Tras la ventana
La otra noche fui a cenar a casa de mis tíos, mi primo me cedió su habitación cuando mi tía insistió que ya era muy tarde para que regresara, la verdad es que quería contarme un chismesito extra. Ya en la madrugada con la ropa enorme prestada de mi primo me tumbé en la cama sin cerrar las persianas únicamente porque no supe cómo hacerlo. Apagué las luces y considerando que mi tía había cambiado las sábanas para mí y estas estaban tibias y con un delicioso olor, me dormí casi enseguida. De pronto, un ruido perturbó mi calma. Por la ventana que había dejado abierta, me pareció ver a alguien, me levanté asustada encendiendo las luces. El cuarto de mi primo está en el segundo piso. Me convencí que estaba nerviosa, aunque me había quedado mil veces antes en ese cuarto. Respiré hondo y apague la luz, para ahora ser cegada por una luz que venía de afuera y se colaba por la ventana, que al instante se apagó, pensé en un vecino y me levanté pesadamente a intentar de nuevo cerrar las persianas. La ventana permitía mirar la parte de enfrente de la casa y mi sorpresa fue mayor cuando al asomarme no había nadie, ningún movimiento. Si no fuera porque aún tenía la sensación de dolor y podía ver esas manchitas en mis ojos de cuando te expones a una luz intensa hubiera pensado que todo me lo había imaginado. Luego en un instante, frente a mi, si, ahi en el segundo piso, con la única separación que nos ofrecía la ventana vi a un hombre, que no era un hombre, elevarse como si subiera en una plataforma invisible para quedarse posicionado frente a mi, con la ventana como mi única protección. Lo miré fijamente, sus ojos obscuros me miraban de forma firme como exigiendo que yo apartara los míos, como queriéndome hacer notar que el era superior. Yo los mantuve fijos sobre sus ojos, con una fuerza que no sé de donde saqué apretando muy fuerte los puños para no desistir. Tenía tanto miedo pero a la vez, sabía que no debía demostrarlo. Esa hombre entonces alzo su brazo, era un brazo como el de cualquier hombre y de pronto atraveso el cristal de mi ventana, como si estuviera sumergiendo su mano en agua y me tocó. Colocó su mano en mi vientre, la ilusión de la protección de la ventana se fue al carajo y quise alejarme pero mis piernas ya no respondieron y luego la luz de nuevo, un ardor por todo mi cuerpo, un dolor que cuando notas se ha ido. Desperté con el llanto de mi tía y entre empujones de mi primo, quien me gritaba entre llanto también una pregunta, una y otra vez:
-¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué?
Luego perdí la conciencia.
Estuve 16 días en coma inducido en el hospital. Tuve heridas internas, fracturas en la cabeza y mis brazos. La ventana de la habitación de mi primo no puede abrirse, y por lo grave de mis lesiones los doctores creen que me lancé del techo. Parecía como si alguien me hubiera lanzado con una fuerza brutal donde lo único que pude hacer fue tratar de detener mi caída con las manos, los doctores dicen que es muy normal en casos como el mío: ellos creen que intente quitarme la vida y al final me arrepentí. No saben nada. Creen que tome esa estúpida decisión por mi embarazo. ¿Cuál embarazo? Yo no estaba embarazada. Dicen los médicos que si el producto hubiera sido más pequeño no hubiera soportado la cantidad de procedimientos a los que tuvieron que someterme, dicen que creían que tenía 2 meses pero un nuevo ultrasonido confirmo que debía tener al menos 4. No quise mencionarle a nadie que no tengo pareja desde hace 8 meses, porque ya me habían preguntado si había sufrido un abuso. Me internaron tres meses más en un hospital psiquiátrico, la doctora me quiso dar de alta desde las primeras dos semanas aludiendo que lo más probable es que tenga un fuerte sonambulismo causado por el estrés al que está sometido mi cuerpo por las hormonas. Mis padres me dejaron igual, tienen miedo de que me haga daño. Me puse histérica cuando me preguntaron por el padre. No supe que responder, cuando les decía que nadie, no supieron cómo actuar. Estoy en el octavo mes, mis fracturas ya no existen, de nuevo los doctores se retractaron diciendo que tal vez habían dado un diagnóstico exagerado porque no es posible que me haya recuperado tan pronto, otros dicen que es el "milagro" de un nuevo bebé. Ya no quiero escuchar a nadie. Solo quiero que se duerman conmigo, tengo un miedo excesivo a mirar la ventana de noche, porque se que vendrá, sé que me eligió, se que quiere lo que está dentro de mi y sé que tendré que dárselo, porque no es mío sino de él. Me castiga por no haber apartado la mirada. El cree ser un ser superior y se cree con el derecho de elegir que hacer con mi cuerpo. Y a su hijo, lo siento moverse dentro de mí, con la energía que me succiona de la sangre, ¿Y cree que no tengo derecho sobre ello? ¿Cree que soy un maldito horno? ¿Que puede decidir por mi? Esta noche saltaré del techo del hospital, seis pisos, de esa altura no es posible que sobrevivamos.
Erán














