El 7 de marzo A. tomó una semana de vacaciones y aprovechamos para viajar a Colonia. Quería que él conociera la universidad donde empezaría mi máster y también visitar uno de los museos más conocidos de la ciudad, el museo del chocolate (das Schokoladenmuseum).
Ubicado a orilla del río Rhin y aproximadamente 10 minutos de distancia caminando de la estación de Colonia, el lugar se puede reconocer a la distancia por su edificio de grandes ventanales desde donde sobresale la fuente de chocolate.
La entrada no es muy económica, cuesta 12,50€ para adultos y 9€ para estudiantes. Fue la primera vez me vi beneficiada de esta útima tarifa.
La exposición está dividida en 15 estaciones. En primer lugar, se explican los orígenes del museo con Hans Inhoff. La segunda a la sexta parada describen el proceso de cultivo y cosecha del árbol del cacao así como los diferentes ingredientes dependiendo del tipo de chocolate a fabricar. Para llevar a los visitantes a una experiencia más cercana con el entorno del cacao, existe un invernadero con algunas plantas típicas de los trópicos, como plátano, orquídeas, etc, etc. Fui feliz explicándole a A. las diferentes plantas y cómo en Colombia uno las puede ver entre caminos. De este trayecto fue la única parte que me llamó la atención, el resto de paradas contaban con mucho texto que no lograban ser transmitidos didácticamente.
Posteriormente se ingresa a una fábrica de chocolate transparente, donde puede apreciarse la transformación del grano desde tostadora hasta la elaboración de la tableta. Y allí está la famosísima fuente con chocolate recién fabricado así como el control de calidad, en el cual el visitante hace parte tomando una muestra de la producción. Aquí si que gocé!
La octava parada, el estudio de figuras huecas, muestra los diferentes pasos para fabricar un conejo de Pascua, un elefante o un papá Noel. Como es regla de que todo museo tenga su tienda, en este caso, es posible crear su propia tableta de chocolate o adquirir algún chocolate representativo de Lindt.
Hasta aquí se ilustra el proceso desde el árbol del cacao hasta la tableta de chocolate. Posteriormente, desde la décima hasta la décima quinta estación se relata la historia y orígen del chocolate desde Mesoamérica y los mayas hasta la industrialización y comercialización a gran escala en el continente europeo. Una de las primeras piezas de esta sección es un molinillo. Y me causó gracia porque es muy parecido al que tenemos en casa. Es curioso cómo un artículo de hogar latinoamericano puede ser un artículo de museo en Europa. Ya en las última estaciones me llamó mucho la atención las máquinas expendedoras de principios del siglo XX. Estaban muy bien conservadas y en una de ellas el visitante puede adquirir una tableta y financiar al mismo tiempo la protección de los trópicos en Guatemala.
A la salida como souvenir recibimos un paquetico con cuatro tableticas del chocolate fabricado en el museo.
Si son amantes del chocolate, esta visita es recomendada. Eso si, aprovechen mucho en la fuente y en el control de calidad.