Me mirabas tan lindo, que pensé que me eligirias.
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Me mirabas tan lindo, que pensé que me eligirias.

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Aún creo
Has conocido el mal de cerca. Has mirado a la crueldad a los ojos y has sobrevivido.
Cargaste el peso de palabras que cortan, gestos que hieren, y silencios que duelen más que los gritos.
Y aun así… sigues creyendo en el amor.
Porque tienes el alma de Ana Frank. Golpeada por el mundo, pero negándose a dejar de creer en la bondad escondida detrás de una humanidad distraída.
Fuiste tocada por la crueldad humana… pero también fuiste sostenida por ángeles disfrazados de personas comunes.
Y por eso, incluso herida, insistes en ser luz. Incluso agotada, sigues eligiendo ser refugio.
Incluso desilusionada, sigues escribiendo. Sigues amando. Sigues sintiendo. Sigues sanando.
Mientras el mundo intenta silenciarte, tú gritas pero no con odio.
Con verdad. Con memoria. Con una fuerza nacida de la profundidad del dolor que te formó.
Escribes. Clamas. Liberas.
Por ti. Y por cada alma que aún llora en silencio.
Porque tu voz esa que antes solo sabía pedir ayuda ahora aprendió a liberar.
Te convertiste en lo que buscabas con tanta desesperación: refugio. verdad. resistencia con ternura.
Y tal vez el mundo nunca entienda cómo todavía es posible tener fe… después de todo.
Pero tú lo entiendes. Porque fue en el fondo del abismo donde encontraste a Dios.
Y por eso, incluso rota, sigues extendiendo la mano.
Incluso incomprendida, sigues creyendo.
Incluso cansada, sigues siendo hogar.
Y aun cuando el mundo se derrumba, te reconstruyes en silencio, con las manos manchadas de dolor y el corazón limpio de resentimiento.
Porque al final aprendiste que seguir creyendo en el amor es permitirte ser ese amor dentro de ti.
"En memoria de Paulina" Adolfo Bioy Casares
...Paulina me había perdonado. Nunca nos habíamos querido tanto. Nunca estuvimos tan cerca. Yo me debatía en esta embriaguez de amor, victoriosa y triste, cuando me pregunté - mejor dicho, cuando mi cerebro, llevado por el simple hábito de proponer alternativas, se preguntó - si no habría otra explicación para la visita de anoche. Entonces, como una fulminación, me alcanzó la verdad. Quisiera descubrir ahora que me equivoco de nuevo. Por desgracia, como siempre ocurre cuando surge la verdad, la horrible explicación aclara los hechos que parecían misteriosos. Éstos, por su parte, la confirman. Nuestro pobre amor no arrancó de la tumba a Paulina. No hubo fantasma de Paulina. Yo abracé un monstruoso fantasma de los celos de mi rival. La clave de lo ocurrido está oculta en la visita que me hizo Paulina en la víspera de mi viaje. Montero la siguió y la esperó en el jardín. La riñó toda la noche y, porque no creyó en sus explicaciones - ¿cómo ese hombre entendería la pureza de Paulina? -, la mató a la madrugada. Lo imaginé en su cárcel, cavilando sobre esa visita, representándosela con la cruel obstinación de los celos. La imagen que entró en casa, lo que después ocurrió allí. fue una proyección de la horrenda fantasía de Montero. No lo descubrí entonces, porque estaba tan conmovido y tan feliz, que sólo tenía voluntad para obedecer a Paulina. Sin embargo, los indicios no faltaron. Por ejemplo, la lluvia. Durante la visita de la verdadera Paulina - en la víspera de mi viaje - no oí la lluvia. Montero, que estaba en el jardín, la sintió directamente sobre su cuerpo. Al imaginarnos, creyó que la habíamos oído. Por eso anoche oí llover. Después me encontré con que la calle estaba seca. Otro indicio es la estatuita. Un solo día la tuve en casa: el día del recibo. Para Montero quedó como un símbolo del lugar. Por eso apareció anoche. No me reconocí en el espejo, porque Monteo no me imaginó claramente. Tampoco imaginó con precisión el dormitorio. Ni siquiera conoció a Paulina. La imagen proyectada por Montero se condujo de un modo que no es propio de Paulina. Además, hablaba como él. Urdir esta fantasía es el tormento de Montero. El mío es más real. Es la convicción de que Paulina no volvió porque estuviera desengañada de su amor. Es la convicción de que nunca fui su amor. Es la convicción de que Montero no ignoraba aspectos de su vida que sólo he conocido indirectamente. Es la convicción de que al tomarla de la mano - en el supuesto momento de la reunión de nuestras almas - obedecí a un ruego de Paulina que ella nunca me dirigió y que mi rival oyó muchas veces.
(Extracto final)
¡PURA CALIDAD!
3 Terribles Smoke Shop

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El lobo estepario
Hermann Hesse
Cumbres borrascosas en 10 frases
«Nunca manifesté mi amor con palabras; no obstante, si es que las miradas tienen lengua, la idiota más grande podría haber adivinado que yo estaba hasta las orejas; me entendió por fin y me devolvió la mirada»
La poderosa y hosca figura de Heathcliff domina Cumbres Borrascosas, novela apasionada y tempestuosa cuya sensibilidad se adelantó a su tiempo.
Los brumosos y sombríos páramos de Yorkshire son el singular escenario donde se desarrolla con fuerza arrebatadora esta historia de venganza y odio, de pasiones desatadas y amores desesperados que van más allá de la muerte y que hacen de ella una de las…
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