No me gusta acordarme de mis pecados, porque se me antoja de repetirlos.
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No me gusta acordarme de mis pecados, porque se me antoja de repetirlos.

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Sabio consejo...
“Me veo obligado a esconder tu nombre de Dios, porque si se entera de que eres mi pecado preferido, no habría manera de que tú, mi amor, puedas regresar al cielo.”
Tadeo de León
★✿ 𝐉𝐄𝐅𝐅 𝐑𝐎𝐁𝐄𝐑𝐓 𝐁𝐑𝐎𝐖𝐍 ✿★
𝐀𝐫𝐭 𝐨𝐥𝐝!!
Dibujo muy antiguo de Gaspy y yo lo rediseñe jejej
@grip-ghoul-cartoons dibujo feo lo sé pero bueno 😔
Perdoa os pecados que te confessei, Perdoa os pecados secretos que não enxerguei; Ó guia-me, ama-me, e sê meu protetor, Querido, amado Senhor. Amém.
C. Maude Battersby citada por Sara Leone em A coroa do seu marido

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Valió la pena desobedecer el cielo y en mi locura otra vez sentir que te quiero ✨🖤❤️🔥
El Bosco - Los siete pecados capitales y las cuatro postrimerías (1505)
"Llama la atención particular de ser un lienzo plasmado sobre una mesa, con una función específica de rotar y moverse alrededor de ella, o que el cuadro gire como un mecanismo óptico circular, cambiando la perspectiva y la postura cinemática del espectador. El motivo es una didáctica medieval sobre la escolástica y la teología cristiana, en la apercepción de los siete pecados capitales (ira, gula, lujuria, envidia, pereza, soberbia, avaricia), acompañada de cuatro postrimerías (muerte, juicio final, infierno y cielo) en los puntos cardinales del lienzo. Este ejercicio, al parecer de cumplir una instrucción mnemotécnica para aplicarla a monaguillos, jueces, feligreses, hacen entrever el camino de la virtud que debe tomar el creyente, precedido por ese ojo central y amarillento que nos observa en el centro de la mesa, entre alegorías retinianas impregnadas que inspeccionan el alma, y juzgan en ese mismo instante, el acto pecaminoso de nuestras vidas, situando al Redentor en la posición central, como el ojo divino que todo lo ve, un tipo de occulus simétrico y mayestático; y bajo esa reducción fisiológica de la visión, el cuadro se asemeja a un ojo omnividente, omnipotente y clarificador, soberano y marcadamente pupilar, enmarcado por un halo divino y de color yema, situado en todas partes y en cualquier hábito mundano de nuestras vidas, así uno se distancie del cuadro o rote sobre este lienzo cuadrangular, y la mirada inquisidora de Dios estará en todas partes y hurgará sobre cada intimidad del ser. Al hacer ejercicio de la virtud en el camino elegido, el Ars moriendi superior izquierdo, eternizado en un prototipo de la muerte que acecha en el lecho del moribundo, inicia otro periplo metafísico sobre la validez o no de la vida, culminando en la impiedad del infierno o en el placebo espiritual y la acedia nihilista de no poder hacer nada en el paraíso. El circulo tiende a abstraer, a disolver el espacio para acercarse hacia nosotros y eliminar así las fronteras espaciales entre el cuadro y la ubicuidad del vidente, además de causar una sensación de infinitud, comunicación dialéctica y una circularidad de la existencia con base a las volutas sensoriales de la humanidad, y en esa función, pericia o truco visual, Jesús nos observa y es mirado a la vez. El Bosco juega con la asimilación, el paralelismo y la plasmación de un espejismo ocular, y convierte al ojo en una tecnología iconoclasta sobre la función específica de mirar, en una máquina impúdica de observar todo nuestro entorno, impregnando la macula, el error, el eterno desacierto humano en cada imagen que puede ser recordada por el ente hasta llegar a la supuesta mención del Juicio Final. Esta doble función, conocida como escopofilia —mirar y ser observado en ese regocijo de un placer o patología sensorial—, se suma también la ilusión óptica de lo estroboscópico, de acuerdo a la incidencia de la luz sobre un objeto determinado en movimiento, configurando su proporción de acuerdo a una intermitencia incidental, así como de la anamorfosis, una ilusión que acusa perplejidad, eclecticismo y confusión de acuerdo a la distancia y el punto en el que se encuentra el observador atento de estas figuras, anticipando en siglos al rotoscopio, kinetoscopio, zoótropo, taumatropo, praxinoscopio, y otros diversos mecanismos visuales que dieron origen al cinematógrafo moderno."