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@karadelines

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thorrxnce:
“¿Apenas nos conocemos y ya me crees un mal compañero? Por supuesto que no te llamarían a las cuatro de la mañana para recogerme. Yo, personalmente, me aseguraría de que también estés ahí conmigo bebiendo.” Cambia las cartas sobre la mesa, soltando una pequeña risa traviesa ante su propia proposición. Siente el repentino roce de la morena y su cuerpo se tensa, teniendo una serie de pensamientos fugaces ante el simple comentario. Claro que no le molestaba en lo absoluto, pues a como iban las cosas, estaba casi seguro de que uno de los dos cuartos en el apartamento terminaría siendo una bodega. Por supuesto, no revelaría tales planes de una vez por todas, pues aún trataba de dar una primera impresión que no implicara solo sexo, ya que eventualmente, eso le traería problemas como lo había hecho en otras ocasiones. “No veo por qué eso pueda ser un problema.” Puntualiza con una suave sonrisa y bebe un sorbo más de la botella. No obstante, se sorprende cuando ella misma revela los pensamientos que cruzan su propia cabeza en ese momento. “¿En serio te arriesgarías de esa forma?” Alza ambas cejas. “Digo, me cuesta dormir a veces y no suelo ser un fanático de prestar tanta atención a la televisión.” Se encoge de hombros. “Eso sí, te aseguro que sería una buena compañía.” El doble sentido que rondaba entre sus palabras era algo que le encantaba. Saber que no estaba tratando con una mente inocente le parecía aún más divertido, desde ya comenzando amar sus próximos meses en aquel edificio. “Existen muchas formas de divertirse, Adeline. A veces la compañía es el mejor secreto. Si llevas más de dos días sola en este lugar, más vale que no te estés acostumbrando a estar encerrada dentro de estas cuatro paredes. Ven.” Pide de último, tirando de su brazo y llevándola hasta el borde de la terraza, colocándose por detrás de ella a propósito, a una escasa distancia para ser exactos. “Hay toda una ciudad por descubrir allá afuera. El clima es perfecto para hacer lo que queramos.” Habla por encima de su hombro, muy cerca del oído. “Así que tú mandas. Cierra los ojos, señala algún sitio al azar y ahí es a donde iremos esta noche. ¿Qué dices?”
---Vaya, tengo que admitir que esa idea me gusta mucho más. Después de todo, ¿qué mejor forma de conocernos que embriagándonos juntos?--- en realidad, tiene un par de ideas adicionales sobre cómo conocer mejor a aquel con el que compartirá todo un departamento por los próximos meses (¿años?), y seguir la corriente a su acompañante se le antoja como entretenido de momento, jugando al desconocimiento, a una ingenuidad que está segura que ambos saben que no aplica a ninguno de los dos. Es mejor de esa forma, cree, el tener de compañero a alguien que sabe lo que quiere tan bien como ella, sin rodeos ni complicaciones de por medio. Ambos eran adultos, ¿qué tiene de malo? Esboza una pequeña sonrisa satisfecha cuando la respuesta del castaño es pronunciada, tachando un problema menos de su lista. No debería de ser un tema a tratar, considerando que había llegado primero y, bueno, había tenido la oportunidad de elegir. Además, como ya lo había mencionado, el otro bien podría ser invitado a la habitación en caso de ser necesario. ---Oh, ¿es un riesgo? No sabía que hasta peligroso podrías resultar... Pero eso suena a que es algo que me gustaría intentar, ¿cómo decirle que no a una buena compañía?--- justo como el hombre que tenía frente a ella estaba demostrando ser, con una seguridad que agradece que un hombre posea, y la capacidad de mantener el interés en la pelinegra. Porque no tenía sentido negarlo: se encontraba interesada, casi curiosa en saber cómo podía terminar la noche... No, no terminar (porque eso ya comenzaba a verse), sino cómo se desarrollaría. ---¿Y me mostrarás algunas de esas formas de diversión que tienes o tendré que descubrirlas por mi cuenta?--- se ve en la obligación de inquirir, una de sus cejas enarcándose acompasadamente, antes de ser sorprendida con el agarre en su brazo, poniéndose de pie casi de inmediato para seguir a su compañero, apoyando sus manos en el borde del balcón, los orbes oscuros de la libanesa paseándose con lentitud por el horizonte que se extiende a ambos lados y por delante, brindando una multitud de oportunidades. Puede sentir el calor que emana el cuerpo masculino detrás de ella, y más pronto que tarde, el aliento contrario acariciando el lóbulo de su oreja, provocando inconsciente reacción, su cuerpo tensándose al sentir un estremecimiento por su espalda, su cuello ladeándose ligeramente. Cierra los ojos por un momento, tomando una respiración profunda, levantando su índice y haciendo pequeños círculos en el aire, antes de voltearse con calculada lentitud, su mirada buscando de inmediato clavarse en la contraria, orbes oscuros encontrando de inmediato los de gélida tonalidad azul. Estaba más cerca de lo que creyó, pero eso no le molestaba, su cuerpo rozaba el del más alto (a pesar de los altos tacones que llevaba esa tarde), mientras su índice señala la dirección hacia su izquierda, donde su pobre sentido de la ubicación dictaba que podría encontrarse el puente de Brooklyn. ---Lo que queramos, ¿hm? He tomado mi decisión. Espero no terminar decepcionada,--- comenta en voz baja, innecesario hablar más alto cuando se encuentra a tan nimia distancia, una a la que fácilmente podría acceder a sus labios de proponérselo. ---¿Vamos?--- inquiere, impaciente, dejando que su diestra se apoye en el pecho masculino, deslizándose con cuidado hasta su abdomen, justo para separarse de William e iniciar el camino hacia el elevador.
pachcmamc:
Se relajó lo suficiente para que sus parpados cayeran, y algo que le gustaba que de fuera un edificio tan alto es que alejaba el ruido y la mayoría de la contaminación de las calles. Le daba un panorama mejor, aunque falso. Dibujó una lenta pero amplia sonrisa, virando la cabeza hacia ella mirándola de soslayo. Su vista ahora se dirigió al vaso de plástico en movimiento, —oh, gracias. —contestó de manera automática. Tomó el vaso, dándole varios segundos a oler el líquido. Exquisito. Fue cuando se animó a dejar la bolsa de tela con las pasas sobre la mesilla también, negando rotundo a sus interrogantes. —No se ve mal, no creo que sea posible. —fue sincero, y se llevó a la boca un par de pasas. Acto seguido, alzó unos centímetros el vaso hacia el cielo, y luego vertió un poco de vino en la maceta a su lado, El agradecimiento a la tierra era siempre dándole lo mejor, en su caso y ahora, el primer sorbo de su vino. Solo después, prosiguió a tomarlo, exhalando una vez pasado el liquido, nuevamente recostado. —Pero, la delató las dos botellas de vino. Eso o está resfriada, era una de las dos posibilidades. —bromeó.
Adeline ve el encanto en la ciudad, en los altos rascacielos que dominan la ciudad, y el único pulmón de verde que se encuentra en el centro de Manhattan, aunque no es su ambiente preferido. En todo caso, le agradaba más LA, con sus playas y su clima siempre soleado. Observa sin mucha discreción las acciones del moreno, una de sus cejas enarcándose ligeramente con sutil curiosidad alcanzando incluso los orbes color café de la libanesa. ---¿Por qué hiciste eso?--- su pregunta carece de acusación o crítica, y está cargada con nada más que una casi inocente curiosidad, una que fácilmente despierta el joven que tiene frente a ella. Es imposible que no exhale el aire contenido en sus pulmones con una nota de diversión. ---Dejaré que te quedes con esa idea. A todas nos gusta vernos bien,--- en especial Adeline, que tiene la manía de vestirse tan bien como si fuera a una cita con ella misma, todos los días. Son extraños los momentos en que su humor o problemas personales le impidan hacerlo. ---No estoy resfriada,--- responde, asintiendo al ceder razón a las palabras de su acompañante. ---Problemas en el trabajo, cancelaciones de último minuto que me costarán mucho tiempo y esfuerzo. Pero no es nada demasiado importante... Nada que unas cuantas copas de vino y una buena compañía no arreglen.---
thorrxnce:
“El bar, definitivamente el bar.” Improvisa un tanto humorístico, consciente de que la morena había captado el verdadero mensaje detrás de aquellas previas palabras, utilizando esa traviesa sonrisa que logró admirar fugazmente en el rostro contrario como prueba de ello. Sujeta la botella, a punto de llevarla hasta sus labios cuando se percata de la sorpresa que empapa el tono de voz de la fémina al reiterar su nombre. Presta atención, alzando una ceja con interés. “Adeline, claro, un gusto.” Sonríe, más que un simple gesto de amabilidad, la satisfacción de saber que compartiría su apartamento con una mujer tan atractiva y sensual como ella, lo cual llenaba los requisitos necesarios para cumplir con las características de un compañero perfecto de vivienda. “Al parecer tendremos tiempo de sobra juntos, así que ten por seguro que podrás compensarlo.” Ríe, encontrando divertida aquella simple casualidad de conocer en aquellas circunstancias a la persona con quien viviría dentro de cuatro paredes. “Compañera de apartamento.” Decide nombrarla de la misma forma en la que ella lo hizo. “Y de muchas cosas más. Puedo declarar desde este momento que tú y yo nos llevaremos muy bien.” Concluye alzando la botella para enfatizar un punto que desde ya tenían en común. “Salud.”
---Claro. Sólo espero que tu gusto por el bar no sea demasiado inconveniente... ¿O me llamarán a las 4 de la mañana para que vaya por ti porque te quedaste dormido sobre la barra? Espero no tener que llevarte sobre mi hombro de vuelta al apartamento,--- a pesar de estar consciente del cambio de respuesta en el castaño, decide seguir la mentira en pos de fomentar un poco más la charla, de averiguar un poco más de aquél con el que compartirá el mismo espacio durante quién sabe cuánto tiempo. No había especificado con quién quería compartir apartamento, pero encontraba que la elección que habían hecho para ella no le desagradaba ni un poco. No es ciega, ni tiene un pelo de tonta, como para no apreciar las masculinas facciones, y a un Don Juan en potencia; cualidad que podría ser problemática si fuera un poco más... conservadora. Afortunadamente, no es el caso. Se inclina ligeramente hacia delante, sus dedos posándose con ligereza sobre el brazo de su acompañante, momentáneo roce mientras su voz desciende en además secretivo: ---Espero que no te moleste que me haya quedado con el mejor cuarto,--- inicia, su cabeza ladeándose ligeramente, orbes oscuros abiertos con toda intención de lucir mínimamente apenada. Claro que eso del “mejor” cuarto es cuestión de percepción. En su opinión lo es: con la luz, el ropero más grande y la más alejada de la sala. ---Pero si eres buen roomie, quizá te invite a tomar una siesta o ver televisión. Ya sabes, depende de ti,--- la voz de la libanesa trae consigo una nota entretenida, diversión que es obvia mientras pronuncia las palabras con un tono que peca de sugestivo, naturaleza que no puede acallar ni aunque intente. Apoya uno de sus codos sobre sus piernas, para poder posar sus barbilla sobre la palma de su mano, mientras que los curiosos orbes marrones de Adeline se pasean por la presencia de su compañero. ---Es una afirmación muy atrevida de tu parte, William... Pero dime, ¿qué haces para divertirte, hm? Recuerdo estar esperando por un poco de ayuda para dejar la monotonía de lado, ¿alguna sugerencia?---
viracochc:
¿Qué? No… —su voz se pierde en un jadeo, encogiéndose divertida imaginándose la escena que describe. —Tratamos de evitar la pelea tanto como podamos. —explicó, irguiéndose. —Y tardaría un poco mas, en realidad. Algo me dice que ofrecerías buena resistencia. —agregó confiada en lo que veía, algo que también había aprendido era no subestimar al contrincante. Eso e identificar puntos de quiebre, y también como esconder los propios. Su rostro se viró en una risa suave, encogiéndose de hombros. —No, la terraza es de todos. Y estoy de acuerdo, no mas formalidad. —acordó, y con la mano liberada volvió a tomar su vara. —He visto mejores, pero tiene su encanto. Los colores rojizos perdiéndose entre los edificios… —contaba, deslizando su mirada oscura de la morena al horizonte, para volver a ella. —Si, dos años ya aquí. ¿y tú?
---Está bien, está bien... Quizá tardarías cinco minutos,--- cede después de reír por lo bajo, asintiendo un par de veces a sus propias palabras. No era por restarse mérito, claro, pero no era estúpida como para ponerse a la par contra alguien que ha entrenado por años. Contenta de dejar las formalidades de lado, observa con interés a la castaña. Prefiere que sea así. Sabe, por experiencia, que es más fácil llegar a las personas cuando cierta familiaridad es establecida. La diferencia es que, en ese caso, realmente quiere hacerlo, y no se trata de alguna especie de trabajo. ---Entiendo. Nunca me han gustado mucho las ciudades tan grandes, tan... grises, supongo,--- al provenir de una ciudad como Biblos, está acostumbrada a vivir en medio de ancestrales edificios, de perderse en pequeñas callejuelas que poco tienen que ver con las grandes avenidas de New York. No se queja, claro, pero es distinto. ---¿En New York? Apenas unos días. Antes estuve viviendo unos meses en Los Ángeles, así que se puede decir que soy nueva por estos lugares.---

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dxadlycyes:
En respuesta a la invitación de la chica, Cécile se acerca algunos pasos más y después se percibe en una esquina de la mesa, donde acomoda la cajetilla y el encendedor. Sus manos tantean discretamente a sus costados, hasta encontrar un indicio de la estructura de la silla, misma de la que se sostiene hasta evaluar su posición y finalmente tomar asiento con mucho cuidado, para no hacer un movimiento en falso. Una vez allí, coloca su bastón a un lado, en una posición en la que le será sencillo encontrarlo después. “Adeline… que nombre tan bonito.” Responde a su sonrisa que no puede percibir, pero que intuye con el dejo de alegría en su voz. Para tomar el vaso, coloca una mano un tanto apartada del ‘cling’ de este mismo y la recorre cuidadosamente hasta llegar a él, para no empujarlo y derramar su contenido. “Gracias.” Murmura, refiriéndose a la bebida y posteriormente calla para escuchar el inicio de su conversación, mientras da otra calada a su cigarrillo, liberando el humo delicadamente. “Vengo de Montreal.” Dice, confirmando así la sospecha de la fémina. Sinceramente, no podía percibir su propio acento como los demás lo hacían, pero tenía que deberse a que ya estaba más que acostumbrada a él. “Lo es. También me he encontrado ya con muchos extranjeros.” Incluso parecía que todos los de Nueva York se habían concentrado allí.“¿De dónde eres tú?” Le preguntó, tomando un sorbo de la bebida, que estaba exquisita.
Los halagos siempre son bienvenidos, siempre le vienen bien, aunque se trate de algo como su nombre. De alguna forma, tienen mayor significado cuando vienen de otras chicas, en especial de una chica tan linda como lo es la que tiene frente a ella. No puede evitar que su mirada se pose en sus acciones, un poco curiosa por la forma de moverse que posee, delicadeza en cada uno de sus movimientos debido a su condición, pero que no deja de ser elegante. ---Gracias. Apuesto a que mis padres les gustará escuchar eso,--- se permite bromear con la hasta ese momento desconocida, volviendo a su postura anterior, un poco más relajada que antes, dándole un sorbo al olvidado vaso que dejó a un lado. ---Oh, Montreal... Parles-tu français?--- pregunta con un renovado tono animado, dicción del idioma galo que es teñida por el sutil acento que deja el árabe en el idioma que habla tanto como el materno. ---Nunca he estado, pero siempre he tenido ganas de ir. Quizá ahora que no me queda tan lejos como casa,--- uno de sus muchos planes toma forma por medio de su voz, un momento en que comparte un poco del futuro. Si bien su familia en Líbano posee comodidades, no fueron las suficientes como para garantizar viajes al otro lado del mundo con frecuencia. ---De Líbano, aunque llevo ya varios meses viviendo en Estados Unidos. Inicié en Los Ángeles, y apenas hace unos días me mudé para acá. Encontré un mejor mercado para trabajar, y bueno, heme aquí. ¿Qué hay de ti? ¿Qué te trae a NYC?---
@hynpos Myth event: Day 3
Egyptian goddess: Hathor, who personified the principles of joy, feminine love, and motherhood.
pachcmamc:
Sus pasos se quedaron en seco, ante la voz. Tenia pensado aprovechar esa tarde en la terraza con un retazo de tela envolviendo las pasas dulces que se robó de la cocina donde trabajaba, pero la vista de una botella de vino le dibujo una sonrisa en el rostro. —Claro, si insiste. —bromeó, avanzando hacia ella, sentándose en el asiento siguiente. Se tomó unos segundos también para estirarse, y dejar los frutos secos junto a él. Una ceja se enarcó, preguntándose si la contraria llevaba vasos o solo era cortesía el ofrecimiento. —¿Dia duro? —inquirió sin voltear, simplemente teniendo en la mira el horizonte de la ciudad.
La cabeza de la libanesa se ladea ligeramente, observando a su nuevo acompañante con una de sus oscuras cejas enarcadas, divertida incredulidad surcando las femeninas facciones. ---Y yo que pensé que me costaría mucho más trabajo de convencimiento...--- suelta en son de broma, con un tono cantarín haciendo juego a la intención de sus palabras. Tomo uno de los vasos de plástico oscuro, típicos de fiestas de universitarios, ¿para qué mentir? y lo rellenó hasta la mitad con el tinto que tenía en la mano, antes de dejarlo en la mesa y empujarlo con dos de sus dedos en la dirección contraria. Su mirada se elevó con lentitud, escrutando el rostro de su ahora interlocutor, antes de encogerse de hombros. ---¿Qué me delató, hm?--- pregunta con verdadera curiosidad, antes de recargar la espalda en el asiento y soltar un pesado suspiro. ---¿Tan mal me veo?--- aunque estaba casi segura que eso era imposible, modestia aparte.
thorrxnce:
Estaba harto de subir gradas, pero sabía que utilizar el elevador le impediría conocer gran parte de lo que había dentro de aquel edificio, incluyendo a las personas. Finalmente llega a la terraza, su respiración agitada es reemplazada por un suspiro de alivio que demuestra la tranquilidad que se respira en la cúspide de aquel edificio, al aire libre. Se gira de inmediato al escuchar una voz, creyendo haber estado solo. Al notar la botella, alza una ceja y esboza una sonrisa ladina. “Esa botella es lo mejor que he visto hasta ahora en este lugar.” Hace una pausa, analizando entonces a la persona que extendía el recipiente de vidrio, encontrando frente a sus ojos a una mujer definitivamente atractiva. “Bueno, lo segundo mejor.” Añade divertido. Se acerca a ella, recostándose sobre el camastro de al lado. “William.” dice su nombre, alzando su mano para estrechar la contraria. “Es mi primer día aquí y vaya que me darás una buena bienvenida al compartir esa botella.”
Es discreta al iniciar una sutil evaluación de su nuevo acompañante, orbes oscuros paseándose por la alta y masculina figura que posee el contrario. El comentario provoca que una sonrisa entretenida se forme en sus labios casi de forma automática, reacción inevitable para alguien que gusta de ser admirada y sabe cuáles son sus atributos. ---Me pregunto qué será lo primero...--- responde con un comentario al aire, sutil y que invoca con un tono de voz más ligero; juega a la inocencia, una que -está segura- sigue sin quedar del todo bien con su presencia en sí, cuerpo curvilíneo enfundado en un vestido que resaltan sus curvas y altos tacones que estilizan sus piernas (y ayudan bastante a su 1.64 metros de estatura). Sin esperar más, tiende la botella en la dirección del castaño, invitación implícita a que la tome, cuando el nombre capta su atención, evocando que se enderece un poco y se incline hacia el camastro contrario, la curiosidad brillando en los marrones orbes de la libanesa. ---¿William?--- es un nombre común, sí, pero ¿cuántos Williams más podría encontrar en el mismo edificio? Esperaba que no más de uno. ---Adeline,--- estrecha la mano que es ofrecida, antes de incitar a que beba de la compartida bebida al tomar un sorbo de su propia copa. ---Si no me equivoco, tú debes de ser mi misterioso compañero de apartamento... Estamos en esto juntos, William; llegué apenas hace dos días, así que me perdonarás si mi bienvenida no ha sido espectacular...--- se encoge de hombros con parsimonia, antes de añadir: ---Espero poder compensarlo luego.---

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erinwinv:
Se estaba volviendo costumbre arrancar de su apartamento y esconderse en la terraza para no molestar a su compañerx de piso cuando se le antojaba fumar. No había tenido la suerte de encontrarse con alguien más cuando subía a aquel lugar, hasta ahora, que se encuentra con la figura femenina que disfruta del lugar. Parece que su día no hace más que mejorar cuando ve la botella de vino que sostiene la chica y la invitación abierta que le ha hecho — La verdad es que venía a fumarme algo, pero si vas a compartir conmigo, pues venga, aprovechemos de conocernos — dice, acercándose a paso lento con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.
Se endereza ligeramente en su asiento, observando a su nuevo acompañante, señalando con un ligero movimiento de su cabeza el sillón que tiene al lado, en una silenciosa pero no del todo indirecta invitación a que tome asiento. Adeline no fuma más que en ciertos ámbitos sociales: cuando sale por las noches con amigos, cuando sus clientes insisten en discutir los asuntos de sus eventos con ella fumando, o incluso después de una larga y ocupada noche. Es seguro decir que el aroma a cigarro no le molesta, la presencia del pelirrojo es bienvenida. ---Eso dije, ¿no? Estoy dispuesta a compartir,--- cree necesario el énfasis, mientras destapa con maestría la botella y la coloca en la mesita en medio de ellos. ---Puedes dar el primer trago; soy así de buena.---
viracochc:
Mh, digamos que sí. Cinco años. —calculó, ella misma no se habia detenido a pensar en el tiempo. Con las varas aun en manos se encogió liberando una ligera risa, negando hacia la contraria. —Igual no podría ignorarla. Y ya es un poco tarde. —mencionó la ultima frase mas rapida que la anterior, recordandose la hora. Aun tenia tiempo, pero preferia hacer las cosas tranquilamente. Su mirada se deslizó por unos segundos en el suelo, algo avergonzada —Gracias. Adeline, nunca lo habia escuchado. —queriendo asegurarse de haberlo pronunciado correctamente. —Es lindo tambien. El gusto es mío. —dejó las varas en una mano, para ofrecerle la otra en saludo terminando de avanzar hacia ella. — ¿Subió por la vista?, los atardeceres son mas hermosos, solo eso diré.
---Wow... Bueno, sería una terrible idea pedirte que me enseñes en ese caso, ¿no? Patearías mi trasero en dos segundos...--- no se consideraba completamente inútil en los deportes, pero sus habilidades se habían concentrado únicamente en un poco de box y cardio para mantenerse en forma. Sin duda, las varas que tenía la otra parecían necesitar de un poco más de habilidad y práctica que no tenía tiempo de darle. ---Eres muy linda... Podrías haberme pedido que me fuera también. Ah, y no tienes que hablarme con tanta formalidad, me harás sentir una anciana,--- palabras que salen con naturalidad de los labios de la libanesa, halagos que son fáciles de pronunciar cuando su interlocutora es la joven de cabello castaño. Asiente ante la pronunciación, aprobatoria. Estrecha la mano femenina por un momento antes de volver su mano a su costado. ---¿Los atardeceres, eh? Nunca los he visto, pero confiaré en ti. En realidad apenas estoy conociendo el lugar... Veo que tú ya estás más familiarizada con él, ¿no es así?---
rubyharlingen:
Ruby cogió la mano de la atractiva extraña que ofrecía de su ayuda para ponerse en pie, y así lo hizo esta de inmediato, sin borrar la sonrisa coqueta que en un inicio se posó en sus facciones al verla dirigirse a ella. Cuando quedaron prácticamente frente a frente, se tomó su tiempo para observar sus facciones con detenimiento. Creía no haber visto belleza semejante, sintió como si el tiempo se detuviera mientras se hablaban por primera vez. -No te molesta… Que agradable- <<El primer contacto>> quiso decir, pero se guardo sus palabras, sus orbes grisáceas le devoraban con la mirada. -No preguntes por el futuro, es un hecho en el presente. ¿Qué más evidencias necesitas?- cuestiona siguiéndole el juego, Ruby puede notar que emplea frases que invitan a nuevos y excitantes actos, pero detiene su flirteo, ya que lo bueno se hace esperar. -Si quieres conocer el departamento puedo guiarte hasta el, incluso darte un tour por todo el inmueble. Claro que por el momento será gratis. ¿Qué dices?- cuestiona divertida, antes de volver a colocar el anuncio en el mural antes de partir directo a su hogar, no pretende quedarse más en el hall, ya que tiene asuntos que tratar. -¿También eres nueva en el edificio? Vaya que coincidencia. Si así deseas que lo sea estaré encantada de darte la bienvenida, pero no te quedes aquí abajo. Arriba aguardan sorpresas.- Sugirió que le acompañara hasta su hogar, a esas horas Marianne no estaría dentro del departamento, por tanto podría dedicar su tiempo completo a la nueva inquilina, en completa soledad para cualquier tipo de actividad que desearan realizar. -Lo memorizaré, no descarto la opción de que me devuelvas la misma hospitalidad que pienso brindarte ahora mismo. Sería lo justo, ¿no es así?-
Adeline ya no encuentra sorprendente que las personas la vean cuando entra a un lugar, cuando camina por la calle; es consciente de su atractivo físico y sabe cómo usarlo a su favor cuando es necesario, por lo general para obtener lo que quiere. No incomoda la mirada que le dedica la otra mujer, al contrario, genera un cálido cosquilleo en lo bajo de su abdomen el saberse observada con semejante intención. ---Oh, puedo pensar en varias...--- el tono que usa es sugerente, bajo y femenino, aquel que con tanta facilidad dedica a un coqueteo que viene en el paquete que es Adeline. ---¿”Por el momento”? ¿Eso quiere decir que después estaré en deuda contigo? No lo sé, me gusta saber cuáles son mis deudas y cómo pagarlas...--- sugiere, haciendo un pequeño mohín con los labios, una expresión pensativa que finge a la perfección. Se inclina ligeramente hacia la de ojos claros, apenas un par de necesarios centímetros, curiosidad casi inocente presente en sus ocelos marrones. ---Lo soy. Tengo apenas un par de días por aquí. ¿Cómo sabes que adoro las sorpresas, eh?--- era algo, por lo general, verdad; en especial cuando en esas sorpresas había algo para ella, alguna emoción positiva. A nadie le gustaban las malas noticias. El tono de la conversación comienza a tomar un doble sentido, puede notarlo, puede sentir la anticipación crecer dentro de ella sin piedad alguna; la curiosidad nunca es un buen antídoto cuando se encuentra sola, y sin conocer a nadie. ---Ten por seguro que voy a hacerlo recíproco, no me gustaría que te llevaras una mala imagen de mí... No cuando tengo mucho por dar.--- Termina con una entretenida sonrisa, antes de añadir, en dirección al elevador: ---¿Vamos?---
dxadlycyes:
Le era esencial el uso de su bastón en la noche, puesto que la calma invadía el edificio y eso implicaba un esfuerzo más agudo de sus sentidos, por lo que le concedía al tacto un descanso, apoyándose en el instrumento para caminar sin problema. Suponía que no habría ninguna consecuencia si fumaba un cigarrillo en la terraza. Era un acto un poco complicado ahora, pero afortunadamente había aprendido a hacerlo antes de perder la visión. Sin avanzar más allá del otro lado de la puerta, evaluó el interior de la cajetilla que sostenía hasta obtener uno de los cigarrillos dentro y calculó la distancia de este mismo, así como la posición de su pulgar en el encendedor. El cilindro encendió sin problema gracias a su práctica y pronto devolvió sus instrumentos a la mano con la que sostenía el bastón para sostener el cigarrillo con la libre. La otra fémina había estado demasiado inmóvil como para que su presencia fuese notoria, más su voz no le tomó por sorpresa. Cécile no era fácil de impresionar. Se giró en su dirección y dio unos cuantos pasos con media sonrisa, percatándose del sonido del vidrio que asoció de inmediato con la botella de tinto gracias a su olfato. “Eso sería agradable…” Anuncia, topando finalmente por lo que identifica como una mesa, por la separación y posición de las patas de madera. “Me llamo Cécile.” Comunica, presentándose, antes de dar una despreocupada calada al cilindro. “¿Cómo te llamas tú?”
De buena gana, sirve en el vaso vacío un poco del licor que ha invitado, orbes ligeramente curiosos dedicándole una breve mirada a la castaña que ahora la acompaña. Cécile, se presenta, un nombre por lo general francófono que recuerda a su país. ---Me llamo Adeline... Vamos, siéntate, no me gusta estar aquí, cómoda, mientras tú estás así...--- responde con una sonrisa sutil, costumbre el pronunciarla al presentarse. Acto seguido, coloca con cuidado el vaso frente a la castaña, sonido de cristal chocando contra el material de la mesa. ---Siempre he creído que soy muy buena con los acentos...--- para detectarlos, al menos, como lo deja en claro el tinte de árabe que conserva en su propia voz. ---Y creo que no eres de aquí, ¿hm? ¿Estoy frente a otra extranjera?--- inquiere, curiosidad que no busca detener cuando numerosas preguntas se ciernen sobre ella. ---Llegué hace un par de días, y me sorprende lo variado que es el edificio.---
mariannefrenhofer:
- En primer lugar, muchas gracias por asistir. Nos hacía ilusión conocer a más gente del edificio. - Observó la figura femenina vestida de negro, con un ajustado atuendo. La mujer era bastante atractiva, debía admitir. La morena parecía amigable, se llevarían bien con el tiempo. - No hay problema con tu elección, el vino tinto es uno de mis favoritos - comentó, guiándola hacia la mesa donde las esperaba Ruby con los tragos. - Todo es culpa de ella - apuntó a la chica de cabellos castaños que preparaba los vasos. - Es muy sociable y no podía esperar a conocerlos, ¿cierto, guapa? - las paredes de la habitación eran blancas, decoradas con pinturas hechas por ella misma en tonos pasteles, especialmente color azul. Ruby hizo entrega de las bebidas a Marianne y ésta a su colocutora. - Espero te guste.
---Oh, no hay de qué. Tu compañera de apartamento puede ser bastante persuasiva...--- suelta con aire entretenido, recordando quién había hecho la invitación, justo en el lobby, donde había podido conocer a la otra dueña de ese departamento. ---Entonces espero que no me dejes beber sola y me acompañes con una copa,--- invita animada, a pesar de que se trata de la fiesta de la rubia y, sospecha, seguramente tendrá que dejarla en algún momento para atender a los otro invitados. No quiere acapararla. ---Gracias... ¿Recién llegaron? Creo que la mayoría somos nuevos, muchos llevamos apenas un par de días aquí,--- comenta sin ninguna intención en particular, simplemente compartiendo la poca información que poseía. ---Incluso he visto que justo hoy llegan personas nuevas. Necesitaremos otra fiesta en un futuro no muy lejano.---

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myth moodboard
↳ H a t h o r » Goddess of Love, Beauty, Music, Fertility, Foreign Lands, and the Sky.
attis-d:
Los ojos azules del hombre observan con particular atención a la señorita frente a él, ser un poco extranjero le da cierta habilidad para reconocer lo exótico en las facciones de la joven, puede percibir un aire lejano en ellas, el tono tostado de su piel y lo grueso de sus labios, no es propio de occidente, eso lo sabe. Sin embargo, es obvio que no va a quejarse, la chica es hermosa y él disfruta de ver mujeres hermosas, más si están cerca. Después de todo, la idea de subir a la terraza a matar la monotonía y encontrarse con una accidentada compañía no se ve tan mal ahora. — Tal vez. - ríe en el vaso antes de dar otro trago, con el calor en la garganta y el sabor fuerte en los labios. El tono suave de la joven logra que levante la mirada, sin poder dejar de verla a la cara, los ojos grandes y la sonrisa de labios carnosos.. no pueden culparlo por ello, seguro que no es el primero ni el último en perderse en su belleza. Su ceja se levanta, altiva al oír su pregunta implícita, deja el vaso vacío sobre la mesa donde descansa el vino y se recarga por completo en el respaldo de su silla, — Doskas, Attis Doskas. - se presenta, una sonrisa seductora y galatenría acompañan sus palabras. — ¿Y usted es…? - pregunta, interesado en conocer a la nueva vecina.
Sin despegar la mirada de su interlocutor, cruza con lentitud una de sus piernas sobre la otra, adoptando una postura que se le antoja más cómoda (si hay una razón más allá de buscar su propio comfort, no se da cuenta), adecuando sobre sus muslos la tela del ajustado vestido que porta esa mañana, gesto que realiza despreocupada, casi inconsciente; ferviente seguidora de lucir bien. Una vez cuenta con el nombre completo del mayor, asiente en un gesto que es más para sí, en tanto sus dedos vuelves a hacerse con la copa de cristal, tomando un tanto más de la refrescante bebida. ---Ya veremos.. ¿Se consideraría un hombre entretenido, señor Doskas?--- el perceptible acento de su país natal tiñe sus palabras, en tanto los labios rojizos de la libanesa son humedecidos con discreción, forma de ahogar una sonrisa más amplia, provocada por la clara galantería que con tanta facilidad despliega el hombre. ---Adeline Karam,--- se presenta, la delgada mano de la joven extendiéndose con sosegado y femenino movimiento en dirección contraria, en espera de que la tome, mientras su cuerpo se inclina ligeramente hacia delante. ---Pero puede llamarme sólo Adeline, claro, no soy muy fanática de ese tipo de formalidades,--- no cuando van dirigidas hacia ella, al menos; está acostumbrada a dirigirlas a los demás (clientes y personas que recién conoce).