Un silencio se estableció entre dos, una soledad creció y al mismo tiempo aparecía la paz por tanto tiempo necesaria.
Se quedaron sin voz, argumentos, peros, insinuaciones, palabras... Quedó establecida la quietud, el sinsabor de horas del pasado, el trago amargo del presente y una inquietud por el futuro.
Se soltaron las manos, aunque trataron de alcanzarse, de aferrarse con sus dedos; fue inútil, ya no había más nada, el amor se había escapado y con el la última esperanza de estar juntos.
Leregi Renga













