Honrar al masculino es absolutamente necesario y, ojalá, se hiciera con mayor frecuencia.
Con demasiada facilidad, los hombres son señalados, juzgados y tachados de cada error bajo el sol, metidos injustamente en la misma bolsa.
La verdad es que hay hombres honorables que merecen nuestro elogio y nuestra admiración por su esfuerzo incansable: por proteger y proveer a sus seres amados, y por el trabajo diario que realizan con dedicación, a menudo en silencio.
Son hombres responsables, sinceros, coherentes, y con corazones sensibles que albergan las más nobles virtudes. Es nuestro deber hacerles sentir nuestro respeto, nuestra admiración y nuestra sincera apreciación, no solo en una fecha específica, sino en cada momento.