Las casas de vacaciones son la cosa más triste del mundo. Son tristes aun en la niñez, cuando las llegadas y las partidas se deciden en otras esferas. Exhalan una pesadumbre que es el reverso de la ilusión de vacaciones, una melancolía que se pega a la humedad de las paredes, se transpira en las noches entre las sábanas. Es la misma melancolía que me esperaba al final de los toboganes, implacable, en el envión final hacia los brazos abiertos de mi padre. Yo buscaba en la casa esa tristeza. Veía en los objetos abandonados en diversas vacaciones el testimonio de nuestras vidas. Una información estratificada, aislada en las vetas que cada uno de los veranos había delineado sobre la casa. Allí estaban los cepillos y los ruleros de mi madre, y el collar de Julia y, casi a la madrugada, apenas el sol empezaba a disipar las sombras, encontré una caja con dibujos marítimos que habíamos hecho con Hernán cuando éramos chicos. Allí, en las estrías que el tiempo había tallado sobre ese chalé, estaban también las pelotas de goma, los barrenadores de tergopol, el armazón de unos lentes para leer de mi padre, una toalla hecha jirones que quizás había olvidado un anónimo inquilino de otros años. Esa era la tristeza: material, palpable, inmensa en la geología de la memoria. (p. 86)
Lo leí y dije waw literalmente Literatura Latinoamericana II: está la fragmentación, el ir constantemente entre pasado y futuro y toda la pinta de una autoficción. La protagonista se llama Victoria, está muy cerca.
La trama se pone en acción cuando la protagonista y narradora recuerda una llamada que hizo el padre en sus últimos días de vida y momentos de lucidez. A partir de ahí se embarca en una búsqueda por averiguar a quién había llamado.
Lo compre en Miramar (xd) y por la trama pensé que me iba a a travesar mucho. Si me re enganchó la historia, pero no me hizo super emocionar o lagrimear. Miramar es donde se encuentra la casa de verano, así que en realidad la mayor parte de la trama no ocurre ahí a pesar de ser una locación importante. En un punto describe la ubicación de la casa, pero no me acerqué a la última calle antes de que empiece el vivero a comprobar si se correspondía con alguna(s) real.
Mucha intertextualidad con Mujercitas de Alcott. El padre toma el rol de Beth la hermana enferma. Incluso mencionan la mismisima colección Robin Hood.
En una nota para Infobae la autora comenta:
— Si uno presta atención a algunos datos de tu biografía, podría caer en la tentación de pensar que hay bastante de tu vida en la novela.
— Sí, Miramar parte de un núcleo autobiográfico pero la verdad es que no es una novela autobiográfica, aunque lo parezca. Viste que la primera persona muchas veces confunde en ese sentido.
— Es una hermosa confusión de todas maneras.
— Hermosa. Pero no es mi historia. Sí están desplazados algunos núcleos que tienen que ver con mi biografía y uno de ellos es la muerte de mi padre; una muerte que ha marcado toda mi vida. Yo en este momento tengo 56 años, él se murió a los 43, así que ya hace tiempo que soy más grande que él. Pero es una muerte que ha marcado mi vida y que está, de alguna manera, relacionada con la escritura. En este momento me estoy alejando bastante de eso con la novela que estoy escribiendo, pero sé que en el centro de mi escritura hay algo que marcó ese duelo tan temprano.
— Quería preguntarte qué significa el personaje de Victoria para vos, como escritora.
— Es un alter ego. Aparte, bueno, es simple, yo me llamo Gloria y le puse Victoria, a propósito. A veces todo es tan simple como eso. Me gustaría darte una respuesta más ingeniosa pero se llama Victoria porque yo me llamo Gloria. También se murió su papá. Y es un alter ego que me gusta mucho que exista como personaje. Es muy cercano.
Lo que, como certeramente pensé, la enmarcaría dentro de la autoficción.