Austria, Eslovaquia y Hungría, Abril 2019
Todo empezó con un…¿y si hacemos un viaje todos juntos? Acabábamos de pasar las Navidades y queríamos hacer un viaje de amigos, un viaje con “los de siempre” y así fue. Decidimos poner rumbo a algún país del mundo que nos diera la oportunidad de disfrutar su cultura y sin mucha idea nos pusimos a buscar destinos. En un primer momento se pensó en América, pero después se descartó por sus elevados precios y porque acabábamos de estar recientemente allí Jorge y yo. Mirando en buscadores apareció la oportunidad de ir a Viena y dijimos ¿por qué no? Pero nos supo a poco y se nos ocurrió alquilar un coche para recorrer un par de países más por los alrededores.
Pues bien , pusimos rumbo a Viena un 28 de abril, sí, en plena Semana Santa, pero eran los mejores días para viajar ya que teníamos casi una semana por delante para disfrutar de tres países con chicha. Llegamos en el último vuelo y decidimos coger el coche al siguiente día ya que íbamos a hacer noche en Viena porque no nos compensaba pagar un día entero de coche para un par de horas. Fuimos al primer hotel de nuestra aventura, cercano al aeropuerto para poder recoger el coche rápidamente al día siguiente. el hotel estaba bastante bien, cogimos una habitación con cuatro camas. Hay que decir que para los precios que se manejan en Viena (bastante caro todo) el hotel salió económico.
DÍA 1: Al levantarnos dos de nosotros fueron al aeropuerto a por un coche de alquiler que teníamos reservado. Pusimos rumbo a Bratislava ya que a la vuelta tendríamos tiempo de visitar Viena con calma. Antes de pasar la frontera paramos en la primera gasolinera para comprar la pegatina que hay que llevar en cada país para circular (unos 10 Euros) Las suelen vender en las gasolineras al salir y al entrar en los países. De camino a la capital paramos en un par de pueblecito muy chulos pero muy solitarios. Al llegar a Bratislava tuvimos un pequeño percance con el apartamento reservado, nadie nos cogía el teléfono ni nos contestaba, estuvimos al menos una hora al teléfono con Booking hasta que nos reubicaron en otro sitio. Esta vez, un hotel más alejado pero estaba bien.
La tarde la dedicamos a patearnos el centro, muy bonito por cierto: la fuente de Maximilianova, el hombre de la alcantarilla tan mítico, la catedral de San Martin… Esa noche cenamos en un restaurante típico del centro llamado Altstadt probamos la sopa en pan típica de la zona.
DÍA 2: El siguiente destino no lo teníamos muy claro. habíamos decido tirar con el coche y parar a dormir por el monte donde tocase de camino a Budapest. Estuvimos viendo el castillo de Beckov y comimos en Zilina, donde probamos la típica Kofola. Además, paramos en un lugar en mitad de la nada llamado Partizánska Ľupča, perteneciente a Eslovaquia, donde encontramos una iglesia preciosa. Para acabar el día llegamos hasta el Parque Nacional de la baja Tatra.
Aquella noche paramos a dormir en un lugar llamado Villagreen. Muy económico y cómodo pero en mitad del monte, con muy pocos lugares alrededor, tanto que tuvimos que irnos unos 20km para cenar en la ciudad más cercana Basta Bystrica.
Recomendación, en estos países no dejéis la cena para muy tarde porque a partir de las 20 es difícil encontrar sitios que te den de cenar, sobre todo en pueblecitos y lugares pequeños.
DÍA 3: Pusimos rumbo a Budapest, al pasar la frontera volvimos a pagar la pegatina que tocaba para el coche. Justo al pasar la frontera había una especie de tiendas con barrotes, al estilo lejano oeste, con personas que te cambiaban dinero. En Budapest teníamos reservado un apartamento para los cuatro. Antes de llegar, paramos en Don papa pizzería a unos cuarenta minutos de Budapest, en un pueblo llamado Göd. El sitio fue brutal, la comida muy buena y los precios impresionantes. Tras comer, llegamos a Budapest, nos instalamos en el apartamentos y pusimos rumbo al embarcadero para encontrar un crucero por el Danubio. Hay un montón de compañías que los hacen y duran entorno a una hora. Merece mucho la pena porque las vistas de los lados del río son preciosas.
Recomendación, si llevar carnet de estudiante (ISIC) te lo cogen y te hacen un descuento de unos euros.
Ese día dimos una vuelta por la zona centro y descansamos para el siguiente día, iba a ser movidito.
DÍA 4: Reservamos el día anterior un free tour de esos que nos gustan a nosotros para visitar la ciudad andando. Lo reservamos en freetour.com para empezarlo a las 10:30 desde la catedral. La guía nos llevó por todo el centro y nos pasó al otro lado del puente, vamos que pudimos ver la zona de Buda y la de Pest. La zona más impresionante fue el Barrio del castillo.
Comimos por la zona en uno de los sitios recomendados por la guía, llamado Budavar. Pudimos degustar comida típica, aunque para los precios del país, fue un poco caro el lugar, pero estaba en una zona muy bonita. Para acabar el día fuimos a pasar la tarde al balneario más conocido del país (y uno de los más antiguos) Szechenyi no merece la pena sacar la entrada con antelación ya que en la taquilla no suele haber colas. Pasamos muy buena tarde, el balneario es gigante y está bastante masificado, pero es tan grande que no es una masificación incomoda.
DÍA 5: Madrugamos para visitar un par de los lugares que nos habían faltado visitar el día anterior, la Sinagoga judía de Budapest y el Mercado central. El mercado fue una gran experiencia, tenía de todo y la zona de los restaurantes era brutal. Quizás fue uno de los mercados más grandes donde he estado nunca. Al salir, fuimos a la sinagoga, la cual por falta de tiempo no pudimos visitar por dentro, había unas colas tremendas para entrar y teníamos que poner rumbo a Viena. Para comer paramos en un pueblo cercano a Budapest llamado Vertesszolos, en el restaurante Pomodoro. Comimos muy bien por unos 10 euros cada uno, con bebidas, entrantes, postres…
Al llegar a Viena fuimos a dejar las maletas en el hostal/apartamento que habíamos reservado y dos de nosotros fueron a dejar el coche en el aeropuerto, la aventura en coche había terminado. Mientras, Jorge y yo aprovechamos para probar la mítica tarta Sacher del país. Ahí nos dimos cuenta que el país no era exactamente barato…Después de esto y tras juntarnos con el resto del grupo, pusimos rumbo a la primera parada en la ciudad, el edificio de la ópera de Viena. Al llegar pudimos entrar al hall pero nada más, había ballet y no tenían planificada ninguna visita. Nos fuimos con mal sabor de boca hasta que al volver el edificio nos encontramos con que ponen una pantalla gigante y sillas para que te sientes a verlo si no has sido afortunado comprando entradas. Fue un momentazo el sentarnos allí a ver el último acto del ballet.
Esa noche y bajo recomendación, fuimos a visitar andando, la feria de Viena a las afueras, fue una buena caminata pero mereció la pena verlo. El recinto era chulo y había toda clase de atracciones, una mezcla entre feria moderna y de los años 60…
DÍA 6: Volvimos a reservar un free tour por la ciudad, esta vez solo quedaban en inglés, pero no nos importó mucho, lo cogimos igual. Nos llevó por toda la ciudad, el tour duró unas dos horas. Lo que más me gustó fue que al finalizar el tour nos dio varias hojas con información importante de la ciudad.
Era nuestro último día allí y quisimos comer cosas típicas, así es que decidimos ir a uno de los sitios que nos recomendaba la guía en sus notas. Acabamos en el Salzbar degustando platos de la zona y por un precio bastante razonable.
Así acabó nuestro viaje de tres países, seis días y cuatro amigos. Una buena forma de pasar la Semana Santa del 2019, pero ¿qué nos depararía el verano de ese mismo año?…













