Algunas cosas que deberías razonar si… ¡eres humano!
Prácticamente todos, todos los que usamos redes sociales hemos caído al menos una vez en la tentación de leer y/o compartir, aliviados, alguno de estos pseudoartículos escritos por quién sabe quién, que nos brindan ‘apoyo’ y ‘seguridad’ sobre nuestras decisiones o formas de vida y que empiezan casi siempre con: 10 cosas que deberías hacer o saber si ___________ (rellene el espacio con: su estilo de vida, forma de pensar, tendencias, creencias, etc.)
Declarando que he sido totalmente culpable de esto, he llegado a preguntarme: de dónde sale la necesidad de justificarme ante una sociedad que no hace sino juzgar, en pequeños grupos divididos, a todo aquel que no actúa igual al suyo.
La intolerancia ha existido en toda la historia de la humanidad, la necesidad de sentir que yo pertenezco al grupo ‘correcto’ que mis decisiones son las ‘correctas’ y que estoy siguiendo el patrón de vida que se considera ‘adecuado’; parece ser una prioridad en el ser humano. Vivimos más bien para complacer a otros, para ser elogiados y aplaudidos independientemente si estamos de acuerdo o no, si somos felices o infelices, y quizás eso sea lo normal, pero ¿está bien?
Se nos olvida constamente que somos seres individuales, que cada uno tenemos habilidades, características, temperamentos, formas de pensar y circunstancias diferentes, pero sobre todo, que ninguno de nosotros puede estar seguro de tener una verdad absoluta, pues esta sencillamente no puede existir por la racionalidad que nos define.
Somos seres libres que nos auto encarcelamos constantemente, aferrándonos a una idea y defendiéndola, como si necesitara ser defendida, ante un público que muchas veces en realidad ni nos interesa pero tristemente sí nos influye. Perdemos horas enteras leyendo este tipo de artículos escritos por un ser igual de inseguro que nosotros que busca desesperadamente un grupo compatible con sus ideas. Nos seduce la idea de ser diferentes y únicos pero al final nos asusta tanto no ser aceptados que corremos a buscar a ‘nuestro equipo del mismo uniforme’:
Que si eres hombre, mujer, homosexual, transexual... vegetariano, vegano, omnívoro... deportista, artista, escritor, científico, ingeniero… perteneces a un partido político o a otro… eres católico, musulman, cristiano, budista, protestante… que si duermes mucho, que si duermes poco… te levantas temprano, te levantas tarde... comes orgánico o no… eres casado, soltero, divorciado... tienes hijos, no los tienes, los adoptaste, son propios, tienes niña, tienes niño, tienes muchos, tienes pocos, les das pecho o biberón, cesárea, natural… trabajas en oficina, trabajas en casa… tienes 20, 30, 40, 50 años… eres mexicano, colombiano, estadounidense, francés, inglés… te gustan los perros, los gatos, los escorpiones… o no tienes mascotas… corres o no corres… te maquillas o no te maquillas… te gusta la nutella o prefieres catsup… estudias y trabajas o sólo estudias, o sólo trabajas… eres foráneo o local… has viajado, no viajas… usas tacones, no los usas… le vas a tal o cual equipo deportivo… y claro, podría seguir con esta larga lista ¿Alguien se salva? NADIE.
Saliendo un poco de mi burbuja personal y mis grupos de seguridad, me pregunto por qué no podemos empezar a formar grupos heterogéneos, rodearnos de personas diferentes y aprender lo mejor de todos, sobre todo dejar atrás la necesidad de imponer nuestras ideas sobre los demás. Y que conste que acepto totalmente que seguido caigo en la trampa y entro en el juego de querer adoctrinar a los demás con mis ideas, esas que para mí, es obvio que son buenas y funcionan. Y es que si es así, quiero que todos disfruten la vida como yo, desde mi ventana, con mi perspectiva y mi posición y eso es simplemente imposible: por más cerca que se coloque la persona, jamás estará en mi lugar, nunca va a ver el paisaje como yo lo veo, y por lo tanto, eso que a mí me funciona, al otro, probablemente no. Así de simple.
Peleamos constantemente entre nosotros por pertenercer, por agruparnos que terminamos por desvanecer esa hermosa característica de ser únicos que nos regala la vida. Y si analizamos tantito, terminaremos por darnos cuenta que la base de los conflictos más grandes de la humanidad es precisamente la falta de Tolerancia que creo, va de la mano con la inseguridad personal.
Así que me parece que si bien siempre es bueno escuchar consejos y aprender de otras formas de pensar, es imperativo realizar un análisis personal antes de tomarlos como propios. Nadie debe venir a imponer nada al otro, pues cada quién es libre de decidir la mejor forma de vivir su vida siempre y cuando respete a los demás. Y claro, este tipo de artículos pueden ser divertidos, siempre y cuando no se conviertan en nuestro manual de vida, porque entonces, pasan a ser peligrosos.