Bruno me sacĂł de mis pensamientos preguntando si anteriormente habĂa practicado algo de “ Yoga y/o Pilates”. Me extrañó mucho la pregunta y respondĂ un poco apenada reconociendo que  esas disciplinas nunca me han interesado.
- Nosotros las tomamos muy enserio, dijo Ă©l, el dĂa de hoy lo dedicaremos a dichas actividades, tienes mucha suerte de que yo sea un total maestro en esas disciplinas, las cuales te ayudarán a encontrar el equilibrio perfecto entre mente y cuerpo- PensĂ© que la yoga al menos les gustaba a las chicas – dijo dirigiĂ©ndose a nadie en especĂfico.
- No se ofendan pero… todos ustedes son casi como una mujer hormonal, cambian su modo “tĂo – amigo a instructor - guardián” de un segundo a otro, realmente todos los dĂas son una constante sorpresa para mĂ, harĂ© una matriz que me permita al menos tratar de adivinar el impacto de sus reacciones, por ejemplo ayer, no esperĂ©, anticipĂ© o adivinĂ© la reacciĂłn de Jason, pero aun asĂ aceptĂ© el castigo y no es que me quedara mucha opciĂłn realmente, entonces no sĂ© si sea una suerte o no. Casi al instante me arrepentĂ de mis palabras.
- SabĂas de antemano que nuestras evaluaciones serĂan duras e imparciales, tenemos que aplicar las reglas incluso más estrictamente contigo para evitar cualquier inconformidad por favoritismo – dijo Jason, incluso te interesará saber que Atlas en su condiciĂłn, quiso negociar con migo para evitar tu castigo, Ă©l se ofreciĂł voluntariamente a tomarlo por ti, solo que no podĂa permitirlo. Es cierto que todos nosotros nos estamos tomando nuestro papel muy enserio solo porque de Ă©sta manera minimizaremos las quejas que Eileen pudiese tener de ti. Y solo para que dimensiones un poco más lo  que te estoy comentando, debes saber que de haber estado Eileen presente el castigo hubiese sido quizás 10 veces mayor.
PalidecĂ unos momentos… ¡10 veces!, solo que mi  sensata mente me llevĂł de la mano hacia el comentario donde decĂa que  Atlas querĂa cubrir mis espaldas, con ese pensamiento mi corazĂłn se iluminĂł un poco concluyendo que esa fue la razĂłn por la cual Jason se negĂł a si peticiĂłn.
PensĂ© que serĂa un dĂa relativamente descansado, al fin y al cabo el yoga en mi mente equivalĂa a  “relajaciĂłn”.
Durante su discurso de introducciĂłn, enfatizĂł que se requerĂa afinar el equilibro para poder levitar, además de trabajar en fuerza y voluntad internas, siendo  justamente Ă©l quien nos guie por el proceso que nos ayudará a lograrlo.
Mi mente no cesaba de repetir con cierto aire de triunfo, que serĂa una clase sencilla, finalmente podrĂas tener algo de descanso me dije a mi misma.
- Por la mañana entrenaremos en suelo firme y por la tarde trabajaremos dentro de la alberca – concluyĂł Bruno. De inmediato voltee a ver a Atlas, pues querĂa que me diera más detalles, el me hizo una señal con sus dedo junto a  sus labios para que guardara silencio.
Cierto era que Bruno era un maestro del Yoga, descubrĂ que mi flexibilidad estaba entre los Ăndices de poca a nula, y resulta impresionante ver a aquellas masas de mĂşsculos definidos, sosteniendo en perfecto equilibro su cuerpo sobre una pie, o bien, doblándose hasta parecer que su cabeza toca sus pies… Era sin duda un espectáculo digno de observar, adicionado al hecho de que para aquella actividad, la mayorĂa se desnudĂł el torso y utilizaban ajustadas lickras para dar libertad de movimiento a sus cuerpos.
Estimado Dios: ¡¿Conociendo lo débil que soy? porque me pones esas tentaciones en el camino!, asà una no puede concentrarse como es debido.
Bástese decir que caĂ en innumerables ocasiones, sin ser nada grave pues solo descomponĂa un poco la postura y plantaba ambos pies en el suelo o bien me sostenĂa con las manos, nada de lo cual preocuparme, nada del otro mundo, ÂżEl resto? Bueno, ellos parecĂan nadadores sincronizados cuando armĂłnicamente cambiaban de una postura a otra, todos absolutamente concentrados mientras yo contaba con la gracia de “un rinoceronte en una cristalerĂa” ( no recuerdo la pelĂcula / libro donde leĂ esta lĂnea, pero  sĂ© que me describe perfecto).
AsĂ seguimos por un laaaargo tiempo, donde amablemente Bruno describĂa cada una de las posturas y donde deberĂamos tener especial cuidado para no lastimarnos, (al fin alguien con cordura). Nos describĂa minuciosamente cada postura, “ Ă©sta postura les ayudará a equilibrar y fortalecer su zona lumbar” Ăł “ Esta postura fortalecerá su voluntad”. Recuerden que el Yoga no se trata de ser flexible, si no lo que aprendes durante el proceso.
Desháganse de pensamientos negativos, fortalezcan su amor propio – decĂa. Armonicen sus movimientos con su respiraciĂłn.
Reconozco que mi batalla fue titánica, por un lado debĂa tener calma en mis pensamientos, pero al mismo tiempo estaba luchando contra mi peor enemigo: “ Yo”. LleguĂ© a un punto, sin buscarlo realmente donde me convencĂ a mĂ misma que yo no podrĂa lograr aquello, cero flexibilidad, cero equilibrio, cero fuerza interna o externa, casi logro aterrizar de cara al intentar sostenerme en la postura del “cuervo”. Mi cuerpo sudĂł a raudales, lo que nunca hubiese imaginado de una clase de Yoga.
- Te encuentras eliminando toxinas, afirmĂł Bruno cuando me descubriĂł sorprendiĂ©ndome por la cantidad de sudor que recorrĂa mi cuerpo.
Mis mĂşsculos temblaban, ahora los yoguis del mundo contaban con todo mi respeto, el Yoga no es fácil, se requiere fuerza fĂsica, pero aĂşn más interna para lograrlo y acallar tus pensamientos negativos que te invitan claramente a desistir. ConcluĂ que necesitaba con urgencia fortalecer mi abdomen, no solo para que sea estĂ©ticamente hermoso, sino porque todas las rutinas que aquĂ ejecuto requieren mucha fuerza en esa área.
Toda Ă©sta armonĂa se rompiĂł ante el comentario de un novato: “ Esto es para maricas, no aceptĂ© todo esto para aprender puterĂas, ¡Quiero destrozar cabezas!”.
Claramente todo se tensĂł y quedamos en silencio, su guardián lo derribĂł en un solo y magnĂfico movimiento, le tomĂł por el cuello y lo empujĂł hacia el suelo, la fuerza de todos ellos es descomunal, el individuo sometido no tendrĂa oportunidad de levantarse.
- Esa clase de pensamientos son lo que hacen a la humanidad dĂ©bil, es una pena que tengas esa mente tan pequeña, cuando todo tĂş tienes un gran potencial, contamos con cero tolerancia hacĂa este tipo de situaciones – le dijo.
- Quedas expulsado. – Bruno se acercó a él y lo tomó de un brazo, vimos cómo se alejaron del grupo y fue lo último que supimos de él.
De ésta manera quedamos únicamente el 50% de los “novatos”, nada mal, me dije, pero dirige tus pasos cautelosamente.
Los trillizos aplaudieron para llamar la atenciĂłn de todos los ahĂ presentes:
- Aprovechemos este espacio para realizar un anuncio – dijo el moreno. Éste fin de semana organizaremos una fiesta para celebrar y dar la bienvenida a nuestras manera  a los “novatos sobrevivientes”, el evento se llevará a cabo en “XXX” desde la tarde del viernes y por todo  el fin de semana. Por supuesto esperamos contar con la presencia de los novatos y su discreciĂłn, Ă©stas fiestas no son del conocimiento de nuestros lĂderes y nos gustarĂa continuar en anonimato.
- ¿Iremos? – pregunté. Este fin de semana celebraremos tu cumple, si recuerdo correctamente.
- Es ahĂ donde tendremos nuestra celebraciĂłn de cumpleaños – me rodeĂł con su brazo, su torso desnudo se sentĂa tan bien cerca de mĂ, que le permitĂ hacerlo.
- ¿Y los muchachos estarán de acuerdo? – digo, acaban de mencionar que sus celebraciones son “anónimas” y no creo que ellos accedan fácilmente a dejarme deambular por ahà a mi libre antojo.
- ¡DĂ©jalo en mis manos! – SonriĂł al tiempo que lo decĂa y caminaba en direcciĂłn  se iba a platicar con “Hugo, paco y Luis”.
Cerré los ojos por unos momentos hasta que Atlas regresó, - tenemos las próximas horas libres, hasta que regresemos a la clase de la tarde, ¿Qué deseas hacer?
- Siempre y cuando sea algo ligero pues por la tarde tenemos entrenamiento en alberca.
- ¿Cuándo aceptaras que se haga a mi manera, sin quejas?
- Quizás el dĂa que seas mi prometido, aunque dudo que ese dĂa llegue.
- ÂżEntonces lo has contemplado?
- No comencemos esa discusión nuevamente – pedà – no nos llevará a ningún lado.
Subimos al coche, sin ningĂşn rumbo definido.
- ¿Cero tolerancia hacia cierto tipo de cuestiones? – dije.
- Debes reconocer patea traseros, que sus comentarios estuvieron totalmente fuera de lugar, nuestro grupo se enfoca a crear mejores seres humanos, que puedan aportar algo a ésta sociedad en decadencia en la cual vivimos. Si no puede hacer eso, sin importar el enorme potencial que tenga, será eliminado sin ninguna contemplación de nuestras filas cómo pudiste observar.
- ÂżNo crees que ellos están permitiĂ©ndome muchas libertades? No tengo bien claro sus lĂmites, tengo miedo que si algo no les agrade descargarán su furia sobre mĂ.
- Simplemente te están dando tu espacio. Lo de ayer fue un error, nunca creà que fueras a mi rescate y simplemente no te instruà como era debido, me siento apenado, si cometes un error soy en parte solidario por no haberlo previsto.
- Âż Por ello solicitaste recibir el castigo por mĂ?
- No debĂas enterarte de eso… Lo harĂ© las veces que considere que es lo justo.
- Puedo librar mis batallas sola, no necesito que te sacrifiques por mĂ.
- Y comenzamos nuevamente – dijo. Sé que eres una mujer fuerte e independiente y esto no te hará menos independiente o valiente.
- ¿Qué haremos por la tarde? – pregunté intentando cambiar el rumbo en el cual yo misma puse la conversación.
- Espera y te sorprenderá.
- ¿Cuál es la razón por la cual no me has anticipado o siquiera platicado como serán las clases?
- Ninguna clase es igual, no quiero predisponerte a nada.
- ¡Vamos!, al menos podĂas haberme dado una pista o algo que esperar.
- De la nada y exhibiendo su vena masoquista lanzó un: Siempre es más divertido observarte expectante, reaccionas bien ante nuevas situaciones, te deleitas ante lo nuevo que el mundo tiene por mostrarte, ¡¡son esos momentos que amo el observarte!!.
Caminamos del lugar donde dejamos el auto estacionado hacia el restaurante, me tomĂł de la mano al verme un poco distraĂda, mi mente se habĂa llenado de un solo un solo pensamiento: una idea que me venĂa rondando la cabeza los Ăşltimos dĂas… dudando a cada momento decirla en voz alta, pero como dicen el “no” ya lo tienes, asĂ que busquĂ© las mejores palabras y el resultado fue tan … aburrido como siempre:
- Atlas, si te pido un favor, ¿Cuál es el precio que tendré que pagar?- Esperaba alguna respuesta del tipo : Dependiendo del tamaño del favor…
- Por un momento se tensó – Tu pregunta me ofende un poco, es cierto que disfruto haciendo negociaciones contigo, pero no todo lo que hago o haré por ti conlleva un costo, patea traseros. ¿ Que necesitas?
- Bueno, la cuestión es la siguiente. Veo que soy bastante torpe, débil, poco coordinada y lo que le sigue, quiero mejorar Atlas ¡realmente lo deseo! ¿ Qué puedo hacer para lograrlo?, ¡ayúdame, por favor!, dame consejos, estoy segura que algo podré hacer.
- Me empujĂł hacia la pared más cercana, tomándome por sorpresa, mirándome a los ojos directamente con ese gesto que me hacĂa derretir, colocándose frente a mĂ para que con su enorme fĂsico impidiera mis movimientos - ÂżEs lo que realmente deseas?, el precio será muy elevado ÂżEstas dispuesta a pagarlo?.
- Si, realmente lo deseo, dije acercando mi cadera hacia su cuerpo, adentrándome en su juego, he preguntado el precio, para saber si puedo y quiero pagarlo.
- Se acercĂł un poco más a mĂ, rosando sus labios con los mĂos, te puedo ofrecer que entrenemos cada momento que tengamos libre, por las noches en tu recámara, incluso los fines de semana, los momentos que quieras, a cambio de…
A Ă©ste punto esperaba que solicitara algo muy Ăntimo, me habĂa mentalizado a ello.
- Âż Que te puedo ofrecer Atlas? Âż Que puedo ofrecerle a la persona que tiene mi promesa de intentar aceptar hacer las cosas a su manera bajo sus reglas? Âż A la persona que le he ofrecido mis besos a cambio aminorar mis castigos? Âż Que tiene esta simple mortal que aĂşn pueda ofrecerte?.
Por un breve pero intenso momento, donde aceptó de buena gana mis caderas que se acercaron a él, donde me tomó por la cintura y me acercó a un más y con la punta de su lengua recorrió suavemente y deliciosamente mis labios, probándome y dejándome su sabor, donde sus pestañas rozaron mis pómulos y provocaron una descarga electrizante sobre mi piel, traicionándome y dejando visible mi deseo carnal por él.
- Tus manos sobre mi cuerpo – respondió.
Esa fue su sencilla petición, descabellada, quizás y algo simple, pero fue su petición.
- Deseo que me toques, que por las mañanas me saludes de beso y me dediques un abrazo rodeando con tus brazos, deseo que cuando entrenemos no mantengas tu distancia, que me tomes del brazo para caminar a mi lado, deseo sentir tus caricias, tu calor, quiero sentir deslizarse tus manos sobre mi espalda cuando te tengo de esta manera, quiero que provoques descargas en mi ser, te deseo cerca de mĂ.
El problema no es tocarte, si no dejar de hacerlo – pensé enfadada, una cosa llevará a la otra, bien jugado Atlas, de esa manera tu podrás tocarme también, provocando y tentando a mi deseo y buena cordura, obligándome a adentrarme aún más en tu terreno, en arenas movedizas…
- Si ese es el costo, lo acepto dije deslizando mi mano sobre su rostro, pero tienes que convertirme en alguien extremadamente bueno – exigĂ.
- Lo lograrás, pero debes tener paciencia.
Éste tipo de situaciones en las que me colocaba frecuentemente, tenĂan siempre el mismo efecto en mĂ, me dejaban con la respiraciĂłn entrecortada, intentĂ© disimularlo, creo sin embargo que sin Ă©xito.
Llegamos a un restaurante de esos a los que solo van los de su grupo cerrado y personas “encopetadas”, asĂ como vestĂamos, con ropas holgadas para ejercicio, con apenas los cabellos en moderado orden, me llevaba tomada de la mano, realmente lucĂamos como una pareja real, entrĂł como dueño, amo y señor del lugar, esperando a que la recepcionista fuese por nosotros, por alguna razĂłn demoraron unos minutos en llegar, pensĂ© quiere que lo toque… eso no representa ningĂşn problema para mĂ, le soltĂ© la mano y la deslicĂ© por su cintura, deslizando deliberadamente mi brazo por debajo de su playera para tocar su piel e introduje apenas mi dedo pulgar en el elástico de su pantalĂłn. Éste acto lo dejĂł totalmente sorprendido.
Volteo a mirarme con cara de asombro y deleite, una gran sonrisa se estampó automáticamente en su rostro, me rodeó con su brazo y me acercó aún más a él. Nos asignaron una mesa y antes de que el pudiese decir nada
- Quiero elegir mi comida, si no te molesta.
La mesera esbozĂł una leve sonrisa apenas perceptible, lo que era más que evidente es que se devoraba a Atlas con la mirada, nunca me acostumbrarĂ© a ello, y será un problema si decido salir con Ă©l enserio. Âż Por quĂ© pienso eso? Él no es material para ti, me recordĂ© a mĂ misma. La mesera se retirĂł anunciando que regresarĂa cuando estuviĂ©semos listos para ordenar.
- HacĂa dĂas que tu rebeldĂa no se habĂa manifestado, comenzaba a preocuparme – dijo.
- ¡ja, ja! – y tú siempre tan gracioso.
La variedad de ensaladas que se serĂa ahĂ era impresionante, veganas, crudi - veganas, solo verde, frutales, de todo.
- He decidido que no pediré nada hasta que no garantices que yo pagaré la cuenta – dije.
- Entonces palidece de hambre, mientras yo disfruto de mi comida, respondió, y al tiempo levantó la mano para indicarle a la mesera que se acercarse. Le señaló con el dedo lo que deseaba pedir, y ella se marchó enseguida.
- Le llamĂ© a señorita e hice mi pedido tambiĂ©n sabiendo que Atlas no se andaba con juegos y para ser honestos yo morĂa de hambre.
Me entristecĂ un poco por lo sucedido pero finalmente yo lo habĂa provocado. No querĂa verle ya que de lo contrario llorarĂa, por lo que voltee la mirada para mirar por la ventana, descubrĂ en el reflejo que Ă©l me observaba. Un claro e incĂłmodo silencio perdurĂł hasta que nos llevaron la comida, descubrĂ que Ă©l habĂa ordenado suficiente comida para un ejĂ©rcito.
- Evidentemente pensaste que te dejarĂa sin comer Patea Traseros, y con eso heriste profundamente mi corazĂłn, ¡Merezco algĂşn tipo de compensaciĂłn!.
- MerecĂa sin duda aquellas palabras llenas de claro chantaje.
- ¡Y dejaste que ordenara más comida!.
- Siempre podemos pedir para llevar – confirmó.
- Me rindo Atlas, siempre estás un paso adelante – dije.
- DeberĂa darte unas nalgadas por insolente - dijo, jamás, jamás deberĂas siquiera haber dudado de mĂ, estoy seguro que he probado mi valĂa.
- Lo siento, dije – aunque no entendĂa por quĂ© me disculpaba. – Pero si quieres nalguearme, adelante.
- ÂżLo permitirĂas? - dijo en un tono que evidentemente ya no era de enojo.
- Si es lo que merezco por un acto rebelde, sĂ. Si es Ăşnicamente por un capricho, entonces no. Te propongo algo, Ă©ste fin de semana durante tu celebraciĂłn podemos encontrar algo con lo cual dejarte complacido, Âżme concederás al menos eso?.
- No. Será bajo mis reglas como me gusta.
- Esta bien, accedĂ, lo haremos a su modo señor “harĂ© las cosas a mi manera”.
No terminamos la comida, pero no se desperdiciĂł, como dijo pidiĂł para llevar diciendo, tu y yo comenzamos esto, tu y yo terminaremos esto.
Caminamos juntos al coche, asĂ, sin tomarnos de la mano.
- ¿Traes tu traje de baño contigo? – preguntó de repente.
- No, dije un tanto asustada.
- Pasamos a tu casa para que te cambies, en la tarde practicaremos en la alberca y lo necesitarás.
- ¡ No tengo llave de la casa! – Exclamé.
- Yo tengo la llave, no te preocupes – me guiñó un ojo.
Llegamos justo antes de que comenzara la clase, recibimos instrucciones sencillas, ahora realizarĂamos las exactas posturas que realizamos por la mañana, solo que montados en una tabla similar a las utilizan los surfistas, luchando contra el equilibro y por sostener la postura.
- En caso de que alguien logre evitar caerse, podrá elegir no  asistir a mi clase la siguiente semana – exclamó.
Debo reconocer que me divertĂ de lo lindo intentando y sin lograr el objetivo, extremadamente agotador y divertido. Atlas y uno de los trillizos lograron no caer en ninguna ocasiĂłn, pero los otros dos, se encargaron de hacerlos caer al final.
No tuve ninguna revelación extrasensorial en esta clase, no hubo ningún ataque doloroso ni algo extraordinario, todo fue sencillamente “normal”.
DespuĂ©s de eso nos fuimos a bañar. Estaba exhausta, el esfuerzo habĂa sido mĂnimo pero efectivo. Le di unos pequeños golpecitos a Atlas y por lo bajo le pedĂ que repitiĂ©ramos la experiencia del lunes y durmiĂ©ramos un poco antes de comenzar su clase.
- Tu duermes mientras yo velo tu sueño ¿Puedo atacarte de la manera en que tú lo hiciste?
- Estoy tan cansada que no me importarĂa lo que hicieras mientras me dejaras dormir.
Lo cierto es que me acomodé perfectamente recostada en su brazo temiendo que pudiese babear, pero aun asà disfruté de un sueño reparador.
Su clase fue la cereza del dĂa. Pelea cuerpo a cuerpo, ese dĂa aprendĂ como dar patadas efectivas en el costado de mi oponente y  al mismo tiempo aprendĂ a bloquearlas con mis manos. SĂ, la teorĂa era muy bonita, como siempre lo es, realmente mi oponente ( Atlas) jamás pateĂł con fuerza letal, sin embargo soportĂł mis golpes muy bien con toda la fuerza que pude imprimirles, sin que Ă©l bloqueara uno solo de ellos – tienes que saber cĂłmo es que se comportará un cuerpo golpeado, Ă©l lanzaba sus golpes lentamente para darme tiempo a estudiarlos y reaccionar, parecĂan como si Ă©l se estuviese ejercitando, obviamente no recibĂ ningĂşn golpe, lo cual agradecĂ, ese dĂa serĂa como lo planee al inicio: relajado.
Para mi sorpresa el universo me enviĂł la prueba de que me encontraba total y completamente equivocada, cantĂ© victoria demasiado pronto, los muchachos llegaron como los 4 jinetes del apocalipsis, imponentes y caminando en lĂnea, impresionaron incluso a los presentes pues se abrieron paso entre todos nosotros.
      Detuvieron la clase y se llevaron a Atlas hacĂa un lado para hablar con Ă©l. Los trillizos se acercaron a donde yo me encontraba.
      - Antes de tu llegada gozábamos de total privacidad. – Comentó el Rubio. Ellos no rondaban nuestros entrenamientos.
      Hice total caso omiso a su comentario. Me odian, lo sĂ©.  Â
ObservĂ© como Atlas asentĂa mientras todos ellos hablaban con Ă©l. Cuando regresaron a donde estábamos nosotros, se dirigieron al grupo en general.
- ¿Tres voluntarios para pelear con mis hermanos? – Preguntó Mario – BB tu pelearás con migo, ve con Atlas para que te prepare.
Caminamos en dirección a los pequeños vestidores.
-¿De qué va todo esto? Ellos claramente saben mis capacidades, solo tengo entrenamiento para defensa personal y en contra de ustedes ¡Es inútil!.
- El punto que expuso ayer Jason ÂżRecuerdas? – Creemos que el lleva la razĂłn, reconociĂł al tiempo que me ponĂa algo parecido a un chaleco salvavidas pero un poco más delgado para reducir el impacto de los golpes, vendĂł mis puños con suma meticulosidad verificando que no estuviesen demasiado apretados, y me colocĂł protecciĂłn en la cabeza como la que utilizan los boxeadores.
- Con esto quiere decir que no darán tegua a sus golpes ¿ cierto? ¿Cuál es la señalética que me permitirá rendirme y parar la pelea?
- Me abrazĂł. - Â AquĂ no existe tal cosa, no puedes rendirte.
Salimos de ahĂ sintiĂ©ndome como Iron Man, por lo voluminoso de mi atuendo, solo por eso ya que sabĂa que sin importar que aun cuando trajera el mismĂsimo traje de Iron Man sucumbirĂa antes sus golpes.
Dos de los trillizos pelearĂan con Cesar y Bruno respectivamente, y Mario pelearĂa con Jason. ObservĂ© atentamente las peleas, brutales en mi opiniĂłn, pero sin duda mostraban un patrĂłn, el cual registrĂ© en mi mente para poder comprobar que asĂ fuera la siguiente vez que los viera pelear, sin duda puedo usar eso a mi favor.
¡Mis tĂos son buenĂsimos! Casi no se ve que hagan ningĂşn esfuerzo en derrotarlos. Cuando el turno de Atlas llegĂł, se posicionĂł enfrente de Jason, comenzaron a lanzarse golpes a una veolocidad inusual, yo habĂa visto anteriormente pelear a Atlas, pero esto era simplemente otro nivel, golpes iban y venĂan pero todos eran bloqueados por el oponente.
- Has mejorado – lo felicitó Jason en una pausa que hicieron para examinarse mutuamente. Pero no lo suficiente. Exclamó.
De repente la velocidad de los golpes de Jason aumentaron, de manera que pudo golpear a Atlas por todo el cuerpo, llegando a un punto en el que le fue imposible bloquear sus golpes y quedĂł tirado. Jason dio por terminado el combate.
- ¡Mejor suerte a la próxima! -  Exclamó.
Era mi turno y era la primera vez que no querĂa continuar ahĂ.
- Lanza tu mejor golpe pidiĂł Mario.
Estaba temerosa, enredada en aquella capa protectora, no veĂa bien con aquel casco y el resto me producĂa sudor en exceso. En casa mis primos solĂan decir que el que pega primero pega dos veces, permĂtanme corregir ese dicho… El que pega primero, desata la furia de la contraparte.
Cierto es que Mario daba espacio entre golpe y golpe pero no le faltaba fuerza, nuevamente perdĂ la cuenta de las caĂdas y realmente no se puede decir que le haya dado un golpe certero salvo el inicial.
Detuvo la pelea cuando tuvo que ayudarme a ponerme en pie y una cosa era cierta. Ahora ya sabĂa realmente lo que era un golpe, sabĂa a lo que me enfrentarĂa al dĂa siguiente y si no mejoraba pronto, iba a ser el saco de golpear de todos ahĂ.
- ¡No! – GritĂ©. Esto aĂşn no se termina. CaminĂ© hasta donde estaba Atlas y le pedĂ que me quitara aquellos artefactos. AsĂ no soy efectiva, dije. Él no querĂa hacerlo.
- Bien –dije, encontraré quien si pueda hacerlo. Por supuesto me detuvo y comenzó a quitarme las protecciones.
RegresĂ© a mi puesto enfrente de Mario. Y comencĂ© nuevamente la pelea, no ganĂ© pero si tenĂa más movilidad, esto me permitirĂa adaptarme, a sopesar el impacto de los golpes, a resistir, a curtir mi cuerpo, quedĂ© tirada, mallugada y casi aplastada por el golpe final, para el cual intentĂ© cubrirme  haciendo un ovillo en el piso, momentos despuĂ©s se detuvo y me dio la mano para incorporarme.
Ellos se retiraron de ahĂ.
Muchos de los chicos se acercaron a rodearme.
- En serio que tienes cojones – dijo el pelirrojo,  nadie en nuestra primera semana se hubiese quitado esas protecciones. Me palmearon la espalda. Atlas sonreĂa aunque no tan complacido.
Yo sin embargo me habĂa anotado 10 puntos por valentĂa y me habĂa felicitado a mĂ misma, sĂ© que mi cara estará hinchada al dĂa siguiente donde quizás me espere una paliza similar, pero internamente estaba muy feliz.
Durante la cena donde ciertamente Atlas sacĂł la comida que habĂa pedido para llevar en nuestra hora de comida y  casi terminando el postre Atlas soltĂł lo siguiente:
Muchachos, Ă©ste fin de semana todos los chicos están planeando ir a “XXX” para relajarse por la pesada semana vivida, si no tienen inconveniente en que BB asista, serĂa una buena oportunidad para que socializara y nos conociera más a fondo.
- Mario preguntĂł directamente - ÂżQuieres ir?
- Solo si ustedes están de acuerdo – respondĂ.
- Se miraron entre ellos, detestaba que lo hicieran, pues parecĂan entenderse con tan solo hacer unos leves gestos entre ellos, y no me gustaba no saber que sucedĂa. Nos invitaron a pasar al estudio.
- Atlas, sus fiestas son algo salvajes, mismas que tenemos pleno conocimiento que organizan los trillizos y tú, que además  osan creer que son “secretas” - mencionó César, nunca nos opusimos a ellas, pues nadie de ustedes está bajo nuestra tutela, salvo tú y no mostraste signos de ningún efecto negativo en tu comportamiento  como consecuencia de éstas fiestas.
- BB, no te negaremos ir a dicha fiesta, confiamos en que Atlas desempeñará bien su papel y te mantendrá bajo estricta vigilancia, en esa fiesta habrá alcohol sin embargo.. dijo un tanto pensativo…
- Chicos, relájense, no estoy a favor de consumir bebidas alcohĂłlicas, no porque no me gusten, ¡ Me encantan! Y es precisamente eso lo que me ha llevado a evitarlas, me gustan demasiado y sĂ© que puedo llegar a tener algĂşn problema de adicciĂłn, la vida ya de por sĂ es complicada, para entregarme voluntariamente a las garras del alcohol, no les mentirĂ© son fanática de acompañar un buen corte de carne con una copa de clericĂł, pero quizás es lo más que permitirĂ© tomar en mi vida.      Â
Nuevamente se miraron entre ellos.
- Âż Cuál serĂa el itinerario? – PreguntĂł Bruno.
- Partiremos mañana después de nuestras actividades y regresar el domingo temprano –
- Los queremos aquà en sábado  por la tarde y más vale que nuestra pequeña regrese en las mismas condiciones en las que se fue, te hacemos responsable de ella.
- Ya soy responsable de ella – confirmó.
- Ho Atlas, asà te has mostrado al resto de nosotros, pero revelaste tus verdaderas intenciones el pasado Lunes, márchate antes de que pierda nuevamente la poca paciencia que tengo.
Una vez que Atlas se marchĂł, ellos aĂşn tenĂan más que decir.
Nunca discutiremos en la mesa, pues para nosotros es una actividad donde todo deberĂa ser cordialidad y alegrĂa, pero tenemos que tocar algunos temas contigo en vista de cĂłmo se ha desarrollado todo los Ăşltimos dĂas- dijo Mario.
      Les observĂ© esperando alguna, reacciĂłn que me diera siquiera un norte de que es lo que Ăbamos a discutir.
      Atlas y tú, dijo finalmente César, al principio parecieron ser como Agua y Aceite, de acuerdo a la propia definición de Atlas, ustedes son hombre y mujer finalmente, quizás ustedes, al final de todo…
      Pude ver que no eran expertos en el tema pero aun asà decidà dejarles hablar.
      Lo que quiere decir mi hermano, señalĂł Bruno es que si Atlas y tu deciden tener una relaciĂłn deberĂan analizar muchas cosas antes , solo queremos estar seguros que pueden manejarlo debido a todas las circunstancias que los rodean.
- Wow, wow, un momento, dije, ÂżAtlas y yo en una relaciĂłn?, no lo habĂa considerado – (era una total mentira, en mi mente nuestros hijos imaginarios ya tenĂan nombre.)
- No quieras engañarnos pequeña, soltĂł un risita Jason. Tampoco es que vayamos a tener un problema por ello, no estamos seguros siquiera como es que son las relaciones de hoy dĂa, nosotros somos liberales y tĂş, bueno,  digamos que RamsĂ©s y tu Madre no perdonarĂan que bajáramos la guardia, si algo se sale de nuestro control.
- Aun cuando no me quedaba claro hacia dĂłnde Ăbamos pensĂ© en ayudarles un poco - Les sugiero comenzar por lo que tengo permitido y lo que tengo prohibido y partamos de ahĂ.
- Realmente no podemos prohibirte nada. Lo que vaya  a pasar pasará e intentaremos respetar en la medida de lo posible su relación. Atlas conoce nuestras reglas y sabe lo que puede y no puede hacer, quizás sea momento de recordárselo, dijo un tanto para sà mismo.
AprovechĂ© ese momento de esclareciendo para preguntar lo que hacĂa dĂas me carcomĂa.
- ¿Puede estar aquà en la ausencia de todos ustedes? – pregunté.
- SĂ, siempre y cuando tĂş te sientas cĂłmoda con ello.
- Bien- dije. Con esto me curaba en salud, pensé para mà misma.
- Ve y diviértete, socializa y adéntrate en nuestro mundo.
- Finalmente Atlas, cuidará de mi ¿ cierto? Y en todo caso puedo llamarles a ustedes si algo sucediera.
- A cualquier hora- confirmĂł Jason levantando solo una ceja
- Finalmente y solo para tranquilizarlos, dije -  Atlas me ha producido muchos dolores de cabeza, Ă©l ha sido encantador y al mismo tiempo me ha sacado de mis casillas, he tenido la fortuna de ver las chicas que le interesan, y no creo ser su tipo, no estoy en mi mejor momento para tener una relaciĂłn, pero tampoco negarĂ© que me gusta sentirme amada y protegida, yo sĂ© que Atlas, bueno, en sus propias palabras, es su mejor soldado, pero honestamente no creo que tenga serias intenciones conmigo, soy una novedad, reconozcámoslo, para Ă©l y todos los chicos que estamos aquĂ, solo necesitarĂ© ser paciente y esperar que cese su interĂ©s y regresen a sus viejos hábitos.
- Casi estoy seguro de que subestimas a Atlas, me comentĂł Mario.
- Quizás – respondĂ, pero esto apenas comienza. Mi papá – dije – y al tiempo me arrepentĂ de mis palabras . Bueno la persona que considero mi papá, me disculpo si los ofendĂ, encogĂ mis hombros esperando alguna reacciĂłn negativa o descontrolada
- No te disculpes, hablo por todos incluso por RamsĂ©s, Ă©l siempre será tu papá y si algĂşn dĂa reconoces como tal a RamsĂ©s, seguro que podrá morir tranquilo.
- Sonreà –  Bueno, como dije mi papá me hizo ya estas preguntas, Ă©l lo notĂł incluso desde el primer dĂa que vio a Atlas, lo que le dije a Ă©l se los dirĂ© a ustedes tambiĂ©n, si algĂşn dĂa cambio de opiniĂłn referente a Atlas, se los dejarĂ© saber.
- Entonces por ahora son Amigos solamente, ¿amigos con derechos? – preguntó atrevidamente Jason.
- No tantos derechos como ustedes o él creen, y amigos no lo creo, él es mi guardián y lo estoy aceptando como tal, amigo, no lo sé, un amigo no te coloca una correa en el cuello y te reclama como suya enfrente de todos reglas o no, pero continuo acostumbrándome a ello.
- Ó quizás tiene un objeto que lo haya hecho de esa manera ¿ lo has pensado?.
- Si, pero lo dudo, solo testosterona se respira aquĂ, reĂ un poco.
Pequeña, mañana seremos espectadores en las peleas, esperamos que no te vaya tan mal incluso Atlas podrá sanar tus golpes en caso de que alguno sea muy grave, de no ser asĂ mi sugerencia es que de esos golpes leves le permitas a tu cuerpo recuperarse a sĂ mismo. Ahora ve a descansar, mañana será un gran dĂa.