EL PODER DE LA PALABRA
«Sé que soy controladora, pero mi
marido también lo es. Posiblemente él
es más controlador que yo. Cada vez
que he estado dispuesta a dejarlo,
cada vez que he empezado a irme, él
ha sabido decir las palabras exactas
para detenerme. Y él sabía que yo
respondería. Él sabía decir
exactamente lo que yo necesitaba
escuchar para quedarme ahí donde él
quería que me quedara. El sabía lo
que estaba haciendo, y sabía lo que
yo haría, porque después de que
empecé a recuperarme, me lo
confesó».
Anónimo.
Algunos de nosotros somos así de vulnerables a las palabras. Un "te quiero" dicho a tiempo. Un momento escogido para decir "lo siento". Una disculpa expresada en el ‘tono correcto’ de voz. Una ‘palmadita en la cabeza’. Una docena de rosas. Un beso. Una tarjeta de felicitación. Unas cuantas palabras que prometen un amor aún no manifestado pueden meternos en la negación. A veces pueden mantenernos negando que se nos ha mentido, mal-tratado, o que se ha abusado de nosotros.
Hay aquellos que deliberadamente se proponen dominarnos, controlarnos y manipularnos a través de palabras baratas. Conocen, entienden perfectamente nuestra vulnerabilidad a unas cuantas palabras dichas a tiempo. Aprovechan nuestra ingenuidad. Saben lo que están haciendo. Entienden el impacto que tienen sobre nosotros.
No tenemos por qué darle tanto poder a las palabras, aunque ésas palabras sean justamente las que queremos y necesitamos escuchar, aunque suenen ‘tan bien’, aunque parezcan detener el dolor.
Tarde o temprano llegaremos a
darnos cuenta de que si la
conducta no está de acuerdo con
las palabras de una persona,
estamos permitiendo que se nos
controle, que se nos manipule, que
se nos engañe
Tarde o temprano llegaremos a darnos cuenta de que es una charla barata, a menos que la conducta de la persona esté de acuerdo con ella.
• Podemos llegar a exigir congruencia
entre la conducta y las palabras de
aquellos que nos rodean.
• Podemos aprender a no ser
manipulados, o dominados, por la
charla barata.
• No podemos controlar lo que hacen
los otros, pero podemos escoger
nuestras propias palabras y nuestro
propio curso de acción. No tenemos
por qué dejar que la charla barata,
dicha a buen tiempo, nos controle,
aunque las palabras que escuchemos
sean exactamente las que queremos
oír para que cese nuestro dolor.
”Hoy dejaré ir mi vulnerabilidad a las
palabras. Confiaré en mí mismo para
conocer la verdad, aunque se me
esté engañando. Apreciaré aquellas
relaciones donde hay congruencia.
Creeré que merezco congruencia y
verdad en la conducta y en las
palabras de aquellos que me
importan”.
Quien se vive como ‘víctima’ juega una parte en la dis-funcional y des-adaptativa dinámica del mal-trato, la co-dependencia y/ó la manipulación.
Es parte del juego: creer, permitir; y del otro lado: seducir, manipular, engañar, abusar. Escuchemos nuestra voz interior, cotejemos hechos y palabras.
Démonos tiempo para elegir, importante que sea una elección y no una compulsión. Si elegimos desde la compulsión, desde la desesperación, desde la carencia... no es amor, es miedo a estar solo... *es co-dependencia*.
Amemos con los ojos abiertos, no hay excusa para la ingenuidad, no nos confundamos, el amor es libre, afirmativo y gozoso.














