Me revienta abrirme con personas que considero de confianza y que luego me lastimen, me juzguen y me bajen línea.
Me revienta que la gente no se banque los límites que pongo cuando decido no ser una marioneta de su crueldad y mala leche disfrazada de "consejo de vida".
Me revienta que, para salvaguardar sus egos y mantener la fachada de buenas personas, me devuelvan la pelota cargada de gaslighting y palabras hirientes.
Me revienta (quizá para seguir confiando en la bondad del mundo) cargar con la culpa de "exponerme demasiado", cuando solo buscaba consuelo en un círculo que creí seguro. Me revienta esa carga que sobreviene después y me carcome.
Me revienta la incapacidad de la gente para guardar secretos y respetar sentimientos.
Me revienta que me encasillen: la tonta, la vulnerable, la ignorante, la pobrecita.
Me revienta que la gente tenga tan atrancado el perdón.
Me revienta encontrarme con gente que carece de empatía y que se esfuerza por sonar brillante, elocuente y estudiosa de un objeto de estudio: yo.
Me revienta la estrechez de mente.
Me revienta la hipocresía de quienes presumen de confrontativos en privado, pero actúan con diplomacia en público, sin siquiera jugársela cuando las circunstancias lo exigen, ni de emitir palabra tendenciosa cuando se requiere honestidad.
Me revienta la gente que no sabe ponerse en los zapatos del otro.
Me revienta la autoimagen inflada de perfección. Me revientan los egos blindados. Me revienta la malicia. Me revientan los chistes de mal gusto, hirientes.
Me revienta que si no sos complaciente con todo esto y no sonreís como una boluda, automáticamente te tachan de loca.