«Era la Verdad esposa legĂtima del Entendimiento, pero la Mentira, su gran Ă©mula, emprendiĂł desterrarla de su tálamo y derribarla de su trono. Para esto ÂżquĂ© embustes no inventĂł, quĂ© supercherĂas no hizo? ComenzĂł a desacreditarla de grosera, desaliñada, desabrida y necia; al contrario, a sĂ misma venderse por cortesana, discreta, bizarra y apacible, y si bien por naturaleza fea, procurĂł desmentir sus faltas con sus afeites. EchĂł por tercero al Gusto, con que en poco tiempo obrĂł tanto, que tiranizĂł para sĂ el rey de las potencias. ViĂ©ndose la Verdad despreciada, y aun perseguida, acogiose a la Agudeza, comunicola su trabajo y consultola su remedio. “Verdad amiga —dijo la Agudeza—, no hay manjar más desabrido en estos estragados tiempos que un desengaño a secas; mas, ¡quĂ© digo desabrido!, no hay bocado más amargo que una verdad desnuda. La luz que derechamente hiere atormenta los ojos de una águila, de un lince, cuanto más los que flaquean. Para esto inventaron los sagaces mĂ©dicos del ánimo el arte de dorar verdades, de azucarar desengaños. Quiero decir (y observadme bien esta lecciĂłn, estimadme este consejo) que os hagáis polĂtica; vestĂos al uso del mismo Engaño, disfrazaos con sus mismos arreos, que con eso yo os aseguro el remedio, y aun el vencimiento”. AbriĂł los ojos la Verdad, dio desde entonces en andar con artificio, usa de las invenciones, introdĂşcese por rodeos, vence con estratagemas, pinta lejos lo que está muy cerca, habla de lo presente en lo pasado, propone en aquel sujeto lo que quiere condenar en este, apunta a uno para dar en otro, deslumbra las pasiones, desmiente los afectos y, por ingenioso circunloquio, viene siempre a parar en el punto de su intenciĂłn.»
Baltasar Gracián: «Agudeza y Arte del Ingenio», en Obras completas. Cátedra, pág. 761. Madrid, 2023.
TGO
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