Es difícil poner en palabras lo que siento al pensar en la pérdida de mi país. Algunos lo han descrito como "me duele el país", y basta con mirar los rostros de mis compatriotas para saber que no estamos solos en ese sentimiento. Para protegerse, algunos cortan todo vínculo con su tierra natal. Evitan cualquier recuerdo de un pasado que ya no pueden recuperar.
Pero incluso si permanecieras en el territorio, te darías cuenta de que aquel paraíso que añoras ya no está. Se desvaneció en la tormenta, y lo que ahora surge no tiene buen aspecto.
Durante un tiempo pensé que esta era una oportunidad para un renacimiento cultural, pero, por ahora, no parece el momento. Más bien, es una época para sembrar buenas semillas con la esperanza de que algún día, tal vez en cuarenta años, podamos ver la cosecha.
El cambio es un proceso, y creer que sucederá de un día para otro sin esfuerzo es una ilusión. Quienes se aferran a la idea de que todo volverá a ser como antes sin esfuerzo, se engañan a sí mismos. Pero lo cierto es que no debemos aspirar a restaurar el pasado. Algunas actitudes deben evolucionar. No hay vuelta atrás, sólo podemos avanzar.
Todavía estoy aprendiendo a adaptarme a la naturaleza de este lugar. Estas son las plantas medicinales con las que me toca trabajar ahora, lo sé. A veces quisiera dejarlo todo y saltar directamente a mi destino. Me pregunto qué hago aquí, ahora, cuando mi corazón anhela un cacaotal y no estos olivares. Pero percibo que esta etapa tiene su propósito, y estoy aquí para aprender las lecciones necesarias antes de dar el siguiente paso.
Mi proyecto de sembrar 108 árboles de cacao para proteger los bosques de mi municipio, promover la conciencia ecológica y preservar el legado cacaotero ha quedado en pausa. Aún tengo plántulas por repartir y sigo buscando personas interesadas en adoptarlas, en cuidarlas y verlas crecer.
Este año ha estado lleno de cambios. Mi conexión con el cacao alcanzó niveles inesperados cuando logré germinar mis propias plántulas. No dejé que la falta de terreno me detuviera en mi sed de conocimiento y crecimiento. Compartí con la familia Medicina de Caracas en temazcales, aprendí la técnica Wim Hof, avancé hacia la serie intermedia del ashtanga y completé el programa Ajai Alai. Luego vinieron en seguidilla la bhairavi sadhana, el curso en estilo de vida prana positivo, la hanuman sadhana, el taller de propósito... y, de repente, estaba de vuelta en esta otra tierra, que siento tanto ajena como propia.
Algo más está pasando: he superado las 1,000 reproducciones en Spotify. Es un paso pequeño pero significativo, impulsado por una suave canción que grabé hace más de cuatro años. Estoy aprendiendo que la vida no sigue un camino lineal.
La disciplina y la constancia,
la tenacidad y la confianza,
la persistencia y la esperanza,
Con la actitud adecuada
A cualquier fruto alcanza