#TBT Una boda alemana
En septiembre del 2019 presencié por primera vez una boda al estilo alemán. Ya esta vez tenía que ser. En dos anteriores ocasiones había sido invitada a las nupcias legales y de Iglesia de Fernanda (a quien celebramos su despedida de soltera) pero me fue imposible asistir.
Pero, ¿por qué relatar mi experiencia en una boda alemana? Por dos razones: este es el primer evento social grande al que asisto desde que estoy por estos lares y segundo, esta es la primera vez que me arreglo yo sola. Los salones de belleza cobran bastante por maquillar y peinar (en comparación con Colombia) y los resultados ni estilos son de mi total agrado. Así que, con vestido prestado (mi hermana Lina me lo dió cuando estuvimos de visita por la tierrita) y con una idea vaga de lo que quería (ondas tenían que ser porque mi pelo para ese entonces estaba corto) me arreglé. He de decir que me sentí feliz y orgullosa con el resultado y más sabiendo que lo hice yo solita.
Este evento no se rigió estrictamente con las normas tradicionales para una boda (aunque no conozco mucho del tema): las invitaciones fueron enviadas por WhatsApp y el grupo de invitados no superaba las 30 personas. Aún así me esmeré en mi presentación y compré un abrigo para completar la pinta porque sabía que del clima alemán nunca hay que fiarse. Y ¿qué adivinan? efectivamente casi al final de la sesión de fotos empezó un aguacero torrencial. Pero bueno, empecemos por el principio...
Llegó el dia y la hora y siendo el 29 de septiembre de 2019 a mediodía ya nos encontrábamos camino a Dortmund para ser testigos de una boda civil. El oficio fue corto, duró 20 minutos como máximo y se llevó a cabo en un salón pequeño en una casa de arquitectura tradicional germana. Mientras la empleada pública encargada de oficiar esta boda civil leía el documento del matrimonio me llamó la atención la parte donde se nombra el cambio de apellido de la novia. Ella ya no llevará el apellido de su padre, sino el apellido de su esposo. Cabe resaltar que este cambio no es exclusivo de la novia; incluso el novio puede tomar el apellido de su futura esposa o la novia puede mantener su apellido de soltera y agregarle luego el apellido de su esposo.
Luego de estar oficialmente casados ante el estado alemán, se ofreció un brindis y aquí identifiqué la primera costumbre alemana: los novios deben cortar con tijeras un corazón con sus iniciales dibujadas en un retazo de tela. Poder lograr esta tarea puede ser en ocasiones complicado porque según me contaron, muchos suegros le dan a los novios tijeras sin filo para que batallen y se den cuenta que el matrimonio no es tarea fácil. En este caso al novio le dieron unas tijeras diminutas para cortar uñas y era medio chistoso verlo pelear con ese minúsculo par de cuchillas.
Luego del brindis fue la sesión de fotos y poco tiempo después se desgranó el aguacero. Esperamos acampando un buen tiempo hasta que nos aventuramos a ir hasta el parqueadero con sombrilla. Estábamos impacientes y algo hambrientos porque la fiesta continuaba en Freischütz, un salón de recepciones en Schwerte, a 20 minutos de Dortmund. En medio del trajín hasta el parqueadero mis crespos fueron llevados por el aguacero.
Ya en el lugar de la recepción, hubo de nuevo un tradicional brindis y la pareja abrió el buffet. Luego de la comida era hora del baile (aunque los alemanes no es que sean los bailarines más dotados según mi experiencia y bueno, la música en general tampoco ayuda). Como en celebración que se respete, se ha de mover una mesa para despejar la pista de baile y en este momento no fue la excepción. Nuestra mesa fue unida a la de atrás. Y empezó el baile. Ya habíamos bailado alguito y le pregunté a A. porqué no se quitaba el saco de su vestido y él me respondio con lo que clasificaría como la segunda costumbre alemana: todos los hombres pueden quitárselo luego de que el novio lo haya hecho. No conocía esto y me pregunto si es válido mundialmente o sólo en tierras germanas.
Los recién casados bailaron una pieza y después bajo el himno de la Champions League hizo la torta su entrada triunfal. En la elección de esta canción se vio plasmado el gusto del novio por el fútbol además en su ajuar tenía unas elegantes mancuernas de BVB. Al momento de cortar la torta hubo un forcejeo entre los novios y no sabía a qué se debía. Al ver mi cara de confusión me explicaron quienes estaban junto a mi: pues dice la costumbre que quien tiene la mano sobre el otro es quien de veras tiene los “‘pantalones puestos” o es quien manda en la relación. En este caso, la novia tenía su mano sobre la del novio pero él logró sacar su pulgar y ponerlo sobre la mano de su esposa. He aquí la tercera costumbre alemana en una boda.
Ya entrada la noche, y luego de haber bailado pocas canciones latinas (y más bien viejitas) se procedió a la subasta de la liga. Aquí hago un paréntesis para decir que el DJ no me pareció para nada amable, en su pc tenía el sticker “I’m the DJ not a fucking jukebox” su elección de canciones estaban bien malas, y no sólo me baso en mi opinión sino también en la de varios de los asistentes. Pero bueno, sigamos con el tema de la liga. Yo pensé que sería tomada de la novia; pero no, hubo sólo un amague donde ella al principio se sienta al frente del público y al momento de retirar la liga es reemplazada por el novio. El mayor postor puede quitarla como quiera luego de pagar el monto ofrecido. Esta parte de la boda (a cuarta costumbre alemana en una boda) me pareció algo insulsa.
Como quinta y última costumbre alemana está el plato de desenguayabe. No hubo caldo sino Currywurst, uno de los platos rápidos más famosos de Alemania. He de decir que este plato me encanta y recordar esta boda es también recordar la salsita picante que acompañaba la salchicha.
Y aquí acabo mi relato de la primera boda civil alemana a la que asistí. Espero sea la primera de muchas porque ya el círculo social ronda los 30 y se están comprometiendo.














