Una habitaciĂłn propia, con silla y abanico
  * Ăšltimamente me siento rara y tambiĂ©n me he atascado en la escritura. No termino de entender cĂłmo me siento, pero regreso a esto que escribĂ hace unos seis meses y me siento algo mejor.Â
Hubo un dĂa malo en el que estaba encerrada en mi habitaciĂłn con un inĂştil aire acondicionado. Estaba empapada, sintiĂ©ndome asfixiada entre cosas y colores que llevan años en los mismos lugares. Llorando, sin muy bien saber por quĂ©, decidĂ tomar un poco de mis ahorros y salir a comprar un abanico.
DespuĂ©s de dos horas y medio litro de sudor, terminĂ© de armarlo. Le marquĂ© a mi mejor amiga y le dije: acabo de comprar un abanico con mi dinero y lo armĂ© yo sola. Será “el abanico de la independencia” y estará en mi cuarto para recordarme que soy capaz de hacer las cosas. Se riĂł de mĂ, pero le agradĂł la idea.
Pasaron dĂas y llegĂł un dĂa bueno. Ese dĂa me recomendaron un taller de escritura y, usando otra vez mi dinero, me inscribĂ. BajĂ© las escaleras emocionada y le dije a mi madre: ¡ma! TomarĂ© una silla de las de plástico para mi escritorio, empezarĂ© un taller de escritura y estarĂ© mucho tiempo sentada. Mi madre respondiĂł: Âżde esas sillas? Esas están muy incĂłmodas. Vamos a comprarte otra.
DespuĂ©s de dos dĂas en la bĂşsqueda de mi silla especial, más otra hora en la que estuve armándola (esta vez sin una gota de sudor), ya tenĂa mi silla montada en mi viejo y antes obsoleto escritorio de madera. Le tomĂ© una foto y se la enviĂ© a mi mejor amiga, diciĂ©ndole: me acaban de comprar una silla y yo la armĂ©. Le llamarĂ© “la silla del sueño” y la tendrĂ© para recordarme todos los dĂas que mi sueño es convertirme en escritora. Se burlĂł de mĂ, pero cuando vino a mi casa lo primero que pidiĂł fue presentarle el abanico de la independencia y la silla del sueño.
Pasaron semanas y a mis manos llegĂł el libro Una habitaciĂłn propia por Virginia Woolf. El libro es uno de los más reconocidos de la autora y gira en torno a una idea principal: la mujer debe tener una habitaciĂłn propia y quinientas libras al año para poder escribir sus novelas. Estaba cautivada por la manera en que tejĂa sus ideas, historias y argumentos, y más sorprendida estaba cuando lleguĂ© a las Ăşltimas páginas del libro donde sentĂ una clase de bofetada que jamás olvidarĂ©.
ÂżPero por quĂ© dinero y una habitaciĂłn propia? Me preguntaba antes de leer y ahora la respuesta me parece tan obvia. Resulta que coincidĂa con Virgina incluso antes de leerla.
PodrĂa resumir y transmitir sus ideas, pero no le quitarĂ© a nadie el placer de leer su conferencia y llevarse las mismas sorpresas que me llevĂ© yo. AsĂ que de una manera distinta, en la que yo quisiera plasmar lo que entendĂ y guardarlo a la posteridad, hay cosas en que quiero repetirme a mĂ misma:
Ocupas vivir para escribir. Primero vas a escribir mal para poder escribir bien. Incluso ocupas leer mucho antes de escribir mal. De hecho, tendrás que buscar, madrugar, estropear, dormitar, preguntar, escuchar, explorar, llorar, amar, gritar, superar, enfrentar y morir poquito a poco antes de llegar al verbo escribir.
Habrá dĂas, dĂas buenos y dĂas malos, pero tu labor es exprimirlos al máximo. En su ordinariedad, felicidad o melancolĂa.
Puedes elegir entre sentarte y lamentar tus circunstancias, o pararte a perseguir todos esos verbos. Ya tienes tu independencia, tu sueño y tu habitación propia. Te permito encerrarte a la paz de tu voz mental únicamente cuando te hayas permitido vivir en cada perspectiva y en cada rincón.
DespuĂ©s de eso, no desistas. A un hombre no lo verán mal por dar su opiniĂłn, incluso le prestarán atenciĂłn. A ti sĂ, incluso te pedirán que bajes la voz o que calles, eso sin tomar en cuenta que debes luchar para primero ser tomada en serio.
Oportunidades hay, pero acceder a ellas te costará un poco más. No entenderás, luego entenderás y te enojarás. Y lo que estés dispuesta a pelear por tener esas oportunidades definirá quién eres (una guerrera, recuerda).
Te bombardearán para hacerte creer que ser mujer es sinónimo de ser menos. Creerás que toda mujer es tu enemigo hasta que tú misma te conviertas en el peor.
Te harán creer que está mal que sientas demasiado, que seas demasiado y que pienses demasiado. Y yo te dirĂ© que sĂ, efectivamente, dentro de ti hay demasiado, pero que el mejor regalo que puedes hacerte es permitirte serlo.
Por Ăşltimo, dentro de tus desventajas eres privilegiada. Por pura suerte y coincidencia, tĂş eres tĂş, y tĂş tienes circunstancias que muchas mujeres no gozan. Y no, no tienes que sentirte culpable con ese hecho, porque no depende ni de ti ni de nadie. Te dirĂa que puedes sentirte culpable si decides no hacer nada con esas circunstancias, pero te prohibo la culpabilidad como alternativa.
Ya tenĂas una habitaciĂłn propia, ya tienes un sueño, y aunque un abanico te recuerda todos los dĂas que eres capaz de hacer las cosas eso no significa que las estĂ©s haciendo. Solo tus acciones determinarán la grandeza de tu sueño.










