una disculpa… Lo siento, no quiero problemas. Si me lo permites, hasta te invitaré el almuerzo, para compensar por este mal rato,— dicta con rapidez, mientras busca una servilleta para limpiarse, mirando de soslayo la vestimenta de la contraria persona. —¿Quizá también la tintorería?—
Después de tanto tiempo sin percibir nada visualmente, más que algunos reflejos de luz, los recuerdos de la castaña se habían deteriorado un poco (algunos más que otros), igual que una fotografía que se va haciendo vieja. Era por ello, que tanto la vividez como el contenido de los que no paraban de inundar su mente, la tenían intranquila ¿se trataría del recuerdo de algún sueño extraño? ¿estaría teniendo alguna clase de desorden cognitivo? lo mejor era que buscara ayuda profesional, sin lugar a dudas. La carta había sido dirigida a ella, pero no entendía para nada a qué se refería su contenido todavía y leerla le había provocado un tanto de paranoia ¿qué tal si estaba siendo observada por alguien y no lo sabía?
¡Cling, cling! Tanto el sonido de la vajilla como el impacto con el otro cuerpo le tomó sumamente por sorpresa. Había estado demasiado ensimismada en sus pensamientos, que había ignorado el sonido de los pasos en su dirección de quien ahora reconocía como Adeline gracias a su timbre de voz. No pudo identificar muy bien qué había pasado, permaneció desorientada por un minuto hasta comprender la situación y relacionarlo con el líquido en su ropa y el olor a café. “¡Oh! ¡Lo siento tanto!” reacciona luego de algunos segundos y se disculpa también, permaneciendo inmóvil para no derramar nada más y tratando de palpar en su propia ropa si el café que se había derramado era mucho. “No, por favor, déjame a mi reponerte el almuerzo.” pidió, negando después con la cabeza al ofrecimiento de la tintorería, pero bastó con pensarlo dos veces para darse cuenta de que sí necesitaría ayuda de Adeline. “No lo sé ¿me he manchado mucho? si se trata de una macha pequeña, de verdad, no hay problema ¿qué tanto te ensuciaste tú?”
















