El aire que sopla despeina su cabello azabache y lo hace encogerse dentro de su traje mientras desciende por las escaleras del ayuntamiento. Como todos los meses, se presenta ante su abogado para hablar sobre su caso, para verificar que todo esté en orden y que ningún nuevo problema aparece en su expediente. Es de lo más desquiciante, desesperante, y siempre termina dejándole un sabor amargo en la garganta. Sin embargo, sabe que después de eso podrá descansar al menos hasta el mes siguiente. Suspirando, sus manos se resguardan en su bolsillos y sus ojos azules se mantienen mirando el pavimento, evitando a toda costa hacer contacto visual con el oficial que lo escolta hasta la salida. “Idiota” piensa, pero no lo expresa. Solo quiere salir de ahí para poder relajarse en el interior de su oscura casa, pero algo (o mejor dicho, alguien) llama su atención al final de las escaleras y por un momento piensa que es una jugarreta de sus ojos. — ¿Samantha? —pregunta confundido, pero rápidamente se repone—. No me digas, ¿serás mi escolta tú en vez de este imbécil? —señala con burla, recibiendo un empujón en su hombro por parte del uniformado. Eso lo enciende, lo carcome por dentro, pero solo aprieta su mandíbula y lo deja pasar. ( @scmantha )












