Estuve pensando en cuánto texto debería tener un blog, ¿les mando poca o les mando mucha información?, ¿leerían todo?, también estuve pensando que no me presenté, debe ser importante para esto de los blogs, deberían conocer un poco sobre mí y cómo empezó la aventura; vivir es una aventura, debe ser divertido leer sobre las aventuras de alguien más para así arriesgarse a vivir las suyas. Hola, pienso mucho y a veces actúo poco.
Empecemos por el nombre, mis papás me pusieron dos, que solo mi mamá mencionaba cuando se enojaba, como si mis dos nombres juntos impusieran algún tipo de poder para que yo entendiera que estaba haciendo algo que no debía hacer o que la hacía enojar, pero la mayoría de veces usaban solo uno. Mi primer nombre no lo vi tan común, difícil de escribir y hoy me entero que difícil de pronunciar para algunas personas. Mi segundo nombre, según mi papá es sexy y cae con mi personalidad de coqueta. En el colegio mis amigos no usaban mi nombre y en los siguientes estudios acortaban el segundo, en algún momento apareció una anécdota sobre mi nombre y muchos empezaron a decirme Toti, escríbanlo como quieran mientras suene igual, igual muchos otros me dicen Michi o Tots. Hola, soy Michi, Toti o Tots.
Continuemos con el desarrollo entonces, viví con mis padres 10846 días ó 29 años 8 meses y 10 días. Mucho tiempo cómoda y mucho tiempo protegida. En la adolescencia uno se imagina su independencia como si fuera algo sencillo, alquilo mi depa, trabajo y no le rindo cuentas a nadie, listo vida resuelta… si hacer realidad los sueños fuera así de simple, a los 20’s te lo planteas un poco más realista, primero el trabajo, los ahorros, luego el depa y visitas a tus papás los fines de semana, más lindo ¿no? Es posible, nadie dijo que no, muchas personas a sus 20’s lo hicieron, yo no tuve “los huevos” para lograrlo. Tuve el trabajo, un empleo tranquilo, sueldo mínimo, gastaba poco en casa de mis papás, gastaba mucho en salidas, gustitos, vanidades y cosas similares; vivía tranquila, lo tenía todo, cocina, comida, lavandería, baño, habitación, todo lo que quisiera y cuando lo quisiera, físicamente tuve todo, mis papás se encargaron de que no me faltara nada desde que nací, educación, comida, ropa y un techo dónde dormir. Tengo mil frases y refranes que pudiera citar para describir el hoy, recordando el ayer solo puedo decir que tuve todo, pero quería algo más. Anhelaba mi independencia, no rendirle cuentas a nadie, tener y luchar por lo mío, tener los pantalones bien puestos y lograr lo que había soñado, eso que muchos estaban logrando y yo solo veía inalcanzable. Dicen que todos tienen su propio ritmo, pero me comparaba con todos y mi ritmo iba muy lento, sentía que me iba quedando atrás en la vida, como si fuera una competencia, una carrera que por alguna razón sentía que iba perdiendo, hasta que un día llegó alguien que me ayudó a tener valor, a amarrarme los pantalones, que me ayudó a perseguir mis “¿por qué no?” que tanto me repetía. Por ahí en enero del 2022, con pandemia a medias, ya casi nadie seguía las normas y casi nadie usaba mascarilla en público, decidí viajar por amor. Así empezó, por amor, pero terminó siendo un viaje por amor personal, vencer miedos y cumplir retos, lograr metas propias y perseguir sueños de juventud, aunque soy joven para la generación más vieja y vieja para la generación más joven, digamos que estoy cumpliendo metas y sueños de juventud, retando el “¿por qué no?” y venciendo los miedos, así empezó, por amor a otra persona, y así terminó por amor a mi yo de niña, de adolescente, de 20’añera, esa yo que soñaba y anhelaba su independencia, esa yo que no tenía los huevos para salir de su nido, de su burbuja, de su comodidad. Y venció todo eso en otro país, de casi cero, con poco dinero y con poco trabajo, pero con las mismas ganas de esa joven que soñaba con todo esto.