Acuérdate de que te quiero. Y si alguna vez se te olvida, vuelve a mis letras y sumérgete en ellas.
Y si no te ahogas, si el aire no te falta y el mar no consigue vencerte, recuerda que en mi corazón vives y vivirás para siempre.
Quizá la tristeza sea el castigo que los cielos me han impuesto para cargar, en silencio y en soledad, con todo lo que por ti siento.
Y, aun así, al final de todos los caminos, solo quedarán dos palabras:
Te quiero.












