«Sí, sí, a vos te digo. Vos todavía estás a tiempo; tirate al vicio de vivir. Escuchá... El empleado, el trabajador de oficina, taller o fábrica, no es otra cosa, que una imitación adulterada, un plagio de una sombra. Todos estos que ves acá son sombras. Fijate qué caras de nada tienen. Y no es que siempre hayan sido así. Se volvieron idiotas, tontos esclavizados de tanto cumplir un horario, de atender el teléfono, de mal morir laburando. Y dentro de veinte años serás jefe de sección... pero estarás miope, desgastado, cansado e insatisfecho, y de tanto vivir torcido, te vendrá una hernia de disco a la altura de la quinta o sexta vértebra.
Haceme caso, si no, dentro de veinte años, después de haber viajado diecinueve mil veces en colectivos repletos, a razón de cuatro colectivos por día, vas a odiar a la humanidad, te lo juro. Yo sé lo que te digo: andate como los indios jíbaros, disecá cráneos, hacete anarquista, enamorate como un cretino. Qué sé yo!!. Pero no sigás acá...»
~ Abelardo Castillo, 'Las otras puertas'.














