pasé la mitad de mi vida con cuestionamientos sobre mis capacidades intelectuales, sociales y mi apariencia. la otra mitad la he pasado haciendo frente a eso, pero por mí.
las personas solían decir que no me parecía a nadie de mi familia y que posiblemente era adoptada.
cuando llegó la adolescencia, mi mamá y mi abuela sufrieron conmigo por la hipersexualización que empecé a sufrir por parte de hombres y mujeres a la vez.
ellas decían que los hombres me veían como objeto de deseo, que las mujeres me veían como objeto de envidia y descarga de frustraciones del pasado y presente.
si bien eso no ha parado, hoy hay tantos que dicen que soy la viva imagen de mi mamá, mi abuela y bisabuela, por dentro y por fuera.
ellas fueron las que me enseñaron a forjar mi identidad, a amar profundo no solo a las personas, sino también a las convicciones. ellas me hablaron de la justicia social sin quererlo o por lo menos no de forma explícita hasta que escogí mi militancia.
a esa línea de mujeres, que traspasó sus sentires, saberes, algunas plasmaron parte de sus vidas en epistolarios cual familia Trueba del Valle y hasta legaron todas sus tonalidades de cabellos en mi cabeza. yo sé que de algún modo siguen conmigo -como lo dijo Alba a Clara- si ustedes podían sentir el más allá yo podré sentir el más acá.
tal vez debí hacerles más preguntas cuando todas seguían acá, pero jamás pensé que la vida me las arrebataría en los momentos que menos me lo esperaba. hoy atesoro todo lo que me dan.
gracias a ustedes aprendí que lo valiente no me quita lo cortés, que siempre estarán conmigo y que todas las motivaciones que llevo inclusive antes de escoger la misma carrera que mi bisabuela es ayudar a los demás, a veces visto como una obsesión, pero otras como lo que debo hacer.
más allá de legado de reinas de belleza, reinas del baile, rupturistas en la creación de sus destinos, militantes fraternas, salubristas y grandes cronistas son mis madres que fueron aprendiendo a proteger a la familia y nunca me han dejado sola.