Con ayuda de las palabras de la fémina, Javier reparó en lo curioso que era volverse a encontrar, ya que venían de lugares completamente opuestos y, sinceramente, cuando se despidieron, Javi jamás pensó que volvería a verla alguna vez, puesto que tenían planes de vida completamente diferentes y responsabilidades muy distintas, además de familias. “También me alegra encontrarte otra vez, Lena.” Admite, encogiéndose de hombros antes de depositar un beso en la sonrosada mejilla de la chica. Esperaba que esta vez, no tuviesen que despedirse demasiado pronto, o de lo contrario, no la dejaría marchar. “Muchas gracias. Y, objetaría a lo último, pero ambos sabemos que es verdad.” Aún cuando ya había puesto los pies en la tierra, la mente del muchacho estaba dispersa por todos lados, tanto que continuaba hablándole sobre el tiempo que debían pasar juntos y la celebración, que una vez que decidió callarse, le tomó muy por sorpresa la noticia. “¡¿Estás de coña?! ¡No me lo puedo creer!”Exclamó, por completo feliz y volvió a rodear a la chica con los brazos, para repetir el movimiento que había hecho al saludarla. Si su mente se había ido por todos lados enterándose tan solo de su visita, esta vez comenzó a maquinar muchas más cosas que podían hacer juntos y distintos lugares que tenía que mostrarle. Sin embargo, se detuvo, fijándose una vez más en lo que la pelinegra había dicho y en que él podía solucionar eso. “¡Oh! Ven conmigo, yo puedo dártelas, mi hermano es el superintendente y las guarda todas en el apartamento.” Esto último lo dijo demasiado rápido, todavía absuelto en la emoción.
Lena... ni siquiera su familia había pensado en acortarle el nombre a modo de cariño, era algo tan de Javi que definitivamente volver a oírlo con el característico seseo del otro era reconfortante. A pesar de su personalidad accesible, Elena no solía sentirse a gusto con los otros con tanta facilidad, hasta su roomie en el intercambio se sorprendió que la morena tuviera mejor comunicación con Javier que con ella. El carmín en sus mejillas se intensifica al sentir el contacto de sus labios, sin embargo intenta disimularlo con un carraspeo. No puede quedar expuesta con gestos tan simples. La sonrisa se mantiene, de pronto el dolor de cabeza ha desaparecido y ese gesto en sus labios se vuelve complicado de disimular.
Cuando al fin Javier parece comprender lo que está pasando al estar ella ahí su reacción de neuvo la tomó por sorpresa, pero esta vez hubo risas de alegría inhundando el loby del edificio mientras giraban. — ¡No! No es broma, pero ahora sí que lo parece.- Al poner los pies ene l suelo se acomodó el cabello que se había despeinado, riendo aún. Al escuchar que es su hermano la persona a la que debía ver se da una palmada mental, claro... ese Sr. De la Garza debió decirle algo ¿No? El mundo sí que parecía diminuto justo ahora. — ¿En serio? Eso me sería muy útil porque justo metí todas mis cosas gracias a que la puerta del departamento estaba abierta, pero no quisiera quedarme afuera la próxima. - bromea, tomándole del brazo con confianza. — Vamos.