El giro afectivo y su relación con el materialismo y la Psicología Social pichoniana. En Henri Lefévre y Pichon-Riviérie
Históricamente, el marxismo ortodoxo miraba al psicoanálisis con desconfianza, tildándolo de "burgués", "individualista" e "idealista". Pero autores como Lefebvre, la Escuela de Frankfurt (Adorno, Marcuse) y más tarde Althusser, se dieron cuenta de una falla en el motor materialista: la economía y la infraestructura no alcanzan para explicar por qué la gente tolera la opresión.
El materialismo necesitó al psicoanálisis para entender la subjetividad. Necesitaba explicar cómo el capitalismo se mete debajo de la piel, cómo el deseo es colonizado y cómo la alienación no es solo un fenómeno económico, sino un estado psíquico.
Lefebvre, materialista al fin, recurre al marxismo para entender cómo la rutina y el consumo se vuelven un fetiche que estructura nuestro inconsciente cotidiano. Acá es donde la genialidad de Pichon-Rivière brilla con luz propia. Él hace la operación inversa. Toma un psicoanálisis que tendía a mirar hacia adentro (el mito familiar, el complejo de Edipo intrapsíquico) y lo materializa.
Para Pichon, el inconsciente no es un reservorio ahistórico de pulsiones biológicas. El vínculo es material. La necesidad (que es una base material, biológica y social) es el motor del sujeto. Pichon saca al sujeto del aislamiento del diván y lo pone en el barro de la Historia y las relaciones de producción. No hay psiquismo sin un otro y sin un contexto material que condicione la satisfacción de esa necesidad. El adentro es el afuera internalizado.
¿Dónde encaja todo esto hoy?
Si el materialismo aportó la estructura (la sociedad) y el psicoanálisis aportó el sujeto (el inconsciente), el giro afectivo viene a disolver esa misma frontera.
El giro afectivo nos dice que los afectos no son meras "emociones individuales" o "estados psicológicos privados", sino fuerzas políticas y materiales que circulan entre los cuerpos. En este vendaval, la articulación Lefebvre / Pichon-Rivière recobra una vigencia brutal:
El afecto como pegamento social (u obstáculo): Lo que Pichon llamaba "ansiedad extrema" o "resistencia al cambio" en un grupo, el giro afectivo lo lee como economías afectivas. El miedo, la crueldad, la esperanza o la apatía son el tejido material de la política actual.
Este cruce nos demuestra que no hay materialismo serio sin una teoría del afecto y del deseo, y no hay psicoanálisis transformador si no se asume materialista e histórico. El giro afectivo no viene a reemplazar a estos autores, sino a ponerle el cuerpo -literalmente- a las estructuras que ellos ya estaban denunciando.
¿El giro afectivo viene a rescatar la potencia de la praxis, o corre el riesgo de disolver la urgencia política en una mera "cuestión de piel"?
Si volvemos a la mesa de discusión a Lefebvre y a Pichon-Rivière, el giro afectivo, lejos de ser un refugio de resistencia, se ha convertido en una de las autopistas más aceitadas para la dominación del sistema. Se puede desmenuzar ese "retroceso" a través de tres operaciones que el capitalismo contemporáneo realiza con una eficacia quirúrgica:
1. La mercantilización del afecto (El triunfo del capitalismo emocional).
Lefebvre denunciaba cómo el sistema colonizaba la vida cotidiana a través de los objetos y el consumo. Hoy, el sistema dio un paso más: ya no te vende solo el auto o el perfume; te vende la experiencia, el sentimiento, el estatus afectivo.
Cuando la política y el mercado se reducen a "lo que me hace sentir" un discurso o un producto, se produce un vaciamiento ideológico. El afecto se despolitiza. El sistema descubrió que es mucho más fácil manipular una emoción primaria (el odio, el miedo, la empatía instantánea de un like) que debatir una idea estructurada.
2. La trampa de la psicologización (La pérdida del lazo social)
Aquí es donde Pichon-Rivière se retorcería en su tumba. Para Pichon, el afecto (la ansiedad, el miedo) era un emergente vincular y social; se resolvía en la praxis, con otros, en el Grupo Operativo, transformando la realidad material. El giro afectivo, bajo la lógica del algoritmo actual, suele operar al revés: privatiza el sufrimiento.
Si estás deprimido, ansioso o frustrado por la precarización laboral, el sistema te dice que es un problema de tu "gestión emocional" o de tu química cerebral. Te ofrece mindfulness, autoayuda o psicofármacos para que te adaptes pasivamente. Se anula la dimensión colectiva de la angustia. Se pasa de la "crítica de la vida cotidiana" a la autoexplotación emocional.
3. Del "Sujeto Político" al "Cuerpo Conmovido"
El gran riesgo del giro afectivo es la disolución de la potencia organizativa. Si la única verdad es "lo que yo siento", se destruye la posibilidad de construir un ECRO común, un esquema conceptual y operativo compartido para transformar la sociedad.
La indignación efímera en una red social, la emoción del momento sustituye al proyecto a largo plazo. El sistema adora los cuerpos conmovidos que se indignan un martes y se olvidan el miércoles; lo que teme son los grupos organizados en torno a una tarea material y política.