Atento escucha a su acompañante de cabellos castaños, considerando por un momento cuál fue el momento en que él dejó de ser resistente a las fiestas, a mantenerse toda la noche socializando, y a divertirse en general. Quizá fue en algún punto entre los 27 y 30 años, cuando comenzó a ganarse cierto renombre en el hospital en que trabajaba, y sus prioridades cambiaron por completo, quedando su trabajo en primer lugar. —O unos genes increíbles,— alaba, casi seguro de lo que está diciendo. Como buen hombre de ciencia, no cree en esas cosas de la magia, en milagros y demás; para él, todo tenía una explicación lógica. La curvatura de sus labios se pronuncia un tanto, mientras asiente, pensando por un instante en la frase que continúa dando vueltas en su mente, considerando el significado detrás de las palabras. Las interrogantes lo dejan en blanco; no se considera un inexperto, pero sus relaciones suelen ser largas y completamente fieles, y desde la última tiene mucho tiempo. Después, las únicas mujeres a las que ha tocado han sido pacientes, y le resulta imposible verlas de esa forma, contrario a lo que muchos pudieran pensar de su profesión. La desenvoltura de su acompañante funciona como una característica que no esperaba pero que, de alguna forma, no incomoda. —Es, uh, podemos salir, sí… Si quieres…— añade al final, fiel defensor del libre albedrío y la reciprocidad; de todas formas ¿en qué momento una charla casual lo está poniendo tan nervioso? La cercanía de la castaña tampoco ayuda, un sutil cosquilleo recorriendo su cuerpo cuando el número de departamento es pronunciado. —Dejando de lado las decepciones el día de hoy, ¿qué respuesta te gustaría escuchar?—
Ruby se preguntaba hace cuanto tiempo el masculino no salía a divertirse, parecía demasiado ocupado y cansado con sus propias labores lo cual le parecía que no era justo, ya que cada ser humano merecía al menos una noche libre para reposar, divertirse y demás... Dejar atrás los líos laborales. Ruby creía que sin esos momentos ella enloquecería, formaba parte de su vida cotidiana y sin ellos se sentiría hundida. -¿Genes increíbles? Vaya eso fue muy directo y amable, gracias. Para tratarse de un trabajólico luces en muy buena forma. ¿Cómo le haces?- Intentó devolver el halago de la mejor forma posible, y es que sus facciones le parecían de los más llamativas, y esos grandes ojos expresivos no dejaban indiferente a nadie.
Ante tanto silencio creyó que alguna de sus palabra le habían puesto incómodo, por tanto cabizbaja introdujo sus manos dentro de su bolsa, para evitar malos entendidos, como si se encontrara en la búsqueda de algún objeto. Lo primero que halló fueron sus cigarrillos, y para volver a romper aquel incómodo hielo ofreció la cajita de metal en donde dejaba los Marlboro -¿Fumas?- Aquella propuesta le parecía más bien una obligación por parte de su coquetería reciente por lo tanto decidió responder serenamente -No debe tratarse de una obligación, solo invitaba a uno de mis vecinos a tomar una copa. Sin compromisos, no debes temer de una dama como yo, soy inofensiva. Y aquella decisión te la dejo a ti. No pienso arrastrar a nadie a donde no quiera ir.- se alzó de hombros, hablando sinceramente sin intentar lucir lastimera ni mucho menos.
Luego de haber compartido semejante cercanía con el extraño le miró con malicia, entrecerrando los ojos antes de soltar su respuesta -Ya que no deseo otra decepción, me gustaría oír que te tomarías una copa conmigo, sin compromisos, me hables un poco sobre ti y luego de te marches a casa. ¿Eso suena razonable?-