Diez minutos en bicicleta.
Tal vez unos veintidós minutos caminando, si es que hago bien los cálculos.
¿Nos habremos visto alguna vez en la parada del bus? ¿En el mercado? ¿Compartir la misma sala de cine?
No sé si hay una coincidencia, pero quisiera no pensar que te volveré a encontrar en algún lugar de ellos siendo desconocidos nuevamente; porque ya no podré pasar de ti.
¿Podrías abrazarme fuerte? ¿Podrías lograr mantener que mi espíritu siga quedándose en mi cuerpo?
Porque cuando parta para siempre, tal vez deambule en nuestra comunidad tan amada. A lo largo de todo el distrito; puede en alguna ocasión salga a caminar en invierno, aunque dudo que pueda sentir el frío o la llovizna.
Tomar el bus o ir en bici, tal vez no sea lo más apropiado en aquella instancia.
Caminar en medio de la madrugada y sentarme en la banquilla, esperando para verte ir a la universidad, al trabajo, a visitar a tu hermana.
Sentarme en aquella banquilla y acompañarte el mismo día de mi funeral, de la misa mensual, del memorial; incluso estaré allí para el bota luto.
A partir de allí, ya no habrá nada qué hacer.
Seguiré vagando en las paradas, el mercado y las salas de cine.
Si te veo por allí, será como antes del inicio. No podrás notar mi presencia, sin embargo, sí notaré la tuya. Y a pesar de que nunca olvidaré lo que en vida fuimos, no hay porqué interferir en planos distintos; tu vida seguirá y mi muerte, también.