Plato vacio
Es comer porque el cuerpo exige seguir vivo, no porque tenga hambre. Me siento frente al plato y los días pasan igual: llevo la cuchara a la boca por inercia, cuento los bocados, trago sin probar nada. No hay antojo, no hay ganas. Solo el ruido sordo de cumplir con lo mínimo para no caerme.
Es sobrevivir a cucharadas mientras por dentro todo sigue hueco. Mastico y pienso que alimentar el cuerpo es más fácil que llenar lo que pesa en el pecho. El sabor se fue hace rato, y me quedé yo, comiendo por disciplina, porque parar también da miedo.














