Una mañana me llamĂł, entrĂ© en la habitaciĂłn, con dos golpes en el escritorio a sentarme me invitĂł. Cual fue mi sorpresa cuando a hablar empezĂł, despuĂ©s de su saludo y cortesĂa, la mala noticia se asomĂł. Que no se veĂa un resultado prometedor, Ă©l mencionĂł, y mis oĂdos se apagaron. Tanto tiempo soportando agujas frĂas entrando en mi cuerpo, medicamentos difĂciles de pasar, dĂas y noches de dolores insoportables, y todo en vano. Mi cuerpo no responde, esta cansado, no quiere luchar mĂĄs. La idea de la muerte no me asusta, despuĂ©s de vivir un largo martirio es mejor descansar.
Ăl sigue hablando, yo solo veo su boca moverse, ya no estoy ahĂ. Todo se nubla a mi alrededor. Despierto en una camilla, mi situaciĂłn empeorĂł, los latidos de mi corazĂłn pierden fuerza, todo acabĂł.
Me desprendo de mi cuerpo y sigo la luz, algo me detiene, y de golpe me devuelve a mi silla de ruedas. Todo da vueltas, y derrepente... Ăl me vuelve a llamar.
Y desdé entonces vivo en un bucle del que no puedo escapar, por mås que lo intento, todo vuelve a pasar.