LILIA.
delgados brazos envuelven figura que trata de protegerse del frío, alejándose por completo de su hogar al identificar la soledad absoluta a la que se encontraría sumida, por la ausencia de sus padres debido a los recientes acontecimientos. viva llamarada ilumina delicadas facciones, danza en mirar que ha perdido luz, que se encuentra completamente perdido. ‘ parece que no tendremos nada de luz por la noche. ’ almendrados se cruzan con el contrario, almíbar en su voz se mantiene, aunque este no se encuentra intacto. ‘ ¿tienes frío? ’
“Eso parece,” musita, oídos atentos a lo que la muchacha a su costado espeta, pero con la vista perdida en la fogata. No puede evitarlo, cae en su decadente estado anímico a causa de la escasez de distracciones. Sin embargo, basta con dedicar una mirada para que todo pesar propio pase a segundo plano, se torne insignificante tras reconocerle. Nirvana se tensa, el pecho se le hunde. No ha cruzado palabra nunca con la pelirroja --ni lo hizo con su hermano--, pero el pueblo es pequeño y las noticias viajan, y no sabe si ofrecer condolencias o mejor quedarse callada. Tuerce los labios en una ínfima sonrisa, fugaz y desganada. “Estoy bien,” le hace saber, para luego abrazarse a la manta que la consejera de la academia le ha dado. “Estaban, um... obsequiando chocolate caliente hace rato...”














