El título alude a un curso-taller que impartió Rafael del Río en Comala, en el Centro Estatal de las Artes. Nuestro tiempo (fuimos unos diez alumnos-aprendices) corrió entre la atención que nuestro amigo Rafael merecía (conocimientos muy ejemplares) y el compartir la sabiduría que muchos de sus alumnos desplegaron. Me gustaría, a manera de resumen, enlistar lo que ahí aprendimos.
Los aspectos fotográficos básicos apenas fueron tocados. Tal vez porque se suponía que estábamos entre fotógrafos, nadie habló de la composición básica, la regla de los 2/3, etc. Así que de ello no hubo necesidad de aprender.
Tal vez uno de los dos aspectos que más se destacaron en este taller lo pondríamos enunciar en la siguiente premisa: la fotografía es un arte y, como tal, no sólo toma en cuenta la conformación de su obra (la foto final, la impresa), si no que, y aquí habría que recalcar, la multiplicidad de signos y sentidos que emite en tanto obra humana.
El otro de los aspectos a los que nos referimos es a la exigencia de la imaginación por parte del fotógrafo. Aunque esto creo que no fue muy explícito del todo, espero aque haya sido entendido cuando nos desplegaba Rafael su propia obra y la de otros fotógrafos que nos sirvieron de inspiración. Ciertamente ver la enorme variedad de estilos nos lleva a concluir lo siguiente: en el arte nada está terminado, tú como fotógrafo, debes agregar originalidad al discurso fotográfico actual para enriquecer este arte que todos amamos.
No todo está en la captura de la imagen, ser fotógrafos deberá suponer HACER fotografías tal como el pintor maneja sus pinceles (colores, estilos) hasta el manejo del lienzo en sus diversos tamaños y disposiciones. Así también nosotros debemos ver el tiempo posterior a la captura (ya en la edición particular de la foto individual, ya en nuestro trabajo como editores y curadores hasta donde sea posible, de nuestras fotografías en conjunto).